Prístino tersura

Ideas.

Kayla.

Las horas en clase por fin pasan, llegando así al último período antes de la hora de descanso. Un gran sueño me ha invidado después de la hora de Literatura; hoy ni le tocaba, pero el profesor pidió permiso con otro maestro para dar su clase. Lo bueno fue que no pidió los cuadernos, porque yo no llevaba el mío.

La puerta se abre causando un fuerte sonido, llamando la atención de todos mis compañeros y del profesor.

—¡Chicos y chicas! —llama emocionada. Nota al profesor y le sonríe—: Oh, disculpe, profesor, es que tengo algo importante que decirles a los chicos.

—Adelante, la clase es suya —autoriza él, sentándose en su silla.

—¡Chicos, buenas noticias! La dirección ha autorizado un evento en el cual todos los grados van a participar, pero ustedes, como son de segundo año y el próximo año serán graduandos, se deben esforzar en ganar —informa emocionada.

—¿De qué trata, profesora? —pregunta Ana, levantando la mano.

—¡Oh, cierto! Habrá una feria de despedida; se hará la última semana de septiembre, pero el grado se dividirá: un grupo de chicas y un grupo de chicos. Ustedes pueden elegir lo que deseen hacer. Esta feria será como un tipo de programa de talentos.

—¿Debemos cantar? —pregunta un compañero.

—No necesariamente. Pueden crear cosas fantásticas. Este será un espacio en donde las personas que aman la química puedan mostrar su brillo delante del pueblo; los que aman el arte, hacer lo que más les guste; los que creen en la actuación y la magia, crear algo asombroso —relata con ese brillo peculiar en su mirada.

Mostrar nuestro brillo a los demás…

—Bueno, chicos, debo irme; cualquier duda no duden en preguntarme —anuncia saliendo del aula.

Por fin llegó la hora del recreo, la cual tanto estuve esperando durante todo este día.

—¡Oigan, chicas! —llama Ana interrumpiendo mis pasos. Todas volteamos a observarla curiosas—. Creo que será mejor que hablemos sobre el evento; nos queda poco tiempo y, además, con el trabajo que nos ha dejado el profesor de Sociales dudo que nos dé muchísimo tiempo. La verdad, la maestra espera muchísimo de nosotros; recuerden que pidió que nos esforzáramos en ganar ese premio y, ¿por qué no le damos el placer de hacerla sentir orgullosa?

Todas nos acercamos a ella formando un círculo.

—¿Qué tienes en mente? —le pregunto a Ana.

—Den ideas. Yo no soy buena en tantas cosas, pero tal vez ustedes tengan alguna sugerencia. No sé, ¿alguna idea, algo que les guste hacer? —pregunta—. Podríamos quedarnos después de clases y organizarnos; pediré permiso con el director, pero antes creo que deberíamos tener alguna idea de qué queremos hacer —informa.

Química es un tema interesante, pero no soy buena en eso; Arte me gusta, pero no soy excelente ni tampoco destaco en cantar... por favor, tengo una voz que no le llega ni a los talones al exquisito tono de los cantantes famosos.

—Yo no sé —confiesa una compañera de cabello negro y liso, tan perfecto a comparación del mío, que es todo lo contrario.

Levanto la mano nerviosamente, llamando la atención de todas.

—Creo que no les agradará, pero de igual forma daré una idea: yo amo las plantas y me gustaría, no sé… —comienzo a relatar nerviosa ante todas las miradas sobre mi persona. Tomo aire y vuelvo a hablar—: ¿Qué tal si hacemos algo para ayudar a las plantas y a la vegetación? Podría funcionar; igual es solo una idea —concluyo, encogiéndome de hombros y alejándome sutilmente.

—Esa es una media idea sobre plantas. ¿Qué quieres hacer, que sembremos plantas o qué? —pregunta una compañera confundida.

—Yo… eh… podríamos aprender a hacer algo distinto…

—No sabes, así que mejor no hables —demanda una de mis compañeras.

La miro molesta por el tono que utilizó y porque me haya mandado a callar.

—¿Por qué me hablas así? —formulo molesta—. Solo estoy aportando una idea; Ana pidió ideas y eso estoy haciendo.

—Pero si vas a aportar una idea, hazlo bien —demanda furiosa.

—Está bien —murmuro.

—Oigan, chicas, cálmense, ¿sí? —pide Ana—. Me gusta la idea, pero no tengo claro qué es lo que deseas que hagamos. Digo, las plantas son llamativas y eso, pero yo no estoy acostumbrada a la vegetación, no entiendo qué es lo que tú quieres que hagamos.

—Yo opino que deberíamos hacer un gran pastel; la cocina es un talento.

—Yo opino que sería mejor un baile, es más fácil.

—Pero si es fácil no podremos ganar y enorgullecer a la profesora —puntualiza Ana.

—Entonces hagamos comida.

—Me gusta la idea de Kay —comenta Alissa, sonriendo.

—Su idea es un asco; no es clara y si la apoyamos será un fracaso —refunfuña Mayra.

—Pero las ideas que ustedes dan tampoco son asombrosas —objeta ella.

—No es cierto.

—¡Hagamos una obra de teatro!

Me alejo de ellas escuchando cómo poco a poco comienzan a hablar y hablar sin parar. Será mejor que me aleje; después haré lo que ellas decidan. Camino hasta llegar a los árboles y me escondo detrás de uno, intentando entrar en paz para que mi molestia disminuya; de lo contrario terminaré llorando de enojo, y eso sería una vergüenza, todos se burlarían de mí.

Observo cómo una pequeña pelota llega hasta mis pies; curiosa, la tomo entre mis manos. Escucho a alguien acercarse y mejor la suelto.

—¡Aquí está! —celebra nada más y nada menos que Adiel.

Volteo a ver hacia otro lado; mis ojos pican por querer llorar y ni loca lo hago delante de él.

Escucho cómo se sienta cerca de mí.
Como si no hubiera más árboles aquí…

—Se me hace injusto que seas así —murmura.

—¿Así cómo?

—Ella te calló y tú no te defendiste. Si hubiese sido conmigo, ya me hubieras golpeado y regañado. Debes ser justa con todos, no solo declararme la guerra a mí —declara.

Volteo a verlo con los ojos entrecerrados.

—No, gracias —susurro.

Detesto no poderme defender delante de ellas; con él es distinto, sí puedo ser valiente. En cambio con ellas no; con ellas me quedo callada y me cae mal.




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