Prohibido cruzar la línea #2

Capítulo 1

Capítulo 1

Randall Jones:

Me burlo de buena gana de la pelirroja bonita e inquieta que está a mi lado, no ha dejado de comerse las uñas con ese ceño fruncido y sus piernas en constante movimientos.

—Ay Dios, tengo deseos de ir al baño. —murmura, mirando el exterior a través de las ventanillas del auto.

—Relájate, princesa —Sonrío divertido, recibiendo su mirada fulminante—. Son los nervios.

—¿Cómo puedes estar relajado? —Hace un puchero, mirándome— Te recuerdo que, aunque es tu segundo año en la universidad, es la primera vez que vas de forma presencial.

Sonrío.

Opté por tomar mi primer año de universidad por vía online, todo por ella. Ya que es un año menor que yo, ambos decidimos entrar a la universidad juntos por primera vez, así que mientras mi primer año lo pasaba por internet ella, terminaba la preparatoria. Justo hoy estábamos en camino, su primer año de universidad y mi segundo, pero con ella se siente como el primero.

—También estoy nervioso.

—Sí, como no.

Se dedica los próximos minutos a mirar el paisaje de afuera, ignorándome a propósito.

Me río, sin dejar de observarla.

Tina Jonshon ha sido mi mejor amiga desde mis seis años y a pesar de que vivíamos en diferentes países, siempre hemos estado el uno para el otro.

Desvío la mirada de su cabellera pelirroja hasta mi pulsera de hilo azul y un grabado en mayúsculas. Recuerdo ese día en el que Tina me lo regaló, fue el mejor cumpleaños de mi vida aunque después de lo que pasó en el jardín opacó un poco ese día.

No soy tonto y de niño tampoco lo era, A mi no me jode que esa mujer con aspecto de La llorona fue la ex novia de mi padre. Por cómo actuaron ellos y mis tíos al mencionar lo sucedido, pero era bastante obvio que esa mujer era sinónimo de problema, aparte que me acuerdo de la ex novia de mi papá.

Kim García, ese era su nombre.

No me han dicho nada desde esa fecha para acá, pero durante todo estos años he notado la tensión y la sombra de preocupación en sus rostros cada vez que digo que voy a salir o mis hermanas. Fingen que todo está bien y que somos una familia feliz —que lo somos— y que nada nos afecta. Como si ese hecho nunca hubiera existido.

Una vez de niño pregunté, y la primera vez que me negaron una respuesta sincera con respecto al tema, desistí de seguir indagando. No quería escuchar más mentiras. Amo mucho a mi familia y sé que desde niño me han dicho alguna que otra mentira por mi propio bien, incluyendo lo de esa mujer, pero las mentiras las odio y no hay nada más doloroso que eso provenga de tu propia familia.

Así que para evitarlo, no volví a tocar el tema. Aunque seguía pensando y dándole vueltas en mi cabeza.

—Randy —Tina se voltea hacia mí, con una sombra de preocupación grabada en su rostro— Mónica estaba bastante extraña en el aeropuerto, ¿no crees?

Asiento en silencio, escogiendo mis palabras. Mi madre, por no mencionar a mi padre, no dejaban de despedirnos en voz baja. Sus ojos no se quedaban quietos, se desplazaban de un lugar a otro sin perdernos de vista a mis hermanas y a mí, incluso a Tina.

—Su bebé ya es grande y se irá con su mejor amiga a estudiar a otro país —bromeo—. Claro que se va a poner toda rara; me va a extrañar.

Sonríe y con su dedo índice me pincha la mejilla; su uña ligeramente clavada en mi piel sin ser molesto.

—Así que eres un bebé. —canturrea.

—No —Toco la punta de su nariz, provocando su sobresalto y se aparta—. Tú eres la bebé aquí.

—¿De qué hablas? —Frunce el ceño, soltando un bufido— Tienes un año más que yo nada más.

—Con más razón —sacudo las arrugas inexistentes de mi ropa— Respeta a tus mayores, jovencita.

—Uy, perdón —Rueda los ojos—. Fósil de la prehistoria.

Me río.

Se ríe a carcajadas, consiguiendo la mirada del conductor por unos segundos. ¿Pero yo? Yo pierdo el tiempo detallando cada detalle de su rostro, sobre todo aquellas partes en las que el sol la alcanza a través de la ventanilla del auto.

Me encanta observar a Tina Jonshon.

**

—Menudo pedazo de edificio —murmuré, soltando mi maleta a mi lado.

Oh mio Dio —susurra Tina, imitando mi gesto— Espero que mi tío Noah no haya comprado todo el edificio.

—Se te olvida que tu tío es Noah Jonshon.

Nos reímos, sin apartar la vista del edificio.

Este se alzaba frente a nosotros como una mole de cristal y acero, de doce pisos que parecían tocar el cielo gris de Berlín. La fachada era limpia, elegante, con balcones de líneas modernas y plantas que asomaban en algunos de ellos como pequeños pulmones verdes. Un cartel discreto en la entrada anunciaba el nombre del complejo: Riverside Towers.

A ambos lados de la puerta principal, dos guardias uniformados vigilaban la entrada. No eran de esos que se sientan a leer el periódico. Estos tenían el traje bien planchado, el pinganillo en la oreja y una mirada que te recorría de arriba abajo antes de decidir si sonreírte o no.

Más allá, se veía el acceso al garaje subterráneo, con una barrera automática y una garita para el control de vehículos. No había muchos coches circulando. El barrio era tranquilo, de esos donde el lujo se nota en el silencio y en la ausencia de gente en la calle.

—Es un obsesivo compulsivo. —dijo al cabo de unos segundos en silencio.

Sonreí.

Conocí a Noah Jonshon cuando era un niño, en ese viaje a Italia con mi tía Aka. Es un hombre que impone sin esfuerzo, posesivo con su familia, en especial con su esposa. Bastante solidario con quien lo merece, aunque si lo traicionas... nadie sabrá más de ti.

No tengo pruebas ni tampoco dudas de que el tío de Tina anda en cosas... raras.

Como sea, no es asunto mío.

—Vamos, fósil —Tina tiró de su maleta hacia la entrada—. Quiero ver la piscina antes de que anochezca.

—¿Sigues con eso? —me quejé, sonriendo sin que me viera y la seguí arrastrando mi maleta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.