Capítulo 5.
Randall Jones:
—Dime, princesa —Murmuro, avanzando un par de pasos hacia ella—. ¿Qué hice para ganarme tu odio?
La veo retroceder la misma cantidad de lo que me acerqué y eso solo me hace sentir... incómodo. ¿Qué demonios le sucede?
Todo marchaba bien desde la mañana, las clases fueron bien aunque intensas, incluso nos tropezamos en los pasillos y almorzamos juntos. Acordamos salir con Malú de la facultad. Y mientras ella tenía dos turnos de clases más en la tarde, yo tenía tiempo libre que aproveché para conocer la cancha de fútbol. Me metí en un pequeño partido con un grupo de universitarios de otras facultades, hasta que solo quedamos Javier y yo. El tío estudia en nuestra facultad y mi año, está haciendo licenciatura doble para los negocios empresariales de su padre y su sueño de abogado, y encima saca tiempo para el fútbol. Admirable, sí señor.
Estaba enfrascado en el partido, cuando Javier me preguntó si una de esas chicas era mi novia o familia, porque parecía estar buscándome. Cuando miré en aquella dirección vi a Tina con Malú, hablando entre ellas. La tía hizo como para acercarse aquí —con bastante entusiasmo, he de admitir—, pero Tina se negó. Su voz diciendo «No» llegó hasta donde estábamos Javier y yo, y eso fue lo que me hizo dejar de prestar atencion al juego. De repente, cuando volví a mirar, ya se estaban marchando casi a carreras.
Javier, aunque extrañado por la situación, me hizo quedarme unos minutos más para terminar el partido y luego me fui. Hacía un calor del infierno, o así me sentía por lo que no me puse la camisa ni para regresar al piso.
Desde que Tina se fue con Malú, me sentí inquieto. Quería saber la actitud de la pelirroja, si le había pasado algo, si hice o dije algo sin darme cuenta que la molestó. Realmente no sé qué había pasado, incluso pensé que tal vez estaba haciendo una tormenta mental por nada porque pudo haberme visto con Javier jugando y no queriendo interrumpir, se marchó. Sé que existe esa posibilidad, porque la conozco y no es la primera vez que lo hace. Pero aún así, ese momento fue... extraño.
Y ahora estoy aquí, queriendo averiguar el origen de su comportamiento entre pequeñas bromas y un tono serio. Pensé que estaría como siempre y me diría que no quería interrumpir, luego olvidaríamos el asunto y veríamos una serie en Netflix mientras cenábamos, hasta la hora de dormir y cada quien a su habitación.
Pero sigue con esa extraña actitud de hace un rato, y me está volviendo loco no saber por qué.
—Non ti odio —suspira, evitando mirarme mientras se abraza a sí misma—. Estoy cansada, fue un día bastante intenso.
Para mi también lo fue, pero comprendo que es su primer día de su primer año de carrera. Aún así, me suena a una tonta excusa.
—Mejor ve a descansar y yo hago la cena —cambio de tema, despegando mi espalda de la pared—. Te llamo cuando esté lista.
Ni siquiera hace el intento de protestar por mis órdenes, solo asiente sin mirarme y se marcha con evidente prisa hacia su habitación.
Suspiro, mirando al techo como si ahí estuvieran todas las respuestas que estoy buscando.
¿Qué demonios pasa? ¿Y por qué siento que habrán otros momentos con este... ambiente que me jode?
**
Me equivoqué con mi presentimiento. Ese ambiente incómodo que tanto odié, donde ella fingía que no me evitaba y yo como idiota tratando de entender el motivo de su actitud, se extinguió. Ocurrió como un silencioso borrón y al olvido, no tocamos el tema y simplemente seguimos con nuestros asuntos como si nada.
Pero cada mañana en que nos damos los buenos días en el desayuno, que la veo perdida en sus pensamientos, no puedo evitar preguntarme si fue correcto no esclarecer mejor lo del lunes aunque no tenga el contexto, o si hacer como si nunca pasó, fue lo mejor.
Miro el reloj con impaciencia, antes de volver a buscarla con la mirada. Nunca dijimos de irnos juntos a la clase optativa o de almorzar en la misma mesa, pero lo asumimos así como la ida a la facultad y el regreso al apartamento. Siempre hemos sido así desde la secundaria, ya que la primaria la pasamos alejados y visitándonos los días feriados, fines de semana y vacaciones.
La etiqueta de amigo es muy fuerte, con un profundo significado y responsabilidad que no todos saben adquirir. Tina Jonshon sobrepasó dicha etiqueta, me demostró que hay un nivel muy por encima de la amistad. La princesa pelirroja es mi mejor amiga, desde que vi aquella linda mirada hazel tan noble y llena de una fuerza que me sonrojó hasta las orejas, supe que sería una de las personas más importantes en mi vida.
Y al sol de hoy, no me equivoqué.
Una sonrisa nostálgica se pintan mis labios inevitablemente al recordar mi torpeza con seis años cuando la conocí. Fue demasiado evidente que esa pequeña niña italiana de cabello rojizo me hechizó completamente. Tuve otros niños a los que llamaba amigos, pero nadie como ella para portar el título.
—¡Siento la tardanza!
Alzo una ceja, viéndola llegar corriendo hasta donde estoy mientras abraza sus libros. Le doy unos segundos para que recupere el aliento.
—¿Te perdiste otra vez por los pasillos?
Se endereza, mirándome con falsa indignación.
—Tengo buen sentido de la orientación, para que sepas —Responde—. Malú me arrastró a una conferencia de su padre en el último año, y perdí la noción del tiempo.
—Tranquila, vamos a tiempo. —miento, con una pequeña sonrisa.
—Bugiardo —me golpea ligeramente el brazo, cuando pasa por mi lado—. Tenemos dos minutos de retraso.
«Mentiroso.»
La sigo, echándole otro vistazo al reloj y sí, vamos con dos minutos de retraso. Cuando me pongo a su lado, mientras avanzamos hacia el salón de la clase optativa, le quito los libros de las manos.
—¡Oye! —se detiene, con el ceño fruncido e intenta quitarme sus libros.
—Yo llevaré esto —Determino, volteandome un poco para evitar que los agarre—. Usted primero, su alteza.
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Editado: 23.08.2026