Profecía Inconveniente

Capítulo 2: Manual de Supervivencia para un Beso de Estado

Si Theo había pensado que el Prólogo había sido terrible, el primer día de eliminatorias fue directamente un viaje al absurdo más absoluto.

—Las reglas son simples, su alteza —explicó el Gran Chambelán, luchando contra el viento que le había torcido la peluca— Hay ciento veintiocho candidatos de la alta nobleza. El Cáliz de los Suspiros —dijo, señalando una copa de piedra de la que salía un humo rosado bastante desagradable— decidirá las parejas al azar.

Theo miró el Cáliz con el mismo entusiasmo con el que miraría una guillotina.

—¿Y cómo se gana esto? —preguntó, cruzándose de brazos.

—Si el beso activa la profecía, la niebla desaparece y todos felices a casa —respondió Barnaby desde su pedestal, mientras masticaba tranquilamente una pluma de ganso— Si no, el Cáliz se pone rojo y la pareja queda fuera. Si sale naranja, pasan a una segunda oportunidad. En resumen: un desastre emocional con ropa elegante.

Y así empezó el torneo. Con él, el espectáculo más bochornoso que Theo había visto en su vida.

Desde el trono tuvo que presenciar cómo la Baronesa de Eldoria intentaba besar a un joven conde de Aetheria que le sacaba casi dos cabezas. Ella terminó subiéndose a un taburete, él se inclinó demasiado, y el resultado fue un cabezazo que le hizo sangrar la nariz. El Cáliz brilló de un rojo furioso.

—Eliminados por falta total de coordinación —dictaminó Barnaby sin pestañear.

Después le tocó a Rowan.

Theo no quería mirar, pero sus ojos parecían tener voluntad propia. Rowan subió a la plataforma con esa elegancia que parecía no esforzarse nunca. Antes de hacerlo, Theo lo vio llevarse una pequeña ampolla de cristal a los labios. Poción de carisma. Claro que sí.

Rowan besó a una marquesa con una técnica impecable. Fue un beso de libro, digno de una pintura. La multitud contuvo el aliento. El Cáliz dudó… y finalmente brilló en un naranja apagado.

—Aceptable, pero sin emoción —gritó Barnaby—. ¡Siguiente!

Rowan bajó, y por una fracción de segundo su sonrisa perfecta se quebró. Buscó a Theo con la mirada. Estaba pálido, y Theo sintió algo raro en el pecho. No era enojo. Era otra cosa. Él también está actuando, pensó.

—¡Príncipe Theo de Eldoria! —anunció el Chambelán— Su pareja es… ¡la Duquesa Viuda de Miller!
Theo se levantó con las piernas pesadas como plomo.

La Duquesa tenía ochenta años y una tendencia a confundir a las personas con sus difuntos maridos.

—Suerte, Theo —le susurró Barnaby cuando pasó a su lado— Ella usa dentadura postiza mágica. Si te muerde, no es mi problema.

El beso fue un desastre legendario. Theo cerró los ojos con tanta fuerza que vio luces, mientras la Duquesa le daba palmaditas en la cara y murmuraba: “ay, mi pequeño Archibald”. El Cáliz no solo se puso rojo: emitió un pitido de decepción que resonó por todo el valle.

Theo volvió al palco humillado, con el orgullo destrozado y un sabor a polvo de arroz en la boca.

—No digas nada —advirtió.

—No hace falta —respondió Barnaby, lamiéndose una pata— Tu cara ya lo explica todo. Pero ojo… la niebla se está acercando demasiado. Los sacerdotes están nerviosos. Dicen que el Cáliz está perdiendo la paciencia.

—¿Cómo pierde la paciencia una copa de piedra? —preguntó Theo.

En respuesta, el Cáliz empezó a temblar con violencia. El humo rosa y violeta se arremolinó por toda la arena, y los nombres comenzaron a salir disparados como si tuvieran vida propia.
El Chambelán atrapó dos papeles en el aire, con las manos temblándole.

—¡Atención! —gritó el hombre con voz chillona—. Por orden directa de… bueno… de la magia —tragó saliva—. Se suspenden las rondas normales. El Cáliz exige unir a los linajes más importantes.

Theo y Rowan se tensaron al mismo tiempo.

—Siguiente pareja —continuó el Chambelán, mirando a Theo con lástima— el Príncipe Theo de Eldoria y el Príncipe Rowan de Aetheria.

El silencio fue total. Incluso la niebla pareció detenerse.

—Bueno… —dijo— Parece que el Cáliz se cansó de jugar y quiere ir directo a lo importante. Suerte, Theo. Y por favor… no lo muerdas.



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Editado: 23.12.2025

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