Rowan sintió cómo su sonrisa, esa que tanto le costaba sostener, empezaba a resquebrajarse. Le tembló un poco la mano al guardar la ampolla vacía de Carisma de Diamante. La poción hacía su trabajo, claro. Pero no servía para frenar el nudo en el estómago cada vez que la Plaga Oscura avanzaba un poco más… ni para soportar la mirada fría del príncipe Theo.
Theo estaba inmóvil, una estatua de hierro y resentimiento. Rowan conocía los rumores: estratega brillante, espadachín imbatible, corazón blindado. Para él, el amor era una debilidad; el afecto, una distracción peligrosa. Y ahora Rowan tenía que besarlo. Justo él, que sudaba frío cada vez que debía hablar en público sin ayuda mágica.
El Chambelán, todavía aferrado a sus papeles, dio un paso atrás y casi se enredó con la alfombra.
—¡Príncipe Theo! ¡Príncipe Rowan! —exclamó—. ¡Por favor, suban a la Plataforma de la Concordia!
Theo fue primero. Sus botas resonaron con fuerza sobre la madera. No apartó los ojos de Rowan ni un segundo. En su mirada había algo difícil de descifrar: fastidio… y tal vez algo más. Rowan tragó saliva y lo siguió, consciente de cada mirada clavada en él. Se detuvo frente a Theo, dejando un espacio prudente entre ambos.
—No sé si el universo podría ser tan cruel —murmuró Rowan, apenas audible.
Theo resopló — Cruel? Esto es una farsa. Un teatro barato para obligarnos a unirnos por decreto. No va a funcionar.
—¡Acérquense, por favor! —chilló el Chambelán, agitando los brazos— ¡La magia necesita cercanía!
Ambos se acercaron a regañadientes, hasta que quedaron a menos de un metro el uno del otro. Rowan podía sentir el calor que emanaba de la armadura de Theo. También notó un aroma a metal pulido y... lavanda? Sacudió la idea. Seguramente era la poción jugando con su cabeza.
—Y bien —murmuró Theo— Cuál es el protocolo? ¿Pido permiso? ¿Se inclina usted primero?
—Solo hazlo, Theo —susurró Rowan, mirándolo a los ojos— Antes de que la niebla me haga confesar mi peor miedo… que es… eh… las mariposas. Mariposas asesinas.
—Mentiroso —maulló Barnaby desde su cojín— Tus miedos son mucho más entretenidos.
Theo dudó. Apenas un segundo, pero Rowan lo notó. Su mirada recorrió su rostro, como si buscara algo. Por primera vez, Rowan vio una grieta en esa máscara de hielo: incomodidad. Tal vez vergüenza. Theo también era humano.
Con un suspiro casi inaudible, Theo se inclinó.
Nunca había besado a otro hombre. Nunca había besado a alguien que no le gustara. Y definitivamente nunca había besado a su archienemigo para salvar un reino.
Los labios de Theo eran firmes y fríos. No fue romántico. Tampoco delicado. Fue un choque breve, torpe. Theo ni siquiera cerró del todo los ojos, dejando uno apenas entreabierto, como si evaluara el desastre en tiempo real.
En vez de la esperada luz dorada, estalló entre ellos una chispa violeta, intensa, casi agresiva. No solo se vio: se sintió. Una descarga recorrió sus cuerpos. Theo se tensó. Rowan soltó un pequeño jadeo.
La niebla de la Plaga Oscura no se disipó. Al contrario, pareció rugir suavemente, burlona. Y del cielo no cayeron pétalos… sino una lluvia pegajosa de pequeños pergaminos con frases garabateadas: “calcetines desparejados”, “odio el brócoli”, “Barnaby es un tirano”.
El silencio fue total. El Chambelán, con la boca abierta, dejó caer los papeles.
—¿Qué fue eso? —murmuró alguien entre la multitud.
—¡La profecía ha reaccionado! —gritó el Sumo Sacerdote, con más fe que seguridad.
—Ha reaccionado como cuando metes dos tenedores en un enchufe —comentó Barnaby, con una pata en la de cara de puro aburrimiento— Felicidades: el beso más cargado de energía y menos emoción de la historia. Un sólido 3 de 10. Y el confeti de deseos reprimidos es de muy mal gusto.
Theo y Rowan se separaron de golpe. El cosquilleo aún les ardía en los labios. Theo se limpió la boca con el dorso de la mano, claramente asqueado.
—Eso fue… —empezó.
—Horrible —terminó Rowan, también limpiándose los labios con nerviosismo — Absolutamente horrible.
El Sumo Sacerdote de Aetheria, un hombre con una barba blanca y rizada, se acercó a la plataforma, esquivando pergaminos.
—La profecía es… ambigua. Ha reaccionado, sí, pero no se ha completado. Falta algo esencial.
—¿Qué cosa? —gruñó Theo.
—El deseo de quedarse —respondió solemnemente— Por lo tanto, quedan oficialmente unidos por la profecía. Para fomentarlo, compartirán alojamiento. La Suite de la Concordia, en el ala este del castillo, los espera. Permanecerán allí hasta que la profecía se cumpla.
Theo y Rowan se miraron. Horror puro.
Barnaby ronroneó, divertido.
—Esto sí que se pone interesante. Espero que la suite tenga comida. Para mí, especialmente.
¡El primer beso y la "unión forzada" en la Suite de la Concordia ya están en marcha!
Editado: 23.12.2025