Prohibido

Capitulo 1

Athalia Duvessa

A veces cuestiono mi existencia en el plano terrenal, algunas veces siento mi cuerpo moverse, realizar acciones, pero no soy yo quien lo maneja, es como si observase mi cuerpo moverse y yo estuviera lejos, perdida en el espacio y el tiempo.

Quisiera olvidar, quisiera no hundirme en mis recuerdos, que un día el pasado se quede ahí, en el pasado, pero no lo hace y muchas veses aparece cuando menos lo espero.

Mis manos están dormidas, las cadenas me cortan la circulación, mis piernas yacen separadas, cada una amarrada para evitar que las cierre.

Lagrimas salen de mis ojos, mis brazos duelen, estando amarrada colgando de una viga de metal, mi cuerpo desnudo lleno de heridas, tiembla por el frío.

Me sacaron de mi casa, ella me vendió, las deudas entre mafias nunca terminan bien, la paga esta vez fui yo.

Mucha sangre cubria mi cuerpo, me costaba respirar. Eran muchos hombres, me habían golpeado, inyectado Miles de sustancias, con navajas cortaban la piel de mi cuerpo, la.ieron mis pechos, tocaron mis partes, me penetraron, todos lo hicieron, todos dejaron un líquido caliente adentro.

Las asquerosas manos de uno de esos bastardos comenzaron a tocarme de nuevo, sentía su miembro entrar en mi cuerpo otra vez, muy fuerte, me dolía, solo podía llorar, se sasio de mi. Muchas manos más comenzaron a tocarme, uno tras otro paso por mi cuerpo, me desgarraron por dentro, destrozaron mi alma, cada vez que uno de ellos estaba dentro de mi mataba mi alma, destrozaba mi esencia. Me invadieron náuseas, les pedí que se detuvieran, que por favor ya no, les dije que me dolía, me dolía mucho, entraban y salían de mi sin ningún tipo de pudor, se reían de mí. En medio del llanto, uno me dió un fuerte golpe, me rompió la nariz, la sangre comenzó a obstruir mis vias respiratorias.

«Estubo esquisito» «La maldita estaba nueva»

Frente a mi, atado a una mesa de metal se encontraba Aleck, mi novio, el amor de mi vida. Estaba desnudo, lleno de heridas, uno de sus ojos estaba cerrado con un tono morado casi negro, lloraba viendo mi estado, pedía que me dejarán.

Él no tenía culpa de nada, ninguno de los dos la tenía, solo éramos dos adolescentes de quince años, ambos enamorados del otro de la manera más pura eh inocente, ninguno busco nada de eso.

—Fue muy fácil decir que no—habla a mi espalda—Nada de esto hubiera pasado su tú hubieras puesto de tu parte, decir "si" en lugar de un "no"

Solloso sintiendo sus manos ásperas pasarse por mi cuerpo

—Todo esto devia ser mío—me abre aún más las piernas—y lo sera—de un empujón se hunde en mi interior

Siento como me desgarra, es como una bestia sedienta

—¡Por favor!— pide Aleck— Déjala

Se ríe de nosotros. Siento un líquido caliente en mi interior. Sale de mi interior alejándose en dirección de Aleck, lo toma del cabello, lo levanta y amarra a una tabla redonda.

—Fuiste muy hombre al tomar a mi mujer, ahora veamos si eres igual de hombre para soportar las consecuencias.

Con una navaja rasga las piel del torso de Aleck, la sangre comienza a salir por borbollones. Un corte grande y profundo que empieza desde la clavícula hasta el hueso de la cadera.

—Deja de llorar, pareces una marica, de nada te sirven estos—con la mano enguantada aprieta los testículos de Aleck, los jala y empieza a cortarlos.

—¡NO! ¡Detente! ¡Para por favor!—grita desgarrando su garganta.

No tengo fuerza, solo lloro viendo la escena del amor de mi vida destilando sangré, lo había mutilado.

Me tomaron y amarraron a la misma mesa de metal, la corriente eléctrica me ase apretar los dientes, me orino ensima, meten un Teaser en mis partes asiendome gritas, ponen pinsas en mis pezones dándome voltajes muy altos, el dolor me duerme el cuerpo, mis ojos se cierran solos. A lo lejos deslumbro a mi madre, me ve y sonríe mientras mese al bebé en sus brazos.

El agua fría me ase reaccionar, estoy colgando de nuevo, Teodore Sinclair se pasea a mi alrededor

—Tu sola te condenaste—dice pasando por mi cuerpo un látigo de cuero—Sabias que me pertenencias y aún así te negaste a ser mi esposa, este es el castigo por el desprecio que le hiciste al Scandy

—¿Y Aleck?—pregunto con la vos rota

—Ah, el marica de ayer—dice—Mala elección la tuya

Me tenso cuando el látigo de cuero se estrena contra mi espalda, suelto un grito cuando me da otro, al que le siguen cinco más

—¡Ya!

—¡Debías ser mía!—me grita

De un momento a otro se descontrola dándome latigazo tras latigazo, ruego porque me deje en paz, lloro con fuerza sintiendo la piel de mi espalda reventada y la sangre bañarme las piernas.

Unos hombres encapuchados entran al lugar, con ellos traen un plato de carne humeante. Teodore me desata y me obliga a sentarme en una silla

—Genießen Sie Ihren Liebsten—me dice




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