Prohibido

Capitulo 5

¿Amigos o enemigos?

Athalia Duvessa

Nathaniel se pone de pie atravesando su cuerpo en mi campo de vista, una chica de cabellera rizada sale casi corriendo de ahí

La pena me invade al pensar que llegamos en el momento menos oportuno, pero ya estamos aquí y ni modo.

—Tu nos mandaste a llamar, no te enojes conmigo.

—La puerta se toca antes de entrar—le dice el sujeto al chico frente a mi

—Ya, no te enojes, mejor dinos ¿para que nos llamaste?

Se da la vuelta regresando a la oficina, Nathaniel me ase una seña para que lo sigamos adentro. No me da mucha confianza, no parece ser hermano de Clarisa.

Me quedo al lado del chico, ambos en posición, espalda recta y manos en la espalda. Mantengo los ojos fijos en el mueble de madera que tengo enfrente, me da pena pensar que interrumpimos su...

—Hace una hora tenían que estar aqui—dice, su voz gruesa con un deje profundo de molestia.

—No te doy escusas, la verdad es que no quería verte la cara de amargado.

—Me estás faltando el respeto Nathaniel.

—No, tu no mereces respeto, la forma en la que te encontre deja mucho que desear.

—No voy a ponerme a discutir contigo —se voltea a mi—¿Y tu? ¿No vas a justificar tu impuntualidad?

—Me perdí señor, no conozco las instalaciones...

—Esa no es escusa, solo un retrasado no sabe dónde está administración.

—Oye no le hables así.

—No es contigo Nate.

Aprieto los puños tras mi espalda, las ganas de estrellarle la cara contra el mueble son muy fuertes, es un arrogante de mierda, nadie se atreve a siquiera verme y él viene con su ego a querer pisotearme.

—Podria indicarme el porque de solicitar mi presencia aquí—demando esta vez viéndolo a la cara.

—A la mierda los dos, ochenta vueltas al campo de entrenamiento Alpha.

***

No todo podía ser perfecto, primero me pierdo, luego la camisa al revés y ahora, estoy dándole la vuelta al campo, se suponía que no aria esto hoy.

—Vele el lado bueno

—¿Cómo le veo el lado bueno a qué me sancionarán?

—Que nos sancionaron a los dos, Bastian se está desquitando porque le arruine el polvo que se estaba echando.

—No lo digas así, suena asqueroso.

—No hay manera de decirlo más discreto, además es algo normal.

—No acostumbro hablar de la vida íntima de los demás.

—Vale señorita Duvessa, usted no mata una mosca—se me burla—solo presos.

—¿Vas a dejar

—No.

Me duelen las piernas, llevo sesenta vueltas, ya no puedo, yo debería estar practicando tiro al blanco con mis compañeros.

A lo lejos veo a Clarisa, en el tiro al blanco, el arco es muy grande, la punta de la flecha que dispara no le da al blanco.

—¿No tienes hambre?

—No ¿Tu si?

—La verdad es que si, se me pegaron las sábanas y no desayuné, Clarisa me despertó y me quedé dormido de nuevo.

—¿Por qué no pones un despertador?

—Porque lo suspendo — echa a reír, el cabello negro se le revuelve con el viento, si lo detallo bien, se parece más al director que a su hermana.

—¡Más rápido!

Ambos volteamos a nuestra derecha encontrando en el centro del campo al director, trae puesto el uniforme de entrenamiento, la playera negra le remarca el torso y los brazos.

—¡¿Por qué no lo haces tú?!—le grita de vuelta el chico

—No lo provoques, nos pondrá otra sanción

—Que se aguante por gilipollas.

Seguimos corriendo al rededor del campo, la maldita camiseta sigue al revés

En cada vuelta que doy voy dejando un órgano tirado, ya no doy para más, anoche no pude dormir y las migrañas regresaron.

Cada día es más grande la laguna mental que tengo, con cada pesadilla, siempre regresa un recuerdo y aparecen muchas dudas.

Es horrible la sensación de tu cuerpo cuando te dan crisis, cuando pasas toda la noche llorando en un rincón de tu habitación y no puedes moverte, solo puedes llorar, y lo odio, odio llorar, porque nunca hay un motivo, simplemente se siente un vacío en mi pecho, un dolor que no siento y ver cómo mi vida pasa en automático.

Todo está bien, pero no sé siente bien, la vida sigue normal, soy yo quien no avanza con ella, me estoy estancando en un hoyo negro del que con forme más pase el tiempo más me voy a estancar y no podré salir.

Son tantas las dudas que tengo, nadie sabe responderlas, nadie da explicación sobre mis cicatrices, sobre mis ataques de pánico, sobre mi rechazo por el contacto de la gente.

Siempre estoy alerta, siempre siento que me ve de lejos, que alguien me vigila, el abuelo dijo que era una alucinación, pero no lo veo así, yo sé que alguien me vigila.

Nada de lo que me pasa es normal, ni mis sueños, ni mis dudas, ni el miedo que tengo, o la sensación de que algo va a pasar.

—¿En qué piensas?

—Ah, en nada.

Nos detenemos, terminamos ya de correr alrededor del campo.

Nos dirigimos al tiro al blanco, Clarisa me llama, no conozco a nadie, ella me ha tratado bien sin conocerme, no tengo porque portarme mal con ella aunque al principio no me caía bien.

—¡Hola!—dice cuando me ve— ¿Que ases aquí Nate?

—El gilipollas de Bastian me sancionó por llegar tarde a su oficina.

—No ha estado de buen humor, el otro día me grito por no haber podido detener al perro.

Silban llamando a formación, todos acatamos la orden y nos formamos en filas.El director se posa al frente de todos, Nathaniel se va a dónde él, por lo visto si estará en esta tropa

—En el lugar del soldado 1, hoy se posiciona Nathaniel Smirnov.

El chico pasa al frente, le colocan una insignia en el uniforme, pasa a formarse al frente de la primer fila de soldados.

— Felicidades —le susurra su hermana

El director pasea los ojos por la tropa, de un momento a otro se queda fijo en un punto específico, en mi o no, no en mi, en mi playera al revés.




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