Profecía Inconveniente

Capítulo 4: Reglas de Convivencia y un Frasco Roto

La habitación olía demasiado a incienso y flores, como si alguien hubiera intentado ocultar el olor a miedo con perfume barato. Tenía una chimenea que nunca se apagaba, había velas por todos lados, una cama absurdamente grande decorada con pétalos de rosa que formaban un corazón, y para desgracia de Theo, una sola bañera de mármol.

Una sola.

Voy a matar al decorador —mascullo Theo — Y después al que inventó esta profecía.

Soltó su capa sobre una silla con un movimiento brusco, como si el mueble tuviera la culpa de todo.

Rowan no dijo nada. Estaba parado junto a la puerta, rígido, apretando algo dentro de su túnica. Theo lo miró de reojo. El "Príncipe Sol" ya no brillaba tanto. De hecho, se veía un poco pálido, como si hubiera visto un fantasma o tuviera una indigestión terrible.

—Puedes pasar —dijo Theo, cortante— La habitación no muerde.

Rowan forzó una sonrisa, de esas que usaba siempre antes de que alguien terminara de hablarle. Dio un par de pasos, mirando los rincones como si buscara una salida de emergencia.

Barnaby entró trotando detrás de él, saltó a la cama y empezó a amasar las mantas con sus garras.

—La cama sirve —dijo el gato— El resto es demasiado rosa. Este lugar parece un retiro para gente con problemas que no quiere admitir.

—Perfecto —Theo se plantó frente a Rowan— Reglas. Tú ocupas el lado izquierdo. Yo, el derecho. No hablamos de política, no hablamos de profecías y no mencionamos el incidente del confeti. Nunca.

Rowan asintió demasiado rápido.

—Por supuesto —dijo— Nada de confeti. Jamás.

Pero mientras hablaba, sus dedos rebuscaban en el interior de su túnica con una urgencia que no coincidía con su tono ligero. Sus hombros estaban rígidos, la sonrisa sostenida a pura voluntad.

Theo entrecerró los ojos.
—¿Rowan?

De pronto, algo sonó contra el suelo.

Clinc.

Cristal contra piedra.

Ambos miraron hacia abajo.

Un frasquito de cristal se había hecho pedazos sobre la alfombra. Un líquido azul brillante empezó a manchar la tela, desapareciendo poco a poco.

El silencio fue inmediato.

Rowan se quedó congelado. Soltó un suspiro pesado, como si se hubiera quedado sin aire de repente.

—Maldición —murmuró, demasiado bajo— Genial. Simplemente… genial.

Se agachó de golpe, intentando recoger los restos de vidrio con torpeza. Sus manos temblaban, aunque él parecía decidido a fingir que no.

—Rowan —dijo Theo, con cautela— Es solo un frasco. Puedo pedir otro a los criados.

Rowan se tensó al instante.

—No hace falta —respondió demasiado rápido— No era importante.

Theo levantó una ceja. Miró la mancha azul y luego a Rowan.

—Pues parecía bastante importante.

Rowan soltó una risa corta, de esas que no suenan a risa de verdad.

—Bueno, ya sabes. Costumbre. Tonterías de la corte. Nada que no pueda manejar.

Siguió recogiendo los cristales, incluso cuando uno le cortó el dedo. No se quejó. Ni siquiera pareció sentirlo.

Barnaby inclinó la cabeza desde la cama.

—Es raro —comentó el gato— Los humanos normales suelen decir "ay" cuando sangran.

—Estoy bien —insistió Rowan., sin levantar la vista.

Theo dio un paso hacia él, casi sin pensarlo.

—Rowan. Para ya.

Rowan se detuvo.

Por un segundo, su máscara se rompió un poquito. No lo suficiente como para ver qué escondía, pero sí para notar que estaba haciendo un esfuerzo enorme por no derrumbarse.

—No pasa nada —repitió, ahora con voz firme— De verdad.

Theo no le creyó nada.
Había algo diferente en él. Tenía menos brillo, menos control. No era que se estuviera volviendo loco, pero algo se había quebrado.

—Si necesitas que te deje solo un rato —dijo Theo, bajando el tono—, puedo salir.

Rowan levantó la vista, sorprendido.

—No —respondió— Quédate. Solo... estoy cansado.

Theo asintió lentamente. No insistió. Pero se quedó cerca.

—Entonces cambiamos el orden de las reglas —dijo, dándose la vuelta— Regla número uno: no te desangres en la alfombra. Me echarán la culpa a mi.

Rowan soltó una risa esta vez. Pequeña y floja, pero de verdad.

—Tranquilo. Nadie sospecharia de ti.

Theo lo miró un segundo más. Tenía mil preguntas, pero sabía que Rowan no iba a responder ninguna.

—Bien —dijo Theo— Último tema: la bañera. Yo voy primero.

—Claro —respondió Rowan, acomodándose la túnica— El príncipe perfecto necesita su baño de burbujas.

—Exacto. Y si encuentro pelos de gato en mi lado de la cama…

—Guerra diplomática —interrumpió Barnaby— Ya lo sabemos.

Desde la ventana, la niebla púrpura golpeó el cristal, dejando una fina marca helada.
Theo la miró de reojo.
Rowan también.
Ninguno dijo nada.
Pero ambos sabían que las cosas se iban a poner muy complicadas.



#1250 en Fantasía
#1753 en Otros
#530 en Humor

En el texto hay: romance, boyslove, romace fantasia

Editado: 23.12.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.