Prístino tersura

Paz.

Adiel

Las cosas no deberían de cambiar, estoy totalmente loco, creo que estoy cayendo en un abismo de la locura, no puedo traicionar a mi amigo, y eso está muy claro, demasiado así como el agua. Y el hielo.

—Te gusta Ana —murmura ella desconcentrada.

—Así es.

—Eso es bueno, pensé que te gustaba alguien, Ana es agradable

—Muy simpática

—Harían buena pareja —la observo sorprendido ante esa declaración—, lo digo de manera sincera he visto que se llevan muy bien, son muy compatibles.

—En eso sí tienes razón.

—¿Ella sabe de tus sentimientos? —indaga curiosa del tema.

—No, bueno yo…

—Dile —interrumpe—, siento interrumpirte, pero debes hacerlo, es importante, ella podría enamorarse de alguien más.

—Yo, no estoy preparado para confesar mis sentimientos

—Una vez escuché; los que arriesgan no ganan, así que será mejor que te arriesgues podrías ganar

—Gracias por tus palabras

—Ahora que somos amigos, puedes contar conmigo

—Gracias. Tú también.

Confesar, es algo difícil, lo intentes pero no lo logro, en realidad creo que jamás lo podré hacer, esto será un secreto, mi secreto, evitaré que nadie se enteré, la observé por días y días, intentando aprender más de ellas aunque al final me terminaba regañando a mí mismo por esa acción, pensara que estoy loco.
Suspiró decaído mientras veo como la pareja de la película si quedan juntos, a pesar de todo ellos si tuvieron su final feliz, se casaron y me imagino que fueron unos buenos padres, ojalá la vida fuera como una película, en donde estar interesado en alguien no fuera tan difícil. Las vacaciones de medio año se aproximan lo cual es un gran alivio, estaré libre de tareas, aunque no tanto siempre hay más de un profesor que deja algún trabajo. Apagó el televisor al leer en la pantalla la frase de “el fin”.

Por suerte solo tengo pendiente la tarea de historia de la economía, solo deberé de hacer un pequeño análisis, y aún no son las seis, así que tengo una hora y media para disfrutar de la tarde. Tomo una gorra y salgo de mi casa, debido al verano el sol s estado un poco más fuerte que de costumbre, pero en el pueblo no tanto se siente, estoy seguro que en la cuidad las personas estarán muriéndose del calor. Observó a mi bicicleta recostada en el cerco del patio, el clima está perfecto para usarla. La agarró y salgo cuidadosamente del jardín sin arruinar las flores que he sembrado y cuidado, no son muchas pero de igual forma no quiero lastimarlas.

Comienzo a patalear despacio, a un ritmo normal, con forme pasan los segundos el ritmo aumenta, sonrió sintiendo el aire fresco golpear mi cuerpo, esto es lo que necesitaba, sentirme libre, sin esa carga sobre mis hombros, me preocupo de más, aún soy joven, puedo disfrutar de mi adolescencia.

Sin caos, solo paz.

El cielo despejado y el sol brindando su calidez me hacen sentir con energía, con tanta energía que dure minutos y minutos en los cuales recorrí el pueblo por más de cuatro veces, siento mi cuerpo exigir por un poco de agua, estacionó mi bicicleta cerca de la entrada de la gran tienda, hace un par de días que ya no vengo a este lugar. Tomo una botella de agua del refrigerador, la cierro y me encamino hacia la caja para pagar, pero al momento de girar en el siguiente pasillo me termino chocando con ella.

—Iug —se queja, la observo confundido ante esa reacción—, estás todo sudado —me señala de arriba abajo con la bolsa de dulces.

—¿Y eso es malo? —formuló confundido.

—Si, bueno para mi gusto si, no me agrada el echo de tener personas sudadas a mi alrededor, así que disculpa prefiero estar alejada —informa con una expresión de disgusto.

—No es novedad —mascullo.

—¿El qué? —pregunta a lo lejos.

—Tú distancia —murmuro, en voz baja para que ella no pueda escucharme.

—¿Qué dices? —cuestiona, colocando los dulces en el mesón, en donde despacha doña Eda.

—¿Solo la botella de agua comprarás, Adiel? —pregunta ella, comprendo su pregunta, siempre suelo en comprar golosinas y más cosas.

—Si, solo eso

—Adiel, no respondiste mi pregunta —resalta, Kayla.
Sonrió ante su evidente curiosidad, luego el metiche soy yo.

—Ya lo hice

—No

—¿Has venido corriendo? —cuestiona doña Eda, dándome mi cambio.

—Oh no, vine en bicicleta estuve usándola desde hace muchos minutos, por eso estoy así —respondo, siento como Kayla se aleja de nosotros, no sin antes escucharla quejarse en voz baja.

—¿Estas ocupado? Es que debo de hacer una entrega, bueno Kay debe de hacerla y sería muy amable de tu parte si pudieras llevarla, está algo alejada y ella…

—Odia sudar —concluyo.

—No sabía eso —sonríe enternecida—, pero lo decía para que ella no se cansara, realmente está alejado, casi saliendo del pueblo.

Abro los ojos sorprendido.

—No sabía que hacía entregas hasta fuera del pueblo
—No las hago, pero un vecino me ha pedido el favor, debido a que están construyendo una casa algo alejado y los demás trabajadores suelen en cansarse y la tienda está evidentemente distanciada, así que sería complicado que ellos vengan hasta aquí, perderían tiempo de trabajo —explica detalladamente.

—Esta bien, solo deme unos minutos debo hacer algo antes —indico, ella siente sonriendo de oreja a oreja, feliz de que haya aceptado.

Me termino la botella y la tiró en el bote de basura, vuelvo a subirme a mi bicicleta dirigiéndome hacia mi casa, al llegar dejo mi bicicleta en la calle y entro rápidamente a mi habitación buscando una playera para cambiarme, al cerrar la puerta me observó en el espejo y veo lo despeinado que está mi cabello, me lo arreglo y me coloco un poco de perfume, no tanto solo una pequeña cantidad, menos es más. Salgo de mi casa cerrando la puerta con llave, las aguardo en mi pantalón y me subo a la bicicleta rombo hacia la tienda, aún tengo tiempo para hacer mi tarea.

Al llegar veo a Kayla esperándome con una mochila sobre su espalda, río divertido al ver su expresión, ya es normal para mi verla con las cejas fruncidas y sus labios también fruncidos.




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