Prístino tersura

Malestares.

Kayla.

—¡Estoy cansada de él! —exclamo molesta.
Escucho la risa de Alissa delante de mí, la observo confundida.

¿Qué es lo divertido?

—¿Acaso es divertido ver sufrir a tu mejor amiga? —inquiero herida.

Ella carcajea ante mi pregunta, mientras se toma del estómago.

—Deja de reírte.

—Lo siento, ya… ahorita… —comienza a regular su respiración mientras me toma de la mano—, ya ahorita sí estoy seria.

—¡Al fin!

—Llevas diciendo esa misma frase en estos últimos tres casi cuatro años.

—No es mi culpa que él se haya mudado a este pueblo, debió quedarse en la ciudad mejor —musito molesta.

—Quizás, pero no tendrías a alguien a quien molestar —comenta con un tono divertido.

—Era feliz antes de que él apareciera, me molesta su actitud.

—¿Actitud?

—Sí, actitud, tan infantil.

Eso es lo peor, ya no somos unos adolescentes de catorce o quince años.

¡El próximo año seré mayor de edad!

Y eso me aterra; no quiero ser mayor de edad, luego vendrá la adultez y me pondré vieja.

Tendré muchas arrugas y, peor aún, me niego a que llegue a envejecer y el tonto de Adiel aún siga viviendo en este lindo pueblo. ¡Sería lo peor! ¡Me niego a eso! ¡Primero prefiero morirme!

—Ambos la tienen —opina comiendo su ensalada de sandía.

—¿Qué cosas dices? —como un poco de la ensalada—. Yo no soy infantil.

—Algo así —la miro ofendida y ella ríe—. Tú le sigues el juego; él te dice algo, tú también y terminan siendo los dos infantiles.

—Alissa, estás confundiendo las cosas, yo solo me defiendo —objeto.

—Claro, lo que tú digas. ¿Vemos unas películas? —cuestiona emocionada. Asiento, a lo que ella rápidamente se levanta del sofá y toma el control del televisor—. ¡Tengo una perfecta para esta ocasión!

Disfrutamos de la tarde viendo películas sin parar, una tras otra, hasta que la tarde se acabó y comenzó a llegar la noche. Me fui de la casa de Alissa antes de que oscureciera más.

Al día siguiente, como siempre, me fui temprano al instituto y, también como siempre, Adiel llegó después de mí y no esperó ningún segundo para arruinar mi hermoso inicio del día. Ese chico es de lo peor.

El profesor de Sociales llega a primera hora. Al momento que él entra, todos gritamos:

—¡Buenos días, profesor!

—Buenos días, jóvenes. El día de hoy haremos algo distinto; quiero ver qué tal enfrentan o piensan acerca de situaciones en donde llega a haber corrupción. Saquen sus cuadernos y comiencen a apuntar, dictaré la situación —explica. Todos hacemos lo que él pide, listos para apuntar—. Como título: "Situaciones corruptas". Pregunta número uno: ¿Qué harían en una situación en donde su compañero de trabajo les ofrece dinero a cambio de que ustedes se queden callados? Segunda pregunta... Antes de continuar debo aclarar que las respuestas las quiero amplias; escriban su mejor respuesta, ya que esto valdrá puntos y a la respuesta que sea más relevante le daré puntos extras, así que deben esforzarse bastante si quieren ganar puntos —demanda firmemente—. Segunda pregunta: Si ustedes fueran policías y ven a la persona que les cae mal y desagrada su persona, ¿la molestarían y multarían? ¿Por qué razón harían eso? Tercera pregunta: Si ustedes fueran políticos y ven que el dinero sobra para el Estado, ¿pensarían en agarrarlo y disfrutar de él? Chicos, estas serán las únicas por el momento. Necesito que sean sinceros, muy honestos con sus respuestas, por favor. Pueden empezar a responder.

Leo las preguntas escritas.
Si me ofrecen dinero, ¿debería aceptarlo?

—El profesor dijo que fuéramos sinceros. Yo la verdad sí tomaría el dinero a cambio de quedarme callada —se sincera Alissa.

—Eso sería ser corruptos —objeto, a lo que ella rueda los ojos divertida.

—Lo sé, pero necesito dinero.

—Yo también.

—Pobres teníamos que ser —ambas reímos bajo, evitando que el profesor se dé cuenta—. Me daré la vuelta antes de que nos regañen.

Asiento y ella se gira. Tomo el lapicero y comienzo a golpearlo sobre la mesa, pensando en la amplia respuesta que le daré al profesor. Cuando algo se me viene a la mente, no dudo en escribirla. Levanto la mirada y recorro con ella todo el aula, como si eso hiciera que me vengan las respuestas a la mente.
Bueno, posiblemente no las respuestas, pero sí una venganza.

Justo lo que quiero. Me levanto de mi escritorio, dispuesta a notificar al profesor que Adiel está utilizando su teléfono para hacer trampa y, como él dijo anteriormente, eso es parte de la corrupción, específicamente en la rama del amiguismo.

Y yo no seré cómplice de la corrupción; mejor dicho, del corrupto Adiel, alias Dandy.

—Tan rápido terminaste —comenta Alissa asombrada.

—No, solo iré a notificarle algo al profesor —informo, continuando mi caminata.

Cuando llego, él me observa sorprendido; estoy segura de que está pensando lo mismo que hacía Alissa.

—¿Ya terminaste, Kayla? —pregunta igual de asombrado, y sonríe.

Niego con la cabeza.

—En realidad, vengo a informarle que cierto estudiante está utilizando el teléfono y, si responde bien las preguntas, sería muy injusto, debido a que todos estamos pensando en qué responder.

Él asiente comprendiendo.

Eso es hacer justicia.

—¿Quién es?

—Es mejor que usted lo vea con sus propios ojos; no quiero que piense que soy una mentirosa —él vuelve a asentir.

Me alejo de él y vuelvo a mi escritorio. Después de sentarme y volver a golpear el lápiz contra el escritorio, veo al profesor levantarse y caminar de un lado a otro.

—Joven Adiel, ¿podría guardar su teléfono? Sería injusto que usted lo esté usando en esta clase mientras sus compañeros están pensando en las respuestas —demanda el profesor con su rostro serio.

Adiel asiente mientras lo guarda en su mochila.

—Profesor, no lo estaba usando para hacer trampa; lo estaba usando porque mi papá me estaba llamando y yo lo estaba intentando llamar. Puedo mostrarle si gusta —sugiere, a lo que el profesor asiente. Adiel saca su teléfono y se acerca al profesor; él lo observa.




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