Prohibido cruzar la línea #2

Capítulo 2

Capítulo 2

Tina Jonshon:

El ruido de la secadora termina cuando la desconecto de la corriente. Mientras la dejo sobre la cama, escucho murmullos en la sala seguido de una carcajada.

Deben ser los Jones.

Me despojo del albornoz y me visto con el pijama mientras me observo en el espejo del tocador de mi habitación. Desde que llegamos al complejo en la mañana hemos estado desempacando y acomodando. Nos llevó algunas horas, teniendo en cuenta que eran pocas nuestras pertenencias ya que mi tío pensó en todo y el décimo piso está completamente amueblado con lo necesario. Incluso hay cosas aquí que dudo que las necesitemos alguna vez.

Luego salimos a almorzar algo rápido y conocer la zona donde viviríamos unos cuatro años aproximadamente. La universidad, por el contrario, la veríamos mañana temprano por la cuestión del papeleo.

Y oficialmente, las clases comienzan el lunes a las ocho. O sea, dentro de cinco días.

Ahora eran cerca de las siete y cuarto de la noche, Randy prefirió repasar sus apuntes del curso pasado durante las dos horas que yo aproveché para descansar del viaje.

Me doy un último repaso en el espejo, palpando las puntas de mi cabello ligeramente ondulado, y luego salgo de mi habitación para ir a la sala.

Escucho a Randy antes de verlo; está desparramado en el sofá mientras habla con su familia por videollamada.

—Que buen chiste, de verdad. —dice en cierto tono irónico, al mismo tiempo que me acerco por detrás.

El chico se sobresalta cuando mi respiración me delata contra la piel de su mejilla.

—Joder, menudo susto —murmura, mirándome de reojo— Avisa antes, eh. No vaya a costarte mucho el esfuerzo.

Ruedo los ojos divertida ante su tonito irónico y me fijo en la pantalla del celular, viendo a Mónica Jones riéndose de la situación.

—Hola, Tina —dice—. ¿Qué tal el viaje?

Randy se queja de que su madre me pregunte lo mismo que le ha preguntando a él. Mónica lo ignora, divertida.

—Hola, Mónica —saludo de vuelta, agarrando el teléfono en mis manos cuando Randy me lo deja y rodeo el sofá para sentarme a su lado—. Ha sido un trayecto bonito y agotador, pero bien.

—Sin contar que alguien por poco se lanza del coche por un ataque de nervios.

—Serás mentiroso —frunzo el ceño mirándole—. Sí, estaba nerviosa, pero no a ese extremo.

—Sí, sí, claro.

Entrecierro mis ojos en su dirección, pero relajo mi expresión ante la voz de Mónica.

—Ya me estuvo diciendo Randy que salieron a conocer la zona luego de desempacar.

Asiento. Hablamos entre los tres sobre la zona en la que vivimos ahora y nuestro piso, incluso le comento que me parece que mi tío Noah compró el edificio entero. Aún no hablo con mi familia, solo he intercambiado unos mensajes con mi madre y mi tía Andrea, prometí llamarles antes de ir a dormir, así que planeo tocar el tema del edificio.

—¿Qué tal llevan nuestra ausencia? —bromeo.

—Ni te imaginas. No creo poder aguantar hasta el verano para verles —Suelta un suspiro dramático y nos reímos—. ¿Ya cenaron?

—Iba a servirnos ahora —Respondo, notando a Randy levantarse del sofá—. ¿Y las gemelas?

Mónica me responde que sus hijas están con Brady y Diego en la sala viendo las caricaturas. Y como si las hubieran invocado, ambas corren a vernos en la cámara.

—¡Tina holaaa!

Sonrío al ver a las gemelas Jones acaparar toda la cámara sin dejarle espacio a su madre.

—Hola, chicas R. ¿Cómo están?

—¡Bien! —hablan en sincronía— ¿En dónde está mi hermano?

Llega el momento en que te acostumbras a diferenciarlas por sus personalidades y pequeños gestos propios. También me acostumbré a sus palabras y acciones sincronizadas la mayor parte del tiempo. Al principio parece súper extraño, pero luego te adaptas a ello sin que te parezca raro.

Ante la pregunta de Rhia, busco con la mirada al pelinegro y lo veo en la cocina, sirviendo la cena.

—Está sirviendo la cena.

Randy se acerca a saludar a sus hermanas brevemente y justo aparece Brady con Diego. Saludo al padre de mi mejor amigo al igual que él habla con su padre. La charla es breve, ya que Brady y Mónica quedan desplazados por sus hijas y Diego en la cámara.

El pelinegro vuelve a la cocina a terminar de servir la cena en lo que escuchamos a Diego hablar sobre su dibujo de su futura línea de ropa, al mostrar en cámara dicho dibujo me convenzo aún más de que nació con el don de su madre. La tía Wakanda está toda orgullosa de su hijo, feliz de que quiera seguir sus pasos cuando sea mayor, y aunque al tío Thiago le hubiera gusto que su hijo fuera un abogado está feliz de los sueños de su hijo y lo apoya en todo. También he de admitir que Diego es un poco consentido al ser hijo único, pero eso no quita que sea un buen niño, educado, divertido y de buen corazón.

Rhia aprovecha los sueños de su primo para hablar de los suyos, enseñándome alrededor de veinte hojas con diagramas, flechas y otros signos. No entiendo nada de eso, pero me gusta oírla decir que será una ejecutiva como su madre y que se prepara para el futuro desde ya, sin dejar de ser niña.

Ryn le apasiona el fútbol como a su hermano y padre, sin embargo, ella no ha hablado —al menos no delante de mí— sobre qué querría estudiar en el futuro o qué hará de mayor. Ella vive su presente, sin pensar de todo en el futuro. Sin embargo, cuando parece que es su turno de hablar, aunque sea para decir que le gusta el fútbol por no sé cuánta vez, la veo con el ceño fruncido y pensativa.

Su gemela la empuja ligeramente del hombro, llamando su atención. Contrario a lo que espero —como un «¿eh?», por ejemplo—, suelta lo que tanto pensaba:

—¿Todos los franceses son tontos?

—¿Qué?

Hasta Randy se da la vuelta, deteniéndose, para mirar hacia aquí.

—A nuestro salón llegó un niño francés de intercambio... —explica Rhia, pero su gemelala interrumpe.

—Es insufrible.

—Ryn —Su madre llama su atención—. No está bien que hables así de tus compañeros.




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