Profesor

ONCE

—No puedo creerlo— Camile farfulla molesta.— He contestado bien las preguntas y James me ha reprobado.

—Es un idiota, déjame ver— Aidan toma el exámen y lo escudriña.

—Pues no le veo las equivocaciones— dice pensativo.

—¡Porque no las hay!— masculla la castaña.

Tomo la hoja en mis manos, a simple vista puedo ver que las respuestas han sido cortas, toscas y sin originalidad, eso es algo que irrita a nuestro profesor pero no puedo decirles que he notado esas cosas ya que me delataría y sabrían el tiempo que paso observándolo mientas nos educa.

—Son algo cortas pero están bien— digo encogiéndome de hombros.

En la entrada del instituto se encuentra Luke esperando por mí, Camile suspira lentamente al verlo y me causa risa que tenga un enamoramiento con mi hermano, justamente él, el más romántico de todos. Nótese el sarcasmo. 
Me despido de todos y subo al auto, no me presta mucha atención y enciende el coche, sé de antemano que papá ha tenido algo que ver con su comportamiento, siempre es el causante de todos los males de mi querido hermano.

—¿Qué tal las clases?— pregunto intentando salir de éste incómodo silencio.

—Aburridas— suspira.

No está contento, ¿Qué le ocurrirá?

¿Por qué no le preguntas?

Mejor no, no quiero ser invasiva, él me cuenta todo cunado lo cree necesario. No quiero ponerlo aún más incómodo.

—Debemos pasar por el supermercado, mamá necesita algunas cosas para ésta noche— dobla en la esquina.

—¿Ésta noche?— pregunto algo confundida.

—Tienen una reunión en casa, habrá invitados y tenemos que comportarnos— rueda los ojos con enfado.

Papá trabaja como arquitecto en jefe en una importante empresa hotelera, gracias a sus últimas ganancias decidieron expandir sus terrenos y crear nuevos y mejores hoteles por lo que mi padre está a cargo de toda la obra e infraestructura, estoy orgullosa de él pero detesto esas reuniones, suelen ser tan aburridas.
Lo peor de todo es que uno de los socios es el magnate Richard Couffaine, padre de Charlotte y eso significa que ella estará presente esta noche.

—Trae algunas verduras, me encargaré de los lácteos — Luke desaparece rápidamente, quiere estar solo.

Y tú de estúpida no le preguntas que le ocurre.

¡Cállate consciencia!

—Nos encontramos en todos lados— la voz de James me hace voltear.

—Eso parece— susurro recordando mi comportamiento la última vez que nos vimos.

—¿Estás bien? — me observa curioso— ¿Recordaste algo en particular?

Ríe. Qué vergüenza.

Desvío la mirada hacia una canasta de fresas frente a mí, tomo algunas y su aroma llega a mi nariz, recuerdo que mamá nos preparaba pastel con relleno de fresas cuando éramos niños.

—Anny amaba las fresas— suelto sin más.

—¿Tu hermana?— toma una y la prueba.

—Sí, era mi gemela, hasta hace un año— suspiro.

—¿Pelearon?— cuánto interés tiene.

—No, ella falleció. — joder, aún duele decirlo.

—Lo lamento— se encoge de hombros —No suelo hacer esas preguntas, me dió curiosidad nada más.

—Descuida— sonrío, ¿En qué momento entablamos ésta confianza?—Y tú, ¿Tienes familia?

—Desgraciadamente sí, son un mendigo dolor en la entrepierna— farfulla.

—Pero los amas así— bromeo.

La mirada de confusión y odio que me lanza que hace callar, la sola mención de su familia ha hecho que se vuelva distante y frío, supongo que todos tenemos algo que ocultar de nuestra vida privada; dándome una última mirada se despide con un gesto de su cabeza y desaparece entre las góndolas dejándome con las ganas de saber más de él, de su vida y de sus pensamientos.

—¿Todo en orden?— Luke regresa con una enorme orma de queso.

—Sí, ya tengo las verduras— digo colocando todo en el carrito.

Los ojos de mi hermano están clavados en las fresas, vuelve su vista a mí y me sonríe con nostalgia, puedo verlo. En silencio nos dirigimos a pagar todo, con velocidad estamos de vuelta en el auto y nos dirigimos a casa, otra vez en un sepulcral silencio.

Para cuando llegamos mamá y papá están atareados preparando todo para los invitados, sé qué más de una vez mi progenitora le ha sugerido a su esposo alquilar un salón o algo parecido para llevar a cabo éste tipo de eventos pero él se niega rotundamente diciendo que algo hecho en casa siempre es mucho mejor.

Lo dice porque no es quién cocina todo y luego limpia.

Luego de terminar de decorar una tarta de limón corro escaleras arriba para darme una buena ducha y ponerme algo adecuado, no quiero que me sermoneen por parecer una cualquiera. Algo sencillo estará bien, un poco de maquillaje y mi cabello recogido en una coleta, perfecto.




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