Prístino tersura

Malentendido

Kayla
Enero.
Los primeros días de clases siempre serás los más ansiosos y tenebrosos, posiblemente coincidas con algún compañero de la secundaria o posiblemente no. Lo bueno de todo es que tendré junto a mi a mi mejor amiga, amabas hemos elegidos la misma clase y ambiente futuro laboral, estamos empezando el primer año, así que una nueva etapa de instituto llega.

Saco mi cuaderno de apuntes y elijo los corazones, lápiz y plumas. Mi día iba bien, demasiado bien, hasta que…

—Por suerte aún hay asientos en este sitio —celebra Elías.

Él en lo personal se me hace agradable en cambio su amigo.

—Igual como el año anterior —comenta Adiel tomando asiento.

Y casualmente el mismo asiento que el año anterior, solo nos divide un escrito de la fila de lado.

Iba todo bien.

¡¿En serio elijo la misma clase que yo?!

¿Acaso no había otra?

No de, hay una amplia variedad, no específicamente una que se centra mucho en números, es en lo único que soy buena, no la mejor pero lo comprendo. Y él justamente él tenía que elegir la misma clase, que vida.

Que destino el mío a tener que soportarlo por tres largos años, se suponía que este inicio iba a ser bueno, ¡Es una nueva etapa! Él debía elegir otra cosa. ¡No lo mismo que yo!

Lo observo molesta, mejor dicho furiosa con él y conmigo misma por elegir está clase.

El parece que nota mi mirada sobre su persona, ya que después de colocar sus cosas voltea hacia mi dirección.

—Tú… —sus ojos se abren, ahí noto su sorpresa, está igual que yo—, ¡No lo puedo creer! —se queja como todo un niñito consentido.

Giro los ojos molesta de su actitud.

—¡Yo también odio que estés aquí! —manifiesto mi opinión.

Lo odio desde que él decidió venir y arruinar mis momentos de paz con su papel de “vengador” de su amigo, arruinar las fiestas, no me molestaría si hubiese sido otra celebración, pero es mi celebración más favorita que puede a ver en el pueblo, es arte, es pasión, son emociones que transmiten las obras que se elaboran con flores.

Tomo los crayones y comienzo a decorar el encabezado de la hoja, colocando la fecha, y adornando alrededor de dibujos, al costado de la facha coloco al sol saliendo entre las montañas, dibujo flores debajo de la fecha y mariposas.

Las clases transcurren como normalmente, profesores presentándose y haciendo que los estudiantes también se presenten, para mi lo más gracioso fue cuando él se presento, no lo hizo como sus demás amigos, no, claro que no, tenía que ser como siempre el niñito de ciudad.

—Me llamo Adiel, viví en la cuidad —comienza a hablar, no lo observo pero si noto cuando mis compañeras suspiran por él, no todas claro solo unas cuantas, pobres no saben cómo realmente es ese monstruo.

Bueno aunque no tan monstruo, pero si es malo.

—¿Vivías en la cuidad? —pregunta la chica delante de mí—, eso es asombroso…

Ni para tanto.

Posiblemente vivir en la cuidad sea lindo pero por algo regreso ese tonto de Adiel, creo que lo expulsaron de su antigua escuela por eso vino aquí.

—Sí. Es lindo el ambiente en la cuidad —menciona él.

—Adiel, cuéntanos un poco de tu experiencia en la grande cuidad —solicita la maestra integrada por conocer más.

—Bueno, es un lugar muy extenso, a diferencia de aquí ahí la gran mayoría de casa son edificios altos, no hay nada de primer nivel, todos son más de tres niveles, hay demasiado transporte, un ambiente más… —no logra terminar por alguien lo interrumpe.

—Interesante —menciona una chica.

—Quizás, pero hay una gran diferencia entre la cuidad y el pueblo

—Cuéntanos —pide la chica delante de mi, observándolo feliz.

—Ahí es más fácil transportarte, las escuelas son más grandes, no estoy quejándome de las escuelas de aquí —aclara.

Ojalá lo regañen.

—Sigue, no te preocupes —le tranquiliza la maestra.

—Bueno, las escuelas suelen de ser de dos niveles, de ventanales grandes, y como son de cuidad cuentan con las espacio, suelen en darnos demasiadas clases, en mi caso la escuela duraba casi todo el día, tenía que almorzar en ella y no en mi casa, debido a él horario. En cambio aquí es demasiado distinto, tanto en la estructura de las casa que lo máximo son de dos niveles y las actividades que se realizan —aprieto los labios es una fina línea mientras lo volteo a observar molesta, espero que ni se le ocurra criticar las tradiciones, estoy lista para él ataqué pero nuestras miradas se encuentran, no la bajaré, ni pienso en voltear—, cuando vine aquí lo noté, este lugar es más tranquilo a diferencia de la gran ciudad, las personas suelen ser amables, bueno aunque cierta personita que conozco no lo sea tanto —comenta sin dejar de verme, lo sé ese comentario es para mí—, los maestros son agradables, y las actividades que hacen son más distintas en la gran ciudad suelen saturarnos con libros aquí suelen en ser más práctico

—Es por la situación, en la gran ciudad los preparan para el futuro aquí los preparamos para el presente, nos gustaría hacerlo para el futuro, pero no contamos con los mejores recursos, pero dime ¿cuáles palabras usarías para definir al pueblo?

—Amabilidad, tranquilidad, las personas de aquí son determinadas —un cierto destello aparecen en sus ojos, por un momento siento que estoy siendo hipnotizada—, no se dejan por nadie y eso es… —por primera vez siento como si el fuera amable y considero, eso es imposible lo sé—, ojos encantadores —murmura, frunzo las cejas confundida.

—¿Las personas que no se dejan de nadie son… ojos encantadores? —cuestiona la maestra, confundida, eso hace que muchos riamos divertidos, incluyéndome.

Observo como su rostro cambia de color, evidentemente avergonzado, eso hace que ría más.

El toma asiento de manera silenciosa mientras algunos, yo ya no, pero si tengo una sonrisa en mi rostro pero no estoy riendo, pero algunos aún siguen riendo de manera baja.




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