Prístino tersura

Brazalete parte 2

Kayla

—Yo, bueno… —tartamudeo confundida ante la reacción de Adiel.

Creo que esta vez me pasé, pero no fue intencional, sucedió accidentalmente; siento que en mi garganta se forma un nudo ante esta situación.

—Estoy honestamente muy confundido —admite Javier.

—Yo, realmente no comprendo su reacción —musito.

—Necesito que me expliques un poco lo que sucedió —pide acercándose.

—Bueno, estábamos tratando de agarrar la pelota que terminó en una muralla con ramas y monte, y al arrancar el monte para acercarnos a ella, accidentalmente terminé rompiéndole el brazalete a Adiel —relato. Javier asiente y toca mi hombro.

—Ahora ya comprendo su actitud —comenta serio.

—¿Por qué fue así? —cuestiono.

—Has roto su brazalete de amistad con Ana. Es algo que ella le regaló en primer año; siempre lo lleva con él, incluso podría decirte que no se lo quita desde que ella se lo regaló. Es muy especial para ambos, y digamos que has roto algo muy valioso para él.

¿Qué?
Digo, sé que ellos son amigos, pero no sabía que ese brazalete era tan importante.

—¿Me he pasado? —murmuro.

—Sí, esta vez sí, y demasiado. Vamos, el profesor ya llegó.

Adiel regresa después de unos minutos. En ningún momento me dirige la mirada, solo me ignora. Pensé que tal vez me miraría de manera molesta y fastidiada, pero no sucede; en cambio, me ignora olímpicamente. Eso, de alguna manera, afectó mi estado emocional. Después de la clase de Educación Física, durante las demás clases, él se mantuvo extrañamente callado... bueno, ni tan extraño, al recordar la razón. Cada vez siento un pequeño tirón en mi pecho, una punzada inexplicable. A la hora de recreo también me ignora: junto a Ana se fueron lejos del aula, y al regresar tampoco volteó a verme a pesar de que pasó a mi lado. Y así fue durante todo el resto del día. En la tienda me lo encontré, pero él hizo como si no me conociera. No me molestó, no hubo guerra esta vez. Todo fue normal para muchos, pero anormal para mí.

Digo, es muy extraño que él y yo no nos estemos peleando e insultando.

Al día siguiente fue igual. Alissa estaba feliz de que por fin los dos nos hayamos tranquilizado; ella cree que ahora ya somos amigos, aunque la realidad es que ahora creo que para él soy la persona que más detesta en el pueblo.

Suspiro aburrida intentando resolver los ejercicios de matemáticas. Escucho la risa de él y, sin querer, levanto la mirada observando la escena: él junto a Ana se sonríen como si fueran los mejores... mejor dicho, se miran con complicidad. Frunzo mis labios volviendo a concentrarme en los ejercicios, borrando todo para empezar de nuevo. Ana siempre ha sido suertuda: es amigable y tiene la gran suerte de que Adiel sea amable con ella. Yo, al contrario, tengo la mala suerte de que él me odie por lastimar a su amiga, y yo también lo detesto por lo grosero que llega a ser, pero justo en este preciso momento siento que realmente he arruinado las cosas. Yo también estaría súper enojada si alguien llegara a romper la pulsera de la amistad que tengo con Alissa; realmente lo odiaría y por eso comprendo su situación. Supongo que esta vez sí merezco que me odie.

Las clases culminan. Por suerte, la única tarea que nos dejaron fue la del profesor de Sociales, quien nos habló sobre la corrupción. Camino lentamente por el pavimento, levanto la mirada y observo el cielo; sonrío al ver una nube en forma de flor. Al momento de seguir mi trayecto, a lo lejos observo a Ana. Ella vive por esta zona. Si le cuento lo del brazalete posiblemente no se moleste con Adiel y comprenda la situación; sé que lo hará, ella es muy amable. Corro para poder alcanzarla.

—¡Ana! —grito llamando su atención. Ella voltea a verme confundida.

—¿Sucede algo? —cuestiona.

—Sí, yo… —inhalo para recuperar el aire—, no sé cómo empezar esto.

—No te entiendo —musita.

Me aclaro la garganta para explicarle. Bueno, si ella se molesta conmigo, tendré que enfrentarme a las consecuencias.

—Yo, no sé si Adiel te ha contado sobre lo que sucedió con su brazalete…

—No —responde interrumpiendo.

—Yo fui la culpable. Cuando fuimos a traer la pelota, había demasiado monte que cortar para poder llegar a ella, y cuando estábamos quitando las ramas y el monte, accidentalmente le rompí el brazalete a Adiel. Realmente no fue mi intención. Sé que no somos amigos y así, pero te cuento esto para que tu amistad con él no se vea afectada por mi culpa —las últimas palabras las murmuro en voz bajita, intentando que solo sea audible para mí.

Ella me observa sorprendida por unos segundos, hasta que después habla:

—No sabía eso. Sí había notado que no llevaba su brazalete, pero siempre decía que lo había dejado en su cama o ropero, no que se había roto —comenta—. Está bien, ya era algo viejo, haré unos nuevos; supongo que ya era hora —me sonríe cálidamente.

Sonrío emocionada ante su respuesta y actitud; sabía que ella sí lo iba a comprender.

—Creo que sí. Bueno, debo ir a casa, cuídate —nos despedimos con un movimiento de manos.

Ahora me siento más libre, sin ese peso sobre mis hombros.

Por suerte tendremos una hora libre: el profesor de Sociales y la profesora de Idioma han faltado debido a asuntos importantes. Levanto mi lápiz y comienzo a girarlo de nuevo en mi mano. He visto a algunos hacer eso y se nota tan fácil, pero en realidad es muy difícil tener dominio total en ello.

—No te detendrás hasta que lo logres, ¿verdad? —pregunta divertida Alissa.

—Así es —afirmo, volviendo a intentarlo.

Ella ríe divertida y luego se gira. Vuelvo a recoger el lápiz e intentarlo de nuevo; estoy segura de que lo podré lograr. La mañana está siendo muy fría debido a los cambios climáticos; estamos en pleno mes de agosto, lo que significa que el clima será así: las tardes lluviosas y frías, al igual que las mañanas nubladas. Frunzo los labios molesta con mi psicomotricidad fina, no puedo creer que mi cerebro y mis manos no quieran conectar el día de hoy. El lápiz vuelve a caer de mi mano al no lograr agarrarlo al momento de girarlo, haciendo que pierda el control. Me agacho un poco para destapar mi pachón con un poco de café tibio y tomo un sorbo, brindándole calor a mi cuerpo.




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