El demonio en el que me convertí es el resultado de todo lo que viví, lo que aguante y me calle
Athalia Duvessa
El tintineo de las frías cadenas es lo único que se escucha, la oscuridad del frío calabozo en el que me enserraron, las lágrimas cubrían mi rostro, tenía heridas habiertas en todo el cuerpo, pero ninguna de las heridas se compsrava con el dolor de haber perdido a Aleck.
Hoy no ah venido, Teodore lleva viniendo aquí todos los días. Primero me golpea y luego abusa de mi.
Tengo los brazos entumecidos, las drogas que me a inyectado están cobrando factura en mi cuerpo deshidratado y sin alimentar.
—Guten Morgen, mein Schatz
Buen día, amor mio
Las lágrimas vuelven a salir de mis ojos al escuchar su voz. Aprieto los ojos, deseando morir cuando me clava una jeringa en el abdomen.
—Por favor, déjame ya.
—Esto puede acabar, pero tú sabes la condición.
—¡Jamás seré tu esposa!
La bofetada que me da manda a volar un chorro de sangre de mi boca.
«Por favor Diosito, llévame contigo».....
—Anoche llorabas otra vez
—No me agas caso Pol, solo son pesadillas
—Me lo has dicho muchas veces—deja que le abroche el pijama—por eso hoy cuando la profesora hizo la oración en clase, yo le pedí a Diosito que alejara tus pesadillas, la abuela prometió llevarnos el domingo a la iglesia ¿Vendrás conmigo?
—Claro, ahora duérmete, mañana tienes que ir a la escuela—asiente
—Quédate conmigo hasta que me duerma—le beso la cabeza, sus mejillas llenas de pecas conservan un leve sonrojó.
Es muy pequeño, debería estar con su mamá y no crecer viendo a la abuela como su madre, a veces me preguntó porque ella nos hizo daño, nunca nos portamos mal.
...
Que bien se siente no tener que darle veinte vueltas al campo, el abuelo me trajo, llegué temprano
Me dirijo al campo de entrenamiento, ayer cuendo llegue a casa me fue un tanto complicado explicar la sangre que llevaba en la ropa y por algún motivo que desconozco, también tenía sangre entre los pechos, tuve que decirle a mi familia que un compañero se lastimo con un puñal y tuve que ayudarlo.
No me creyeron, osea, ellos saben que así alguien se esté muriendo frente a mi, jamás me acercaría a ayudar, mi abuela dijo "¿Tu ayudando a alguien más? Creería más que me dijeras que tú lo lastimaste. Y si, eri a muchos.
Mis compañeros se me quedan viendo raro, bueno, no los culpo, después de lo que vieron ayer, cualquiera estaría conmocionado aún, volteo los ojos, me desespera la gente metiche, me vale un pepino lo que piensen.
Ató mis agujetas, las botas de entrenamiento son muy pesadas.
—¡Hola!
—Hola—le respondo a la chica
—Lo que hiciste ayer, wow, estubo asombro
—mmm ¿Gracias?
—De nada, pareció que petrificaste a todos, pero a mi no, bueno tal vez si, pero solo un poquito —se ríe —pero a mi hermano le fasino, me lo dijo.
—¿Tu hermano?
—Si ya sabes, el nuevo director, ya te lo había dicho antes
Escuchamos un silbido, la orden para que nos vallamos a formar, me dirijo al centro del campo con la chica a mi lado
—¿Cómo te llamas?—pregunta
—Athalia
—Ah, me encanta tu nombre, mucho gusto Athalia, mi nombre es Clarisa —me extiende la mano la cual no tomo.—Por cierto, me encantan tus pupilentes ¿Donde los conseguiste?
—Ah, no, son naturales—le digo
—Ay, que kiut, son hermosos
Llegamos al lugar donde están formándose las filas, hoy hay menos personas, los que faltan seven ser los que no pasaron la prueba.
—Duvessa—me llama un supervisor, me acerco a él— El director solicita tu presencia en administración.
Asiento, me deja pasar y me adentro al edificio, no tengo idea de dónde pueda estar la oficina, pero de una cosa estoy segura, tienen que estar arriva.
Sigo uno de los pasillos que encuentro primero, no hay nadie a quien pueda preguntar, «devi preguntar»
En este momento me sería de mucha utilidad esa chica. Sigo mi camino y suspiro cuendo encuentro unas escaleras, la sigo pero no van a dónde yo quiero, intento regresar pero me es inútil, al cabo de dies minidedusco que estoy perdida.
Resoplo frustrada, comienzo irritarme, sigo el camino que tengo enfrente, el abuelo me estaba diciendo como era este lugar por dentro, debí prestar atención.
Trato de calmarme porque a este punto ya estoy muy alterada, me perdí y lo más probable es que me den una sanción por incumplimiento de órdenes y saltarme parte del entrenamiento.
Paso frente a unas puertas, todas alineadas de cada lado de la pared, estoy segura que estoy muy perdida aquí.
Paro en seco al escuchar quejidos, mientras más camino por el pasillo, más fuertes se escuchan los quejidos, me acerco más al lugar de donde vienen, en un pasillo algo pequeño entre dos paredes es de donde vienen.
Me escondo en la pared y me asomo un poco, para mí sorpresa o mi trauma, lo que escuché no eran quejidos, eran gemidos, una rubia es envestida contra la pared por un moreno.
El cuerpo se me estrese y una arcada me abarca, me alejo caminando hacia atrás. Que gente tan asquerosa.
Me tapo la boca cuando me sobresalto, choque contra alguien. Me volteo, encontrándome con un par de ojos negros que me ven curiosos
—¿Estabas espiando a esos dos?
—¿Que?
—Ya, tranquila, no le diré a nadie que eres una pervertida
—¿Disculpa?—reclamo—No sé quién seas, pero te prohíbo que te expreses de cualquier manera de mí.
—Hey, tranquila—sonrie de medio lado, me queda viendo el pecho, frunso el seño—¿Que ases aquí? ¿No tendrías que estar en entrenamiento?
¿Que se cree para verme de ese modo el pecho? Me cruzó de brazos.
—Busco la oficina del director, me mandó llamar
—Ah, eres tú—eleva una ceja—¿Estás consiente de que la impuntualidad se castiga?