Martes 8:45 p.m
-Mientras en...
-El clima estará perfecto a partir de las...
-Y llévese un exclusivo descuento al llamar...
Un joven aburrido que cambia los canales, sin mucho que hacer más que esperar. Con la cabeza apoyada sobre su mano, detrás de un escritorio enorme de madera, teniendo el control remoto en la otra, sentado en una silla y a unos tres metros de la televisión.
-Parece que ya no viene nadie -le dice un hombre de la mediana edad, un hombre con líneas de canas y cabello castaño, alto y algo robusto.
Él asiente.
-Haz tu tarea, ¿Sí?
-Sí.
Se levantó de la silla, dejando el puesto vacío. Abrió la puerta que conducía a unas escaleras, pero subió hasta el tercer piso. Ya ahí deslizó la puerta para entrar a su habitación, perfectamente ordenada por él mismo, con todas las cosas en su lugar. Una habitación simple de estudiante, demasiado simple diría yo. Sin pósters, figuras o alguna otra decoración, así que no lo podría considerar como la habitación de un chico de secundaria.
Encendió el reproductor de música con un botón y puso su disco favorito, a un nivel de volumen adecuado, buscó en su mochila el cuaderno de Química y lo puso en su escritorio, se sentó e hizo la tarea pendiente.
-Shugo, necesitamos hablar.
Él se giró para ver a su padre y a su madre parados en la puerta de la habitación, apagó la música y les dio la cara.
- ¿Sobre...?
-Lo de ayer -dijo su madre.
Shugo escuchó atentamente, pero no estaba listo para lo que le dijeran, de hecho, no quería decir mucho, si es que esto llegaba a un interrogatorio como ocurría la mayoría de las veces, por lo que se le estaban ocurriendo mentiras conforme su mente trabajaba.
-No es justo que nos hagas pasar por esta clase de vergüenza, tú bien sabes que tienes todo.
-Sí, ya sé -dijo con desinterés en sus palabras.
- Si algo te aqueja deberías decírnoslo.
-Como dijo tu padre, debes decirnos si algo te pasa en la escuela o en el negocio. No debes de hacer eso, no delante de todos, Shugo.
-Lo siento.
-Tú sabrás cuando decirnos.
- ¿Qué? -preguntó sorprendido cuando escuchó esto.
-Entonces... Hablaremos de esto luego.
La madre de Shugo abandonó la habitación, su padre se quedó sentado, él esperaba que su padre fuera el que estaría detrás de un plan de su madre para revelar el por qué.
-Independientemente de lo que diga tu madre, creo que necesitas algo más que tú música para dejar de pensar en ello, ¿Qué te parece si te compro el libro ese que pedías? -preguntó su padre con una sonrisa confianzuda.
-No.
-Eh... Creí que te gustaba.
-No, no -dijo con una voz agotada y algo vacía.
-La lectura te abre puertas, lo hace.
- ¿No me habías prohibido leer ese libro? ¿El último deseo?
- ¿Quién dijo de ese? Yo hablaba de Hamlet.
-Tan poco me conoces -dijo decepcionado.
-Es... es... Es un libro violento por lo poco que he visto, no deberías de leer esas cosas.
- ¿Es enserio? ¿No podré divertirme un poco hasta que salga de esta casa?
- ¡No, y ese no es el modo de tratarme!
El padre salió de la recámara mientras bajaba la cabeza, deslizó para dejar a su hijo en paz. El hijo continuó en suyo, aunque continuar era inútil, parecía que había ganado parcialmente, ahora no sabía qué hacer, intento no derramar esa gota que colmó el vaso, pero lo hizo de todos modos, así que se tiró a la cama llorando, en silencio sin despertar la atención de sus padres.
-Sólo quiero ser como los demás -dijo para sí.
Esa era una extraña costumbre que había adquirido, hablar consigo mismo. Lo hacía en estos momentos cuando todo se complicaba, ¿Ayudaba? Ni idea, a veces solamente hacía peor el problema, pero era lo único que tenía.
En eso, el sueño le ganó y se durmió agotado. Mientras el sueño llega sin decir nada y descansa todo el cuerpo; listo para el día de mañana.
Miércoles 5:32 am
El despertador de su celular sonó, lo apagó deslizando hacia arriba. Se levantó de la cama de un salto, aún sin sus 5 sentidos, pero bajó hasta el baño, en una puerta que estaba cercana a las escaleras del inicio, ahí se dio una ducha profunda. Al salir buscó una playera blanca y su ropa interior, planchó su uniforme y se lo puso para dirigirse a la cocina a tomar una rebanada de pan.
-Buenos días.
-Buenos días -le respondió su madre quien se sirvió algo de jugo.
Comió rápidamente la rebanada de pan, más aún por qué se sentía tenso. Luego de terminarlo limpió donde había comido y volvió al tercer piso.
Verificó si todas sus cosas estaban en su sitio y tomó la mochila para irse al patio, tomó la bicicleta de entregas y se fue hacia la secundaria, y cuando partió miro a sus padres subir al auto, en ese instante se tentó el bolsillo buscando la copia de las llaves de la casa, sabía que al volver iba a abrir el negocio familiar, entonces empezó a pedalear.