Adiel
—¿Disfrutando de las vacaciones Adiel? —habla Elías llegando a mi lado, tomando asiento junto a mi, en las escaleras de enfrente de mi casa.
—Sí. Disfrutando de la cálida sensación del pueblo —respondo, con una pequeña sonrisa en mi rostro, admirando el cielo.
Los atardeceres son espectaculares, observan como el sol se esconde tras las montañas y lomas que rodean el pueblo. Una pequeña mariposa se asoma en la única flor del jardín, mi patio a diferencia de los vecinos es el menos decorado, el menos colorido.
He notado que en este pueblo aman muchísimo las flores, cada casa tiene una decoración de flor, al igual que cada jardín está adornado de ellas, de distintos colores y de una manera increíble, la naturaleza esta más que viva en el pueblo, son parte de ella.
—Aquí aman las flores, ¿No? —menciono con la vista fija en la mariposa que se posa cálidamente sobre los pétalos de la flor.
—Oh sí, aquí la amamos, en realidad amamos muchísimo a nuestra primavera ¿Sabes? Tenemos una tradición floral —comenta Elías—, ¿Te gustaría arreglar tu jardín? No digo que este mal, simplemente, si tú necesitas ayuda, aquí tienes a un amigo que está dispuesto a ayudarte —sugiere señalándose a si mismo con ambas manos, sonrió ampliamente ante su apoyo y amistad.
—Lo tendré siempre en cuenta, además también cuentas conmigo para lo que sea
Él me sonríe, pero no es de sus sonrisas alegres y llena de euforia, esta vez hay algo diferente en ella: tristeza. Sus ojos no brillan como siempre, solamente están ahí, sin su brillo como si ese brillo característico de él haya desaparecido.
—¿La ciudad es enorme? —cuestiona débilmente, tan bajo que apenas y logré escucharlo.
—Sí lo es, muy amplia —respondo—, aunque también es muy ruidosa, llega a ser; en algunos momentos muy fastidioso.
Él asiente lentamente con la cabeza, el frío viento nos abraza como si necesitaríamos de su presencia y en realidad es así. Elías se ha relajado con el abrazador viento, como si fuera su motor, su amigo más presente.
—¿Te quedarás mucho tiempo en la ciudad?
Suelto una risa sin gracia alguna, estaré loco si decido quedarme en la ciudad, entre este pueblo tan hogareño y la gran ciudad tan fría, prefiero mil veces este lugar, aunque deba de soportar la presencia de cierta chica.
—No por mucho, solo estaré para las vacaciones y luego regresaré —aseguro.
—Eso es bueno
Además no dejaré que Kayla tenga paz, no mientras yo vida.
—Deja de pensar en molestar la vida de ella
Levanto la mirada confundido, posiblemente no esté hablando conmigo, no he mencionado nada, pero al momento de observarlo el me ve levanta las cejas con un ritmo frecuente, casi como si me estuviera apuntando con sus cejas.
—¿Me hablas a mí? —interrogo señalándome a mi mismo.
—Sí, a ti, hace rato comentaste que no dejarás de Kayla tenga una vida tranquila, ella es amigable, deberías declararle la paz
—Ni loco, cuando sea un loco lo haré —declaro firmemente.
—Mejor ve a empacar, debo de irme a ayudar a mis padres, nos vemos Adiel
—Cuídate Elías —pido despidiendome de él con un apretón de manos, el asiente y se aleja poco a poco.
Empezar es lo más fácil, despedirme del pueblo no.
Observó como poco a poco el auto avanza dejando así atrás el acogedor pueblo, dejando atrás a mis amigos por un tiempo, suelto el aire tranquilo, estos meses me la he pasado bien con ellos, el ambiente en casa ha cambiado bastante, ya no hay más discusiones nocturnas, ni mañaneras, tampoco hay cenas con un ambiente pesado o tenso, ni momento ni silencios incómodos, esta vez mis padres no se ignoraban, ni discutían, eso era bueno, pasaré las vacaciones en la casa de mis abuelos maternos, ya que mis abuelos paternos murieron, la abuela jamás la conocí, ella murió cuando papá era joven y el abuelo murió cuando tenía cinco años, él fue quien le heredó el terreno en donde ahora vivimos mamá y yo, era originalmente de mi padre por herencia, pero él decidió dármelo, mamá decidió mandar a mejorar la casa desde hace bastante tiempo, incluso antes de que se divorciaran, decía que algún día debíamos de ir a pasar unas vacaciones en el pueblo, ahora en cambio es lo contrario, estamos dirigiendo hacia la ciudad para pasar ahí las vacaciones. Mamá dobla en una vuelta, el auto avanza cuesta abajo, debido a que el pueblo está algo elevado, en cambio la ciudad está más abajo.
—Solo serán dos meses, después regresaras a ver a tus amigos —menciona mamá con la mirada fija en la carretera, asiento desviando la mirada hacia la ventana—, además en la ciudad aún tienes a Amanda.
Sonrió débilmente al escuchar su nombre, Amanda, cuanto tiempo sin escuchar su nombre.
—Sí.
—Aún son amigos ¿No?
—Si —miento.
No somos amigos desde hace tiempo, Amanda y yo jamás debimos de serlo, nada de eso, no fue un error haber sido amigo de ella, pero las cosas se complicaron, Amanda es una chica muy celosa, desde niña, y ahora de adolescentes es peor.
Las horas pasan, entre conversación con mamá, tiempo en el que me decido a observar el camino y dejándome ir al mundo de mi mente, en donde mis pensamientos se extienden sin espacio limitado.
Debería pensar solo en mis amigos, pero no solo pienso en ellos, en realidad ni lo había hecho en todo el camino, en cambio estoy pensando en ella, en ella y su tonta manera de ser, he notado que efectivamente si es amable con algunos pero conmigo no, la escucho conversar con Alissa porque la voz de ella es tan ruidosa que es imposible no poder ignorarla, aunque quiera no lo logro hacer, me estresa mucho pero a la vez me divierte molestarla.
Después de todo tendré un descanso de ella, por lo menos un mes, pasar las vacaciones en la casa de mis abuelos será divertido y agradable, aunque la ciudad sea ruidosa puedo ignorar eso.
—Deberías de ir a visitar a tu padre —sugiere mamá con la vista en la carretera. Por el rabillo del ojo la observo sorprendido, aunque intento disimularlo.