El silencio que dejó la desaparición de Dorian no fue paz.
Fue anticipación. El bosque seguía en pie pero ya no era el mismo. Los árboles estaban inclinados, las raíces expuestas, la tierra abierta como si algo hubiera intentado nacer y hubiera fallado en el intento. Elizabeth no se movía.
Seguía entre los brazos de Lucian, pero ya no temblaba como antes.
Ahora estaba contenida. Demasiado contenida. Y eso era peor. Lucian lo sintió antes de verla reaccionar. Esa quietud no era calma. Era una presión interna, una energía retenida que buscaba salida y que podía volver a desbordarse en cualquier momento.
-Respira -murmuró cerca de su oído.
Elizabeth cerró los ojos. Intentó hacerlo. Pero cada vez que inhalaba recordaba. El instante en que casi lo pierde. El momento en que su poder dejó de distinguir entre proteger y destruir.
-No puedo - susurró, con la voz rota - Siento que si lo suelto otra vez...
Lucian no la interrumpió.
- No lo sueltes sola.
Silencio. Ella abrió los ojos lentamente.
-¿Qué quieres decir?
Lucian apoyó su frente contra la de ella, como antes. Pero esta vez no era para detenerla. Era para enseñarle.
-No tienes que contenerlo tienes que compartirlo.
Elizabeth frunció el ceño. No entendía. Pero el vínculo sí. Algo en su interior reaccionó a esas palabras. No como pensamiento. Como reconocimiento. Lucian tomó su mano. No con fuerza. Con intención.
-No pelees contra lo que eres -continuó- Déjame entrar cuando eso ocurra.
Elizabeth dudó. No por miedo a él.
Por miedo a sí misma.
-¿Y si te lastimo?
Lucian no apartó la mirada.
-Ya lo hiciste.
El golpe fue suave. Pero certero.
-Y sigo acá.
Silencio. Profundo. Real.
-Confía en eso.
Elizabeth cerró los ojos otra vez. Y esta vez no intentó reprimir.
Permitió que el poder se moviera.
Pero no lo dejó expandirse sin control. Lo dejó fluir. Y en ese flujo sintió a Lucian. No como presencia externa.
Como parte del circuito. Su energía no anulaba la de ella. La guiaba. La estabilizaba. La contenía sin encerrarla. Los ojos de Elizabeth se abrieron. El dorado volvió. Pero distinto. Más claro.
Más definido. Lucian la observó. Y esta vez sonrió levemente.
-Eso es.
Pero no estaban solos. Nunca lo estuvieron. El aire cambió. De nuevo. No como antes. Esta vez más sutil. Más preciso. Elizabeth fue la primera en sentirlo.
-Está aquí.
Lucian no preguntó. Ya lo sabía.
Pero Dorian no apareció. No físicamente. La oscuridad emergió desde el suelo, no como ataque, sino como presencia. Se extendió en líneas finas, casi invisibles, conectando puntos del bosque formando algo. Un patrón. Un sistema. Elizabeth retrocedió un paso.
-¿Qué está haciendo?
Lucian observó. Y lo entendió.
Demasiado rápido.
-Nos está aislando.
La comprensión llegó tarde. La conexión entre ellos titiló. No desapareció. Pero algo la interfería. Como si una frecuencia externa intentara romper el ritmo entre ambos. Dorian habló. No desde un lugar. Desde todos.
-No voy a enfrentar lo que son...
Su voz era baja. Fría. Pero ahora clara.
-Voy a desarmarlo.
Elizabeth sintió el impacto directamente en su mente. No como ataque violento. Como invasión. Memorias. Dudas.
Fragmentos. El instante en que Lucian se fue. El momento en que ella dudó de él. El miedo. La herida.
-No - susurró.
Lucian reaccionó.
- Elizabeth, mírame.
Pero la conexión volvió a distorsionarse. No era suficiente.
Dorian no buscaba herirlos.
Buscaba separarlos.
-Tu problema - continuó la voz- es que crees que esto es amor.
Las sombras vibraron.
- Pero es dependencia.
Lucian tensó la mandíbula.
-Cállate.
-¿O qué? -respondió Dorian - ¿Vas a negarlo?
Elizabeth sintió el golpe. Porque una parte de ella Dudó. Y eso fue todo lo que Dorian necesitó. El vínculo tembló. Más fuerte. Lucian avanzó hacia ella. Pero esta vez no pudo alcanzarla. Una barrera invisible se formó entre ambos. No física. Mental.
-Elizabeth - su voz fue más firme- No lo escuches.
Pero ella sí lo escuchaba. Porque no todo lo que decía era mentira.
Y eso era lo más peligroso.
-Él se fue -susurró Dorian en su mente- Cuando tuvo la oportunidad.
Elizabeth apretó los ojos.
- Volvió.
- Porque te necesitaba.
- No.
La respuesta fue débil. Pero fue.
Lucian golpeó la barrera. No funcionó. No podía romper algo que no era material. Entonces hizo otra cosa. Cerró los ojos. Y entró.
No físicamente. A través del vínculo.vForzó la conexión. Aunque doliera. Aunque lo desgarrara.
-Elizabeth.
Esta vez su voz no fue externa. Fue interna. Presente. Directa.
-Mírame a mí. No a lo que él muestra.
La oscuridad vibró con violencia.
Dorian reaccionó.
-Interesante...
Lucian continuó.
-Sí, me fui.
Silencio. Elizabeth lo sintió. No como confesión. Como verdad.
-Pero volví.
Otro golpe. Más profundo.
-Y no porque te necesite...
El vínculo se estabilizó un poco.
-Porque te elijo.
La barrera se resquebrajó.
Elizabeth abrió los ojos. Y esta vez
lo vio a él. No al recuerdo. No a la duda. A Lucian. Real. Presente.
Sosteniéndola. La conexión volvió.
Más fuerte. Más consciente. Más elegida. La oscuridad se quebró.
Dorian apareció. Por fin. Frente a ellos. Su expresión no era de furia.
Era de tensión.
-Así que es eso -murmuró.
Lucian dio un paso adelante.
Elizabeth a su lado. Sin dudar.
-No puedes romper algo que se elige -dijo Lucian.
Dorian lo miró. Y por primera vez
mostró algo cercano al odio verdadero.
-Todo se rompe.
El aire se comprimió. La batalla
iba a cambiar..Pero en ese instante muy lejos de allí algo también cambió. Alexander abrió los ojos. Las cadenas crujieron. No por fuerza. Por decisión. Y el lobezno no respondió como antes. No como bestia. Como aliado. Como extensión. Como voluntad. Darian retrocedió un paso. Por primera vez.