Prisionero De Cristal

La Ruptura de lo Indivisible

El aire dejó de ser aire. Se volvió denso. Irrespirable. Vivo. No era simplemente presión era presencia. Dorian no atacó de inmediato. Observaba. Y eso era peor.

Elizabeth lo sintió primero: ese silencio cargado, esa pausa antinatural que precede a algo irreversible. Ya no era la duda lo que temblaba dentro de ella era la certeza de que lo que venía no sería una batalla más.

Lucian dio un paso adelante, colocándose apenas por delante de ella. Instinto. No de protección. De reconocimiento.

-No va a intentar separarnos otra vez -dijo en voz baja.

Elizabeth lo miró de reojo.

-No -respondió, comprendiendo al mismo tiempo que él - Va a intentar rompernos desde adentro.

Dorian sonrió. No era una sonrisa humana. Era la grieta de algo que ya no sabía cómo sentir pero recordaba demasiado bien el dolor.

-Por fin entienden.

El suelo vibró. No como antes. Esta vez no fue la oscuridad expandiéndose sino contrayéndose. Todo el bosque pareció inclinarse hacia un único punto: él. Dorian. Y entonces lo hicieron visible. No su poder. Su herida. Las sombras se abrieron como una herida expuesta y lo que emergió no fue un monstruo.

Fue un recuerdo. Fragmentos suspendidos en el aire. Imágenes.
Una figura arrodillada. Cadenas.
Gritos que no se escuchaban pero se sentían en la piel. Elizabeth retrocedió un paso.

-¿Qué es esto?

Lucian no respondió. Porque lo sabía.

-Su origen.

Dorian inclinó ligeramente la cabeza.

-No - corrigió - Mi verdad.

El bosque desapareció. No físicamente. Pero dejó de importar. Ahora estaban dentro de él. Dentro de su memoria. Y eso lo cambiaba todo. El olor a hierro fue lo primero. Después el frío. Ese frío que no proviene del clima sino del abandono. Elizabeth sintió el peso en el pecho. No era suyo. Era ajeno. Y aun así dolía.

-No - susurró - Esto no es una ilusión.

Lucian tensó la mandíbula.

- No. Es un ancla.

Dorian caminó entre las imágenes como si fueran reales.

-Ustedes creen que su vínculo los hace fuertes - dijo - Pero solo los vuelve vulnerables.

Se detuvo. Frente a una escena. Una figura más joven. Encadenada. Destruida. Y detrás
cazadores. El símbolo. Von Fisher.
Elizabeth se congeló. Su respiración se quebró.

-No...

Dorian la miró por primera vez directamente.

Y en sus ojos no había furia.

Había algo mucho más peligroso.

-Sí.

El golpe no fue físico. Fue interno.
Directo. Implacable.

-Tu sangre hizo esto.

Silencio. Lucian reaccionó de inmediato.

-Elizabeth, mírame.

Pero esta vez ella no pudo. Porque no era una duda. Era evidencia.

-Yo no...

-No importa -interrumpió Dorian- Lo llevas igual.

La presión aumentó.El vínculo entre ella y Lucian titiló otra vez.
No por interferencia externa. Por fractura interna. Y eso era lo que Dorian había estado esperando.
Lucian avanzó. Sin pensar. Sin medir. Y cruzó la distancia entre ellos.

-No - dijo con firmeza- Esto no cambia nada.

Elizabeth retrocedió. Un paso.
Instintivo. Y eso bastó. El mundo tembló. Lucian se detuvo. No por miedo. Por comprensión.

-Elizabeth...

Ella lo miró. Pero ya no era la misma mirada. Había algo más.
Culpa.

-¿Cuántos como él? -susurró- ¿Cuántos fueron destruidos por mi familia?

Dorian no intervino. No lo necesitaba. La grieta ya estaba abierta. Lucian respiró hondo.

-Eso no eres tú.

-Pero lo llevo -respondió ella- Está en mí.

Silencio. Dorian sonrió apenas.

-Exacto.

Y entonces atacó. No con fuerza.
Con precisión. La escena cambió.
Lucian ahora era el encadenado.
Elizabeth lo vio. Lo sintió. El dolor.
El abandono. La espera. Y lo peor la soledad.

-No - susurró ella.

Dorian caminó alrededor.

-Esto es lo que él conoce.

Lucian apretó los dientes.

- No es real.

-No -respondió Dorian- Pero es posible.

El vínculo se tensó. Más. Más.
Hasta doler. Elizabeth sintió algo romperse dentro de ella. No el amor. La confianza en sí misma.

-Si pierdo el control otra vez...

Lucian la interrumpió.

-No lo vas a perder.

-¿Cómo puedes estar seguro?

Silencio. Y entonces él dijo la verdad más peligrosa.

-Porque estoy con vos.

Error. Dorian lo vio. Y lo usó.

-No -susurró- Porque dependes de ella.

El golpe fue directo. A Lucian. Por primera vez titubeó. Y eso fue suficiente. La oscuridad explotó. No hacia afuera. Hacia adentro. El vínculo se quebró. No completamente. Pero sí lo suficiente.

Elizabeth cayó de rodillas. El poder emergió. Pero esta vez no era dorado. Era inestable. Fragmentado. Lucian intentó alcanzarla. No pudo. Dorian se interpuso.

-Ahora sí...

Su voz era baja. Satisfecha.

-Ahora están solos.

Muy lejos de allí las cadenas estallaron. Alexander se incorporó lentamente. La sangre caía de su cuerpo pero sus ojos estaban claros. Demasiado claros. El lobezno no rugió. No atacó. Se movió junto a él. Como una sombra consciente. Darian lo observó. Y por primera vez no vio una criatura. Vio un equilibrio.

-Esto no es posible -murmuró.

Alexander lo miró. Y sonrió. No con arrogancia. Con certeza.

-No es dominio.

Un paso.

-Es elección.

El aire cambió. El lobezno avanzó.
Pero no como bestia. Como extensión perfecta. Sin conflicto.
Sin lucha interna. Uno. Darian retrocedió. Instinto puro.

-Entonces -dijo, tensando su postura- muéstrame.

Alexander inclinó ligeramente la cabeza.

-No.

Silencio.

-Te voy a enseñar.

Y entonces desapareció. El impacto sacudió la estructura entera. Darian bloqueó. Pero no completamente. Por primera vez
sintió dolor real. El lobezno apareció detrás. No atacó. Esperó.
Coordinación perfecta. Darian sonrió. Pero esta vez no con superioridad. Con desafío.

-Bien.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.