Prohibido en casa

Capítulo 13: El factor Noah POV LOGAN

Me arde la mano. Me miro los nudillos mientras estoy sentado en el vestuario y los tengo en carne viva.

Ni siquiera sé contra quién me he pegado en el entrenamiento de hoy, solo recuerdo el sonido de un casco chocando contra el metacrilato y el sabor metálico de mi propia rabia. Mark me ha echado del hielo a los veinte minutos. Me ha gritado que soy un animal, que si sigo así me va a quitar los galones de capitán delante de todo el equipo.

Me importa una mierda. Me importa todo una soberana mierda.

Llevo días viviendo en un búnker de hielo. Desde que salí de su habitación aquella noche, con el "mensaje recibido" quemándome la cara, siento que tengo un motor de mil caballos de potencia rugiendo en el pecho y no tengo dónde soltarlo.

Ella quería distancia, ¿no? Ella quería que fuera su "hermanastro". Pues toma distancia. Dos tazas.

Pero lo de esta mañana ha sido la gota que ha colmado el vaso. Y lo peor es de quién ha venido.

Estaba en el coche, esperando a que ella saliera. He visto aparecer el Jeep de Noah aparcando justo delante de nuestra casa. Noah. Mi mejor amigo. El tío que liev con cubriéndome las espaldas en la pista desde que teníamos diez años. El eterno segundo del equipo que siempre ha aceptado ir detrás porque yo era el primero. Hasta hoy.

Lo vi bajar, caminar hacia ella y decirle algo que la hizo sonreír. Esa sonrisa que se supone que era mi secreto de Ibiza.

Apreté el volante hasta que me crujieron los huesos. Quise bajarme y estamparlo contra la nieve.

¿A qué juegas, Noah? Sabes perfectamente quién es ella. Sabes que es intocable. O quizás precisamente por eso lo haces. Porque estás harto de ser la sombra en todo y has decidido que mi "hermana" es el trofeo que me vas a quitar.

Lego al instituto tarde. Camino por los pasillos apartando a cualquiera. Y ahí están, junto a las taquillas. Noah le está enseñando algo en el móvil y ella se ríe.

—¡Logan! ¡Cariño!

La voz de Mackenzie me llega como un taladro. Normalmente la mandaría a paseo, pero veo que Lola nos mira. Es ahora o nunca. Si ella quiere guerra, va a tener una guerra mundial.

—Hola, nena —le digo a Mackenzie, forzando mi acento extranjero y subiendo el volumen para que se entere todo el pasillo.

Le rodeo la cintura y la atraigo hacia mí con una posesividad que me da asco, pero que necesito fingir. Mackenzie se queda a cuadros, pero se pega a mí como una lapa. Es el momento de marcar territorio, aunque sea con la marca equivocada.

—Te he echado de menos en el entrenamiento —me ronronea ella.

—Pues ya no me vas a echar más de menos —le suelto, arrastrando las palabras con una frialdad artificial.

Y la beso.

Es un beso agresivo, vacío. Un choque de labios que no me hace sentir nada, pero lo hago mirando de reojo. Lola se queda pálida. Sus ojos negros se clavan en los míos y veo cómo se le rompe algo por dentro.

Objetivo cumplido. Ella se da la vuelta y se marcha casi corriendo. Y Noah, cómo no, va detrás. El fiel sidekick buscando las sobras del rey.

En la cafetería, la tensión se puede cortar con un cuchillo. Estoy en la mesa central con Mackenzie colgada de mi cuello, pero mis ojos no salen de la esquina donde está ella.

Y entonces, Noah se levanta de su mesa y se acerca a la nuestra. El equipo se queda en silencio. Los dos líderes, frente a frente.

—Buen entrenamiento hoy, capi —dice Noah con un tono que no le había oído nunca. Un tono de desafío directo—. Aunque Mark dice que tienes que calmarte. No queremos que el capitán se quede en el banquillo por una rabieta, ¿verdad?.

Aprieto el tenedor hasta doblarlo. Mis compañeros miran al suelo. Saben que esto es algo más que hockey.

—Logan sabe lo que hace, Noah. No necesita consejos de alguien que solo sabe seguir su estela —escupe Mackenzie.

Noah ni la mira. Sus ojos están fijos en los míos. El que siempre fue mi sombra ahora me sostiene la mirada sin pestañear.

—Solo decía —Noah suelta una sonrisa de suficiencia—. Por cierto, este viernes después del partido hay party en casa de Tyler. He invitado a Lola. Espero que no te importe que la traiga yo… ya que tú estarás ocupado con tu "reina".

Siento que la sangre me hierve en las venas.

—Haz lo que quieras, Noah —digo en español defectuoso, forzando una sonrisa de superioridad que me quema la boca. —Lola es mayorcita. Mientras no llegue tarde y no moleste a mi coach, por mí como si la llevas al fin del mundo.

Noah asiente, satisfecho, y se da la vuelta. Veo cómo vuelve a la mesa de Lola y le dice algo al oído. Ella me mira.

Es una mirada de rabia pura, de decepción. No esperaba que me diera igual. No esperaba que la entregara en bandeja de plata a su mejor amigo.

El trayecto de vuelta a casa es un infierno. Mackenzie viene con nosotros en el asiento del copiloto, hablando sin parar de la fiesta. Lola va atrás, en silencio, mirando por la ventana como si fuera un fantasma.

Cuando llegamos, ella sale del coche antes de que yo pare el motor. Entra en casa sin mirar atrás.




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