La mañana llegó sin amanecer.
(En la colonia, el concepto de día y noche había dejado de depender del cielo hacía muchos años. La enorme masa de contaminación que cubría la atmósfera convertía la luz solar en una claridad débil y grisácea que apenas lograba atravesar las capas superiores. A esa hora, las lámparas instaladas sobre las calles principales comenzaban a apagarse una después de otra. Algunas lo hacían automáticamente; otras simplemente morían. Una bombilla parpadeó tres veces sobre un callejón y terminó consumiéndose con un pequeño chasquido.)
Hassel pasó por debajo sin detenerse.
(El frío de la mañana se había acumulado durante la noche entre las estructuras de metal y hormigón. Cada respiración salía de su boca como una pequeña nube que desaparecía frente a sus ojos.)
Caminaba con las manos dentro de los bolsillos. No tenía prisa. Desde pequeño había aprendido que caminar demasiado rápido podía llamar la atención. (En las zonas bajas, la gente observaba. Siempre observaba. Una mirada podía significar curiosidad, otra una amenaza y una tercera podía ser simplemente la forma en que alguien calculaba cuánto valías.)
Hassel había aprendido a distinguirlas. Ya no necesitaba mirar directamente a una persona para saber que lo estaba observando. Bastaba con notar cómo cambiaba el sonido de sus pasos.
Aquella mañana, mientras avanzaba por una calle estrecha, escuchó primero el arrastre de una caja. Después, un golpe seco. Luego una voz.
—¡Te dije que no tocaras eso!
Hassel giró ligeramente la cabeza.
(Dos hombres discutían junto a un puesto improvisado. El puesto estaba construido con una puerta arrancada de algún edificio antiguo y varias placas de metal sujetas con alambre. Sobre la superficie había piezas eléctricas, tornillos, filtros usados y pequeños componentes cuyo origen era imposible determinar. Uno de los hombres sostenía una caja de madera, mientras el otro tenía una mano apoyada sobre el mostrador.)
—No lo toqué —respondió el segundo.
—Lo moviste.
—Solo lo aparté.
—¿Y quién te dijo que podías hacerlo?
El segundo hombre soltó una risa corta.
—¿Ahora eres dueño de la calle?
Hassel continuó caminando.
No era asunto suyo.
Todavía.
Porque eso era algo que Thalos le había enseñado. No todo problema necesitaba una respuesta. A veces intervenir demasiado pronto solo conseguía convertir un problema pequeño en uno mucho mayor.
Hassel había tardado años en comprender aquella idea. Antes pensaba que no hacer nada significaba ser débil. Ahora sabía que también podía significar observar, comprender, esperar y, sobre todo, elegir.
Al doblar la esquina, el olor cambió.
(La humedad desapareció y fue reemplazada por una mezcla de aceite quemado, metal caliente y comida. Había llegado al sector de los talleres. Allí la colonia despertaba antes que en otros lugares. Las puertas de los talleres estaban abiertas y algunos trabajadores ya se encontraban dentro, inclinados sobre motores, bombas hidráulicas y piezas de los grandes transformadores que mantenían viva la colonia. El sonido era constante: golpes, engranajes, cadenas, válvulas, martillos y un zumbido eléctrico que parecía formar parte del propio aire.)
Hassel se detuvo frente a uno de los talleres.
Un muchacho de no más de quince años estaba intentando cargar una pieza metálica demasiado grande para él. La arrastraba con ambas manos y sus botas resbalaban sobre el suelo húmedo.
—Vamos... —murmuró entre dientes.
Tiró otra vez.
La pieza se movió.
Un poco.
Pero el muchacho perdió el equilibrio.
Hassel avanzó y sujetó el extremo antes de que le cayera encima. El metal golpeó el suelo con un estruendo.
El muchacho levantó la cabeza.
—Gracias.
Hassel soltó la pieza.
—Pide ayuda.
El muchacho miró hacia el interior del taller.
—Si pido ayuda, me descuentan el tiempo.
Hassel frunció ligeramente el ceño.
—¿Te descuentan por pedir ayuda?
—Por detenerme.
El muchacho volvió a sujetar la pieza.
—Aquí el tiempo cuesta.
Hassel lo observó durante unos segundos. No supo qué responder.
El muchacho sonrió de lado.
—Bienvenido a la colonia.
Después siguió trabajando.
Hassel se quedó quieto un instante.