Adiel.
Después del divorcio de mis padres regrese a mi pueblo natal, estuvimos viviendo en la cuidad ya que mis padres consiguieron buenos trabajos ahí y decidieron mudarse, aunque eso hiciera que su matrimonio acabara, aunque yo ya sabía que eso en algún momento pasaría, mamá y papá siempre discutían y nunca llegaban a ningún acuerdo siempre terminaban enojados más de lo que ya estaban.
La casa después de cada discusión era un caos mamá ignoraba a mi papá y mi papá a mi mamá. Realmente era muy incómodo todo eso, prefería estar en la escuela que estar en mi casa y cuando regresaba a casa siempre me la pasaba en mi cuarto haciendo mis deberes, jugando videojuegos o conversando con mis amigos.
De cierta forma me da gusto de que mis padres se divorciaran, a los dos los he notado diferentes, bueno debo de aclarar que ellos no se divorciaron porque alguno de los dos fue infiel nada de eso fueron por causa de los problemas y discusiones constantes que tenían.
—Hijo ¿ya estas listo? —me pregunta mi madre cerca de la puerta—, Ya se nos está haciendo tarde.
—Ya voy mamá —digo mientras me termino de arreglar el cabello.
—Te espero abajo no tardes —me dice antes de irse a la planta de abajo.
Me miro una última vez en el espejo creo que voy bien, hoy es mi primer día en ese instituto, aunque sé que no me será necesario hacer amigos ya tengo algunos y no me gusta estar rodeado de demasiadas personas, creo que voy decente, llevo puestos un pantalón azul y una playera blanca, agarro mi mochila y me voy hacia la planta de abajo. Mientras bajo las escaleras veo a mi mamá y ella me sonríe.
—Vas demasiado guapo hijo, espero y no enamores a muchas
—¡Mamá! —me quejo y ella suelta una risa—. No voy a eso.
Ella se dirige hacia la cocina y yo la sigo.
—Ten esta es tu refracción no creo que nos dé tiempo de comer por esa razón ya empaqué tu comida -me dice ella y me da un traste de comida.
—Gracias — hablo mientras aguardo el traste en mi mochila.
Mamá cierra bien la casa y no subimos a su auto para dirigiros al instituto, el camino no es tan largo me paso viendo todo desde la ventana, para que se me quede bien el camino y luego no me pierda.
Mi madre y yo no tenemos una mala relación, pero desierta forma no estoy muy apegado a ella.
—Ya llegamos —me avisa.
—Te cuidas mamá, por favor come no quiero que te descuides por el trabajo.
—Este bien hijo, tú también. —asiento y ella me sonríe antes de bajar.
—Nos vemos —hablo por última vez ella solo me sonríe y vuelve a arrancar y se va.
Realmente me preocupa su salud, aunque no pasemos demasiado tiempo juntos no quiero perderla, ella y mi papá son las personas más importantes de mi vida, aunque no siempre tengan tiempo para mí.
—¿Adiel? —escucho a alguien atrás de mí y me volteo, veo a mis dos amigos—, canto tiempo sin verte mi amigo.
—Hola chicos —los saludo mientras les doy un apretón de mano a cada uno.
—Por lo visto que la adolescencia sé que te dio bien —me dice mi amigo Elías un chico un poco más delgado que yo, su cabello negro es movido debido al aire, moreno claro y tenemos la misma altura. Vestía unos pantalones celestes un poco rasgados y una playera roja. Mientras estaba algo despeinado, pero se vea bien.
—Lo mismo digo de ustedes —les digo sonrientes.
—Tienes razón amigo —me responde Javier, él es más alto que nosotros dos por un par de centímetros, él a diferencia de nosotros va vestido de negro, dando la apariencia de un bad boy como en las películas.
—Bueno vamos te mostraremos el instituto Adiel —comenta Elías.
Entramos al colegio y muchas chicas nos voltearon a ver al igual que chicos, Javier se le notaba que le encantaba la atención y las miradas de las chicas sobre su persona, él les sonríe coquetamente mientras caminaba como si de una pasadera se tratara yo simplemente me reía divertido mientras lo miraba y bueno Javier tampoco se quedaba atrás, hoy me di cuenta de que mis amigos eran unos de esos play boys.
—Esta es nuestra aula, por suerte te toco con nosotros y así podemos estar juntos —comenta Javier.
—Si —les digo
—Ven entremos tenemos que contarte con quienes te conviene hablarles y a quienes no —dice Javier y nos entramos al aula.
No había muchos estudiantes y había muchos escritorios libres, de todas las personas que estaban ahí, la única que me llamo la atención fue una chica que estaba sentada adelante mientras estaba recostada en el escritorio no pude ver su rostro ya que su cabello ondulado la tapaba.
—Sentémonos en… —Elías no pudo acabar su frase ya que una chica lo interrumpió.
—Elías, Javier —ella se acerca sonriente hacia nosotros y cuando me mira su mirada cambia a una de confusión—. ¿tú quién eres?
—Él es Adiel nuestro amigo —me presenta Elías y yo extiendo mi mano hacia ella. Ella es de mí mismo tamaño y viste un vestido rasado y su cabello ondulado suelto, viene un poco maquillada.
—Adiel un gusto —digo y ella agarra mi mano—, y ¿tú eres?
—Ana un gusto —se presenta ella sonriente.
—Bueno al final en donde nos sentamos —comenta.
—Siéntense junto a mi así nos podemos conocer más Adiel—lo último lo dice mientras me mira. Mis amigos me miran como esperando mi aprobación.
—Está bien —digo.
Ella asiente y se dirige hacia donde la chica de cabello ondulado, pensé que se sentiría atrás de ella, pero termina poniendo su mochila en el escritorio que esta al a par de ella, ella nos hace una seña para que nos acerquemos y eso hacemos.
—Esta fila es perfecta —dice ella mi amigo Javier puso su mochila atrás del escritorio de ella—, Adiel qué tal si te sientas atrás de mí, así podemos hablar.
Mi amigo la ve a ella un poco confundido estaba por agarrar su mochila cuando yo lo interrumpí.
—Prefiero sentarme atrás de Javier —digo y coloco mi mochila en el escritorio de atrás de Javier, Elías hace lo mismo, las filas están conformadas por cinco escritorios por lo cual aún queda un escritorio libre atrás de Elías.