Privilegium

Capítulo 4 – "Rutas Entre Sombras"

El aire en la colonia estaba cargado de polvo, cenizas y el olor metálico de estructuras viejas. Cada paso de Hassel hacía crujir los restos de pisos oxidados y escombros dispersos por las calles. La luz que entraba entre los edificios derruidos era escasa, pero suficiente para delinear siluetas de mercaderes, animales y jóvenes que deambulaban buscando oportunidades.

Hassel: —Todo parece igual… y a la vez diferente —murmuró mientras avanzaba con cuidado—. Cada esquina puede esconder un peligro o un aliado.

Eron lo seguía de cerca, señalando con gestos discretos las rutas más seguras y los puntos donde la vigilancia era más estricta. Hassel observaba cada grieta, cada símbolo grabado en metal oxidado, cada sombra que se movía con vida propia.

Mientras pasaban junto a un muro derruido, Hassel notó que las pocas plantas sobrevivientes parecían inclinarse sutilmente hacia él, como si midieran su presencia. Su Heart permanecía casi invisible bajo su piel, latiendo con fuerza interna cuando sentía tensión, apenas dejando un leve resplandor que nadie podía distinguir si no estaba muy cerca.

Eron: —No bajes la guardia —susurró—. La colonia enseña rápido lo que significa confiar o arriesgarse.

De pronto, un ruido de pasos apresurados hizo que ambos se agazaparan. Hassel observó a un grupo de jóvenes saqueadores, con miradas duras y armas improvisadas, pasando a pocos metros sin notar su presencia. Su cuerpo se tensó, y la luz interna de su Heart palpitó un instante más intenso, solo suficiente para que él sintiera la fuerza que corría por su interior.

Hassel: —Cada movimiento cuenta… cada respiración es una oportunidad —pensó mientras seguía avanzando entre escombros y callejones angostos.

Mientras cruzaban un pequeño puente de metal corroído, Hassel recordó la fugaz presencia de Lira días antes. Un calor desconocido recorrió su pecho al pensar en ella, y un leve rubor le subió a las mejillas. Su corazón latía rápido, aunque su poder permanecía controlado en su interior, apenas dejando un ligero resplandor.

Hassel: —Debo mantener la concentración… no puedo distraerme.

Al otro lado del puente, encontraron un mercado improvisado, donde mercaderes vendían comida en mal estado y piezas de tecnología antigua. Los rostros de quienes trabajaban allí mostraban desconfianza, cansancio y miedo. Hassel observaba todo, aprendiendo a leer gestos y emociones, a interpretar intenciones y a medir riesgos.

Mercader: —¡Cuidado! —gritó a un joven que tropezó con un barril—. ¡No arruinen mi mercancía!

Hassel se movió con cuidado, esquivando obstáculos, y notó cómo los animales modificados por Heart rondaban entre los restos, curiosos pero alerta, evaluando cada movimiento. Algunos se detuvieron a mirarlo, y él respondió con un leve asentimiento, reconociendo su vigilancia.

Eron: —Aprende a anticipar. Ellos sienten miedo y codicia, pero también buscan oportunidades. —dijo mientras señalaba la interacción—. Tú también debes aprender a usar eso.

Avanzando por la calle principal, Hassel escuchó risas y murmullos provenientes de un callejón cercano. Se acercó con precaución y vio a un grupo de jóvenes discutiendo sobre un botín. Sus gestos eran rápidos, precisos y llenos de tensión. Hassel notó cómo cada emoción, cada respiración, cada mirada pasaba a través de su corazón, aunque apenas se viera el resplandor interno.

Hassel: —Así es la vida aquí… cada acción, cada palabra… todo tiene peso.

Mientras se alejaban del callejón, Hassel sintió un ligero roce en su hombro. Era Lira, apareciendo solo por un instante, observando cómo se movía entre las sombras. Su mirada intensa y la forma en que se inclinó ligeramente hacia él provocó un calor sutil en su pecho, mezclando admiración y tensión contenida.

Hassel: —Lira… —susurró sin querer ser escuchado—. No puedo dejar que me distraiga.

Lira: —Solo observa y aprende —dijo con una voz casi imperceptible, antes de desaparecer entre la multitud—. No es momento de errores.

Hassel continuó avanzando, recordando cada gesto, cada palabra. Su corazón latía con fuerza interior, apenas dejando un destello en la piel, un recordatorio de que su poder estaba allí, presente y listo, pero controlado.

Más adelante, un grupo de mercaderes discutía violentamente sobre un cargamento de agua contaminada. Las palabras subían de tono, los gestos se volvían agresivos y las amenazas se sentían en el aire pesado de la colonia. Hassel se ocultó tras un escombro, observando cada interacción, aprendiendo sobre lealtad, codicia y la fragilidad de quienes se proclamaban humanos.

Hassel (para sí mismo): —Todo esto… debo entenderlo. Cada gesto, cada decisión, cada emoción… es parte de lo que debo conocer.

En un momento, un animal modificado por Heart cruzó su camino, esquivando un charco de agua negra y observando a Hassel con ojos curiosos. Él inclinó ligeramente la cabeza, y por un instante, sintió que había una conexión con todas las criaturas de la colonia, un vínculo sutil que solo él podía percibir.

Eron: —Recuerda, Hassel. No basta con moverse rápido o esquivar… hay que aprender a sentir, a interpretar y a reaccionar.

El joven asintió, mientras avanzaban entre edificios derruidos, escombros, y símbolos antiguos grabados en paredes metálicas. Cada paso le enseñaba algo nuevo: cómo la colonia sobrevivía, cómo la gente actuaba, cómo la naturaleza aún estaba presente, oculta pero latente.

Hassel: —Si voy a comprender la humanidad… debo comprender cada detalle, cada emoción… incluso las más pequeñas.

Mientras se internaban en un corredor que llevaba a los niveles inferiores de la colonia, el olor a humedad y tierra mezclado con metal oxidado se intensificó. Las sombras jugaban con su percepción, y cada sonido, desde un crujido hasta un murmullo, lo mantenía alerta.

Hassel (para sí mismo): —Aprender… observar… actuar solo cuando sea necesario.

El joven respiró hondo, ajustando sus movimientos al entorno. Cada charco, cada escombro, cada animal que cruzaba su camino era una lección. Su corazón latía con fuerza interna, apenas dejando un leve resplandor, recordándole que su poder estaba dentro de él, listo para responder a la necesidad, pero nunca visible en exceso.




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