Profecía Inconveniente

Capítulo 5: Desayuno para Tres y Un Encargo Sospechoso

La mañana entró por la ventana con una luz demasiado brillante para el humor de Theo. Se despertó con un peso muerto sobre las piernas: Barnaby se había adueñado de su lado de la cama en algún momento de la madrugada.

—Fuera —gruñó Theo, empujando al gato con el pie.

—Imposible —respondió el gato, sin dignarse a abrir un ojo— Tus sábanas son mejores. Las de Rowan huelen a sudor frío y pánico. Las tuyas solo huelen a metal y terquedad.

Theo se sentó en la cama y miró hacia el otro lado. Rowan ya no estaba. La manta estaba perfectamente doblada, como si nadie hubiera dormido allí. Desde el baño llegaba el sonido del agua… y un silbido forzado, alegre de una forma poco convincente.

Theo suspiró.

—No hace falta que silbes —dijo en voz alta— Nadie te está evaluando.

El silbido se cortó de golpe.
Un segundo después, Rowan salió del baño, secándose las manos. Tenía el cabello perfecto, la túnica bien ajustada… y ojeras que no lograban ocultarse del todo.

—Buenos días —saludó, con una sonrisa un poco tensa— Pedí el desayuno. Pensé que sería mejor comer antes de que nos arrastren a otra prueba absurda.

—Claro —respondió Theo, levantándose— La comida siempre ayuda a sobrevivir a los rituales cuestionables.

Hubo una pausa breve.

Theo miró la alfombra. Limpia. Impecable

—¿Dormiste bien? —preguntó, como quien no quiere saber demasiado.

Rowan apartó la mirada mientras acomodaba una jarra imaginaria sobre la mesa.

—Perfecto —dijo— Como una piedra.

Theo no comentó nada.

En ese momento, llamaron a la puerta.
Dos criados entraron empujando una mesa cargada de frutas, pan caliente y jarras de jugo. Y detrás de ellos, como si fuera parte del mobiliario del castillo, apareció el Sumo Sacerdote de Eldoria, con un pergamino que parecía un mapa del tesoro.

—¡Príncipes! Espero que su primera noche de "concordia" haya sido... iluminadora —dijo el anciano, moviendo las cejas de forma sugerente.

Theo casi se atragantó.

—Dormimos —aclaró— Nada más.

—Separados —añadió Rowan rápidamente.

—Qué decepción —murmuró Barnaby desde la cama.

—Bien, bien. Pero la Plaga no duerme — el sacerdote extendió un pergamino sobre la mesa, empujando una bandeja de pan sin pedir permiso. — Y el Cáliz ha decidido que es hora de una pequeña prueba práctica. Para que el "deseo de quedarse" florezca, deben aprender a proteger algo juntos.

—¿Proteger qué? ¿Un fuerte? ¿Un objeto sagrado? —preguntó Theo.

El sacerdote señaló algo pequeño y peludo que estaba sentado sobre la cama.

El gato bostezó, completamente indiferente.

—¿Otra vez yo? —dijo— Empiezo a sentirme explotado.

—Al Oráculo —dijo el sacerdote—Deben llevar a Barnaby al Santuario del Eco, en el bosque que rodea el castillo. La niebla está muy densa allí. Deben ir solos, sin escolta, y asegurar que el gato llegue para... eh... consultar las estrellas. Si el gato llega sano y salvo, el Cáliz lo considerará… educativo.

—¿Educativo para quién? —gruñó Theo.

—¿Un paseo por el bosque lleno de niebla mágica que te obliga a confesar tus secretos? —Rowan se puso visiblemente más pálido— ¿Solo nosotros tres?

—Exactamente —confirmó el sacerdote— Si regresan con el gato y sin haberse matado el uno al otro, el Cáliz lo considerará un éxito.

Cuando el sacerdote se fue, el silencio en la habitación era espeso. Rowan apoyó ambas manos en la mesa, respirando hondo.

—No tengo más… ayudas —dijo en voz baja— Si entramos en esa niebla y digo o hago algo que no debería...

Theo se acercó a él. No le puso la mano en el hombro esta vez, pero se quedó lo suficientemente cerca como para que Rowan sintiera que no estaba solo.

—Entonces no hables —dijo Theo de forma simple— Y si sientes que vas a decir algo estúpido, muerde tu lengua. Yo haré lo mismo. Solo tenemos que llevar al gato al bendito santuario y volver.

Rowan soltó una risa nerviosa.
—¿Y si no puedo?

—Aprieta los dientes —dijo Theo—Mírame con cara de príncipe serio. Eso siempre intimida a la gente.

—Qué plan tan sofisticado —intervino Barnaby, bajando de la cama — Dos hombres que se mueren por esconder quiénes son, caminando directo hacia una trampa de la verdad. ¿Qué podría salir mal?

Rowan respiró hondo y se ajustó la túnica.

—Supongo que no tenemos opción —dijo.

—Nunca la tuvimos —respondió Theo— Vamos antes de que el bosque decida hacerlo más complicado.

Barnaby los miró con una sonrisa felina.
—Ah, sí. El paseo matutino perfecto. Si sobreviven, prometo no contarle a nadie lo incómodos que se ven caminando juntos.

—Andando —dijo Theo— Y Barnaby... si te pierdes a propósito, te juro que te convierto en una alfombra para el baño.

Y así, con el desayuno intacto y demasiadas cosas sin decir, los tres se adentraron hacia la niebla.



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Editado: 23.12.2025

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