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Capitulo 8

Que el diablo se este portando bien no significa que olvidó como ser diablo

Athalia Duvessa

El dolor de cabeza que tengo es demaciado fuerte, no me ciento capaz de ir a la academia mañana.

No tengo idea de cómo llegué a mi casa. Me incorporo en la cama para ir al baño, me duele el vientre bajo, mi sexo manda pulsaciones que me hacen que todo mi cuerpo hormiguee.

Me veo al espejo, tengo un aspecto espantoso, mis labios están resecos, mis ojos con muchas venas roja y unas ojeras debajo los adornan como si fueran moretones.

La sensación que tengo me es familiar, como si me hubiera sentido así antes, siento que estoy viviendo un deja vu.

Me siento en el baño vaciando la vejiga que amenazaba con explotar, paso un trozo de papel para secarme y me encuentro con una mancha de sangre.

¿Ah?

El periodo se me fue ase unos días, seguro son residuos, pero es raro, tengo un dolor en el bajo veinte como si fueran colicos.

Jalo la cadena y me voy a la ducha, dejo que el agua me moje el cuerpo y despabile, no es normal la manera en la que me siento.

La vista se me nubla, me agarró de la cortina y termino callendo al suelo con la cortina en la mano.

Salgo de la ducha envuelta en una toalla, líquido rojo baja de mi frente, me pongo un trapo para hacer presión, me visto rápido y llamo a mi abuela.

—¡¿que te paso?!

Intento decirle pero el pecho se me aprieta y el aire me comienza a faltar, avanso hacia ella pero.....

La obscuridad me absorve y no siento nada cuando todo queda negro y mi co ciensia se va a divagar por ahí.

***

¿Dónde está?

—¿Quien? Mi amor

—No lo sé, pero no está, me ase falta, se me perdió.

—No has perdido nada mi amor.

—Si abuela, lo tenía, estaba qui, yo lo sé.

—¿De qué hablas?

—No lo sé, pero me falta, no lo encuentro se me perdió.

—Descansami amor, no existe nada de lo que dices, solo lo imaginaste.

La obscuridad se va tornando de colores palpitantes, el ruido se escucha fuerte, todo se mueve muy rápido...

...La profundidad de sus ojos me absorve perdiendome en el infierno de su propia guerra interna...

Escucho suaves pitidos cerca de mi oído, mis ojos me pesan y el dolor de cabeza párese que me va a reventar la cabeza y hará que mi cerebro salga volando en mil pedazos.

—¿Pesadilla?

El rose de la palma de mi hermano en mi mejilla me obliga a abrir los ojos. La luz me sega y vuelvo a cerrarlos.

Pregunto cuando me ayuda a sentarme en la cama. La cabeza no me deja de palpitar.

—¿Que paso?

—Yo quiero saber eso ¿Que paso anoche?

—Lo normal—digo—¿Que me pasó?

—Encontraron éxtasis en tu sangre—me dice logrando que abra los ojos—No tengo idea de que pasó, pero lo que si está claro es que te drogaron.

Me clava los ojos con una mirada cargada de enojo y cólera.

—¿Que no me has dicho?

—Que te drogaron y te violaron.

Siento que el mundo se detiene, un pitido se apodera de mis oídos dejándome en un silencio sepulcral dónde todo empieza a consumirme, siento como todo mi mundo se va distorsionando.

—¿Que?

—Los estudios que te practicaron lo confirmaron. El sangrado y el dolor se debe a eso— respira profundo, esta vez, ya no me habla con calma—Athalia, no puede quedarse así, te violaron.

—No lo hicieron, yo quise.

—¿Que estás diciendo?

—No recuerdo que me forzara—le digo — yo recuerdo las provocaciones que él me hizo.

—¿Quién fue?—me pregunta entre dientes

—Se que estás enojado, pero no voy a decirte con quién me acuesto y con quién no.

Me da una mirada de enojo antes de irse estrellando la puerta con fuerza.

Aunque se enoje ¿A quien le va a echar la culpa?

Porque estoy muy segura que por más hijo de puta que sea el director, no hubiera sido capas de drogarme para eso.

***

Mi hermano no se lo tomó bien, pero jamás me había dado tan igual lo que piense, no puede cambiar las cosas ni culpar a nadie.

Lo único que me molesta es que mi sexo no a dejado de enviar pulsaciones que me recorren todo el cuerpo, siento una quemazón en mi zona más sensible y mi clítoris no deja de palpitar.

¿No tuvo suficiente? Joder si hasta medicina me dejaron y dijeron que no podía seguir teniendo sexo de esa manera por ahora después de todo el tiempo que pasó sin nada.

El sonido del móvil me hace pegar un brinco cuendo empieza a sonar a mi lado en la cama

—Bueno—contesto sin ver quién es.

—Lia, soy Clarisa.

—Ah, hola.

—¿Cómo estás?

Frunzo el seño ¿Cómo estoy? ¡Con ganas de ir a agarrar a su hermano del cuello y estrellarle la cara contra el piso por se un hijo de perra con el ego más grande que el culo!

—Bien—le digo.

—Me alegro mucho

Guardo cilencio por un momento, necesito saber que paso anoche, no puedo quedarme con la intriga.

—¿Que hicimos anoche?

—Eh, bailamos, bebimos.

—¿Que fue lo que bebimos anoche?

—Ponche de uvas, alcohol ¿Por qué?

—Solo preguntaba.—le digo restándole importancia—¿Quien nos lo dios?

—Todo lo que bebimos fue lo que estaba en la barra— me dice— bueno, Nate estubo trayendonos el ponche.

—Vale— digo, restándole importancia — ¿Cómo regrese a mi casa?

—Mi hermano te llevo.

—¿Quien?

—Bastian.

—¿Por qué él?

—Porque no había nadie más y él era el único que estaba más conciente de todo.

Guardo cilencio de nuevo, en los pocos días que llevo conociéndola, se que no puede guardarse las cosas por mucho tiempo y el que no rompa el cilencio me dice que sabe algo.

—¿Te pasa algo?—le pregunto sonando interesada.

—A menos que hayas descuartizado a alguien y no me invitaste, lo consideraría.




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