Profesor

DOCE

—Bien, quiero que elijan un libro que les guste, el que ustedes prefieran y de la temática que gusten — James se pasea por el salón y yo lo sigo totalmente embobada — Lo leerán, harán un resumen del mismo, quiero sus teorías y gustos, lo que no les agradó de él y con sus respectivos fundamentos pero... — posa sus dedos levemente en mi espalda, nadie parece verlo— También quiero que me convenzan de leerlo, que me digan porqué a pesar de todo lo que les disgustó sigue siendo un buen libro.

—Al menos no será sobre Romeo y Julieta— suelta Scott y todos reímos.

En verdad mis compañeros quedaron totalmente saturados por la larga e intensa semana leyendo y estudiando el ejemplar, pero debo admitir que no sólo yo reforcé lo que ya sabía sino que muchos de mis pares han obtenido una buena calificación y eso sólo habla bien de nuestro sexy educador.

Dios, ya estoy babeando por él de nuevo.

Por más que lo intento no puedo olvidar lo que ocurrió en el closet del conserje, me pone ansiosa de saber cuándo intentará estar cerca mío nuevamente, mi corazón late a toda marcha cuando él me observa fijamente y siento que quiero saber más de James y saciar la curiosidad que afloró la noche del festejo en mi casa; a pesar de que estuvo en la puerta de la misma, se alejó sin siquiera entrar, y me dejó con deseos de entender esa mentecita suya y ese frío corazón que aparenta tener. Y sí, digo "aparenta" porque estoy más que segura que bajo esa capa de hombre rudo, ególatra y sabiondo hay una persona herida, tal vez traicionada por quienes más amaba y resentida debido a ello.

—Connors, ¡Connors!— escucho a lo lejos y caigo en la realidad de manera abrupta.

—¿Si?— me pongo de pie intentando dilucidar qué es lo que ha sucedido mientras mi mente me abdujo de la vida real.

—Le pido que preste atención, este trabajo es el más importante y llevará la calificación principal — me sonríe —Debería dejar de pensar en muchachos y concentrarse.

Todos los demás alumnos ríen y susurran cosas, por mi parte sólo puedo sentir como mis mejillas se calientan y es que es más que obvio que sabe que es en él en lo que pienso, en lo que ocurrió. Asiento lentamente y vuelvo a mi asiento, Lucy ríe y me lanza miradas pervertidas junto a los pulgares en alto, en verdad no sabe disimular.

—Connors, después de clase debo hablar con usted respecto a la beca que solicitó— dice sin verme y todos me observan intrigados.

—Claro— susurro y ya comienzo a sentir la ansiedad.

El receso no llega más, me siento nerviosa y jugueteo con mi bolígrafo sin prestar atención a nada, tampoco sé qué libro elegir para el trabajo y en estos momentos francamente me importa muy poco.

Cálmate Bella, sólo habla con él como una persona normal... Y mantén tu inhalador cerca.

La campana suena exaltandome, doy un respingo en el lugar y observo a todos prepararse para el descanso, guardo mis libros en mi bolso y veo a las mellizas salir tras guiños y señas obscenas, río, están locas en verdad.

—¿Quería hablarme?— pregunto a distancia.

—Sí— cierra la puerta y me observa.

—¿Y bien?— lo apremio.

—¿Has podido considerar lo que te propuse?— acorta la distancia, los nervios me van a matar.

—Y-Yo... — susurro y busco qué decir.

—Bella, tienes hasta esta tarde para aceptar, de lo contrario volveremos a ser alumna y profesor, sin ningún tipo de rose o contacto. — posa sus manos en mi cintura y suspiro, su nariz rosa la mía y me acerco a él— Vé a tu descanso.

Y así pasa por mi lado y sale del salón, ¿Qué? ¡Por el amor de Dios! Debo haberme visto como una idiota pero en verdad quería besarlo, esperaba que él lo hiciera y me ha dejado con ganas de sentir sus labios sobre los míos, su lengua jugar con la mía...
A duras penas he podido dejar mis cosas en el casillero, Aidan me acompaña ya que nos encontramos en pleno camino, lo escucho hablar y hablar pero no puedo conectar con la realidad, será mejor que preste algo de atención.

—No puedo creer que reprobé Biología— Aidan suspira dejándose caer en la silla de la cafetería.

—Debiste estudiar más, era un tema simple y no pudiste responder ni una pregunta bien— río.

—El estudio no va conmigo, la verdad es que prefiero las ciencias exactas o económicas — se encoge de hombros.

Admiro eso de él, la capacidad que tiene para resolver problemas matemáticos, como agrupa números y logaritmos y la facilidad con la que comprende la economía global, yo por mi parte soy un desastre en ello.

—Puedo ayudarte, dile a la profesora que te dé la oportunidad de tener un crédito extra y estudiaremos juntos — le sonrío.

—¿De veras?— sus ojos brillan.

—Sí, aprobarás esa asignatura— le enseñó mi pulgar en señal de aprobación.

El resto de las clases pasan rápidamente, aburridas y no les pongo la atención necesaria, por mi cabeza lo único que pasa es la propuesta de James y su lapso hasta ésta tarde para responder, ¿Qué hacer?




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