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Capitulo 7

A veces me preguntó ¿Cómo las personas que conocieron lo mejor de mí, decidieron dañarme?

Athalia Duvessa

La fiesta

Por enésima vez en el día escucho lo mismo, mi abuela permanece en mi habitación arreglando mi vestido mientras yo me ducho.

No fue nada agradable viajar en un auto donde el piloto no me quitaba la mirada de encima y tampoco fue nada agradable que Clarisa me metiera a distintas tiendas plagadas de gente

—Date prisa, tengo que peinarme

—Estoy pensando no ir, déjame en paz.

—¿Qué te dijo tu papá?

—No me dijo nada, apenas y lo ví.

—Dijo que tenía que hablar contigo, creo que deberías escucharlo.

—¿Para que?—salgo del baño—si solo me va a regañar por cosas que ni siquiera hice

—De verdad mi amor, es importante.

—Vale, mañana lo hago, por ahora no quiero verlo.

Dejó caer la toalla, una corriente de aire frío me pega directo en la espalda, me siento avergonzada cuando mi abuela me da una repasada con los ojos, estoy en ropa interior.

Se levanta de la cama trayendo el vestido con ella, me ayuda a ponermelo, ajusta los tirantes, sube el zíper, acomoda los encajes que llegan a mitad de mis muslos y cuando me veo al espejo, veo algo que no había visto antes, veo a una Athalia que no tienen miedo de mostrar su cuerpo.

Me ayuda a ponerme las botas para luego peinarme, me ase algunas ondas en el cabello, me maquilla, usa sombras negras en mis ojos, y un labial corinto en mis labios, termina poniéndome un collar pegado al cuello y unos aros en las orejas.

—Estas hermosa mi amor, vamos, tu hermano te llevará a la fiesta y te irá a recoger. Claro, si quieres quedarte hasta mañana está bien.

—La idea de no ir sigue en mi cabeza.

—Hay Athalia, disfruta tu juventud, eres hermosa, tienes un cuerpo magnífico, todo en ti grita perfección. No dejes que tus miedos te frenen de hacer lo que quieres hacer.

—Es lo que intento, pero no puedo.

—Si puedes, eres mi nieta, claro que puedes, así que, quita esa cara, vamos abajo, vas a ir a esa fiesta y te vas a divertir como cuando tenías catorce ¿Si?

Ver cómo sus ojos castaños con algunas arrugas me ven como si fuera el ser más magnífico del planeta me da la fuerza y valentía que tanto necesito.

—Si

Momentos después estoy en el deportivo de mi hermano rumbo a la casa de Clarisa, no tengo idea de dónde sea pero Alonzo si conoce.

Las calles de la ciudad se encuentran húmedas por la brisa de la noche, hace mucho tiempo que no voy a una fiesta, los recuerdos de las veces que me escapaba de casa para ir con Aleck a alguna discoteca o a un bar. Hice muchas estupideces cuando era más chica, cosas que ahora no me veo haciendo.

Ya no me veo ahogándome de ebria, ya no me veo peleando con mi novio por quedarme en la fiesta y que él me dijera que ya era muy tarde.

—Por favor, no tomes mucho, no quiero regresar a los años pasados.

—Lo prometo, nada de eso me trajo nada bueno.

—Te quiero, ten cuidado, me llamas cuando te vas a regresar.

—Si

Me bajo del vehículo, avanzó a las rejas de la puerta que albergan una enorme mansión de la cual se escucha música a alto volumen y se ven luces saliendo por las ventanas y hay muchas personas afuera en el patio.

Avanzó al patio, no tengo idea de dónde estará Clarisa o alguno de los chicos. Empiezo a adentrarme a la casa, escuchó algunos silbidos y murmullos cuando atravieso la puerta.

La música es aún más fuerte, hay un sin fin de personas paseándose por el lugar, todos maquillados y disfrazados de algún personaje de las películas, a ciencia cierta, no se ni que soy, según mi abuela dijo que era un pirata, pero me veo más aspecto de bruja.

De un momento a otro las palabras de mi abuela se cuelan por mi cabeza, y comienzo a caminar derecha, a paso firme logrando que las personas del lugar me vean y me dejen pasar haciéndose a un lado.

Entro del todo a la casa llegando a lo que creo que es la sala, veo a Nathaniel bailando con una chica disfrazada de conejo, me dan ganas de vomitar cuando comienza a besarla y meterle mano.

Apartó la mirada y busco a Clarisa, definitivamente ella tenía razón, da igual, Nate solo es una persona que conozco nada más.

La música retumba en el lugar, hay Miles de parejas en la pista de baile, algunos besándose y otros metiéndose mano, el olor a alcohol inunda mis fosas nasales, la mayoría de las personas tienen una botella en la mano, tanto las que bailan como las que no.

Mi atención se desvía a una mesa en el fondo donde hay diversos tipos de postres, caramelos, galletas, gomitas, chocolates, dulces y pastelitos.

Mi yo adicta al azúcar sonríe y me obliga a meterme entre la marea de gente para llegar a la mesa, empujó a muchas personas para poder llegar, a algunos les di un codazo o los pise con las botas.

Mis fosas nasales se inundan con el olor a chocolate y mermelada, me relamo los labios al ver un bizcocho relleno de mermelada bañado en chocolate.

Extiendo mi mano para tomarlo pero alguien más me gana y lo toma antes que yo dejándome con la mano estirada, de inmediato me invade el enojo y la rabia, volteo a ver a la persona que se robó mi biscocho y me encuentro con un par de ojos negros.

Mastica lentamente el bizcocho mientras pases los ojos por mi cuerpo deteniéndose unos segundos en la piel expuesta de mis muslos y en mi pecho.

Huele a licor, el enojo que tenía se multiplica cuando le da otra mordida al bizcocho, sin querer me detengo en sus labios.

Pero no, mi conciencia me recuerda porque tengo que estar enojada con él ¡Se comió mi bizcocho!

—Buena noche, Cadete.

Me dice con burla, la manera en la que arrastra la lengua me dice que está ebrio, con razón se está portando más patán de lo que ya es.

—Eso era mío — señaló el trozo del postre en su mano




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