Profesor

TREINTA Y NUEVE

Amanece y puedo escuchar el cantar de los pájaros, me desperezo en mi cama y me pongo de pie. El sol matutino y la brisa fresca entran por mi ventana, las cortinas rosas y blancas se mecen levemente. 
Una de las cosas que me hacen amar éste cuarto es la belleza que deja ver por la ventana y cabe mencionar que es el único de la casa que tiene un pequeño balcón.

Camino hacia el elegante balcón y observo hacia el lago, es tan azul como el mismo cielo, el bosque a su alrededor varía en diferentes colores e intensidades de verdes y el aroma puro a campo llena mis pulmones.

Me siento bien.

Tranquila.

Relajada.

Paseo mi vista por todo el lugar, puedo ver a Luke desde aquí, parece estar sentado en una especie de muelle improvisado. Debo ir con él. Debo hablar con mi hermano. Es mi oportunidad.
Me doy una ducha rápida, me visto con un short blanco y una remera azul, me calzo las sandalias y salgo rápidamente de la habitación, bajo las escaleras y tomo de la cocina una manzana para el camino.     
Mamá y papá preparan el almuerzo al aire libre, sonríen y platican felices, debo admitir que es muy lindo venir aquí y de seguro el próximo año vendré, en mi inmadurez me negué tantas veces a estar aquí con mi familia que no sabía lo que me perdía ya que muchas veces no hay nada mejor que dejar un poco la ciudad, el bullicio, los problemas...

—¡Luke!— digo lanzándomw sobre él.

—¡Hey! ¡Estás gorda señora Cipriano!— grita y yo lo golpeo por el comentario.

—Patch me ama así— le saco la lengua.

—Es porque Patch no te conoce, ¡Oh cierto! Él no existe— se burla, que crueldad, pero hay un Dios que todo lo ve.

Le enseño el famoso dedo del medio y él ríe como foca desequilibrada, lo imito y me siento junto a él.
Cuando éramos niños solíamos​ nadar por el lago haciendo carreras con nuestro abuelo, él siempre nos dejaba ganar, eran buenos tiempos.

Todo era más fácil.

—Luke— lo llamo y me mira— ¿Por qué nos mientes?

Lo escucho suspirar, me observa y sé que está dudando en contarme su secreto. Que intriga. Que miedo.

—Dios mío, ¡eres gay!— tapo mi boca con mis manos.

—¡Qué asco Isabella!— grita con asco— ¡No soy gay tarada!

Exploto en una sonora carcajada y él me sigue, no puedo creer que haya pensado eso pero tanto misterio me hizo dudar de la sexualidad de mi hermano. 
Mi vista se posa en el lago, un pequeño bote pasa por allí como si nada, a bordo lleva una pareja y a –la que supongo es su hija– una chica de mi edad. La observo más concentrada y me doy cuenta de que es Lucy la que intenta ocultarse tras su padre. Me pongo de pie de repente, me despido de Luke y corro por la orilla del lago hasta llegar a su encuentro. Apenas lo hago me lanzo a sus brazos y le sonrío, me observa atónita y luego me corresponde.

—No sabía que fueras a estar por aquí— mascullo alegre.

—Oh bueno, sí, venimos porque mi mamá venía aquí de niña— sonríe incómoda— Vine con Camile también.

—¡Genial! Debo hablar de algo con ustedes, es sobre Aidan— musito triste.

—¿Pasó algo?— pregunta interesada.

—No, es sólo ... Bueno sí, él se enfadó conmigo por algo que no sucedió —  encogiéndome de hombros suspiro.

—Isabella, tú y yo sabemos que sí sucedió— la miro confundida — ¡Vamos! ¿Crees que no sé que engañas a Aidan con James? Te ví el día en que te reuniste con él en el salón de arte.

—¿Qué?— elevo una ceja —¿De qué...?

—Aidan es mi mejor amigo, no se merecía lo que estabas haciendo con él, justo como lo haría Charlotte. — farfulla molesta.

—¡Tú!— grito apartandome unos pasos.—¡Maldita zorra! ¡No pasó nada!

—No es lo que la foto dice— me mira con desdén.

—Tu le enviaste la foto... — susurro más para mí que para ella, como si no pudiera creerlo de la ingenua y torpe Lucy, las apariencias engañan.

Oh, sí, claro que engañan.

Estoy furiosa, la sangre me hierve y siento como me pican los ojos, las lágrimas se acumulan en mis ojos y una a una caen por la impotencia y la furia. Todo este tiempo pensé que era mi amiga cuando en realidad esperaba el momento indicado para clavarme un puñal por la espalda, debí suponerlo la noche en que supe que sentía cosas por su amigo, que tonta fuí.
Acto seguido veo todo en camara lenta, mi mano hecha un puño se estrella en su rostro y la lanzo al lago, me apresuro a ella y la tomo por el cuello de su bonita camisa rosa.

—¡Maldita estúpida! Jamás hice nada con James, ¡Él quería chantajearme con la beca pero no acepté! ¡Nunca le haría algo como eso a Aidan! — suelto golpeándola una última vez, no puedo evitarlo.

Me pongo de pie, escucho pasos detrás de mi pero no me importa, nada me importa en este momento, ni siquiera la sangre que brota de la nariz – probablemente rota– que tiene la muchacha tendida frente a mí y empapada. Solo quiero salir de aquí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.