Alex le gritó con un tono de celos, pues los vio abrazarse y tomarse de las manos mientras se sonreían con mucho cariño. Él pensó que tal vez eran novios. Kiara caminó rápido hasta el auto; Alex la saludó y le abrió la puerta, mientras veía a Max con desprecio y enojo a través de sus lentes oscuros. Max, por su parte, pensó que Kiara tenía un pretendiente y que no se lo había contado; se sintió un poco celoso también, pues en ningún momento imaginó que él era el jefe de Kiara.
Alex subió al auto y se fueron. El camino se puso algo incómodo, hasta que…
—Kiara, ¿quién era con el que estabas? ¿Era acaso tu novio? —preguntó Lia muy interesada.
Antes de que Kiara contestara, Cloe dijo:
—No digas esas cosas, Lia. Kiara solo está enamorada de nuestro papá, ¿verdad, Kiara?
Alex estaba tan molesto que frenó de golpe. Kiara supo de inmediato que él estaba enfadado, así que se giró a ver a las niñas para verificar que estuvieran bien. Una vez que lo comprobó, les dijo:
—Punto número uno: no es mi novio, es mi mejor amigo. Lo conozco desde hace mucho tiempo, es algo así como mi hermanito; aunque su cumpleaños es un mes antes que el mío, yo lo considero mi hermano menor y él lo sabe perfectamente. Ahora bien, punto número dos: su papá está rodeado de las mejores modelos y cantantes casi todo el día, yo no tengo nada de interesante en lo que se pueda fijar en comparación con ellas. Y punto número tres: yo tengo prohibido enamorarme de mis jefes, así que tranquilas, ¿de acuerdo? —dijo Kiara mientras se volteaba hacia la ventana.
—Kiara es muy profesional, niñas, así que tranquilícense, por favor. ¿De dónde sacan tantas cosas? ¿Qué les están enseñando en el colegio? Y Kiara no me gusta ni un poquito; se ve bien como su mamá, pero no como mi esposa, así que ya cállense, por favor —respondió Alex molesto.
Kiara sintió ese último comentario como un balde de agua fría; le dolió bastante, pero sintió un gran alivio, pues si Alex decía que no le gustaba, ella podría frenar ese sentimiento, ya que era algo unilateral.
El auto se quedó en completo silencio por unos minutos hasta que Alex dijo con un tono de nerviosismo:
—Ya casi llegamos. Espero que se comporten porque van a conocer a alguien.
—Ya se me hacía raro que fuéramos todos. Nos vas a presentar a otra de tus novias, ¿verdad? ¡Qué flojera! Para eso arrastraste a Kiara con nosotras, ¿cierto? Es para que nos comportemos —respondió Lia dando un enorme suspiro.
Kiara miró al frente y sintió cómo el corazón se le aceleraba.
—Exactamente, Lia. Si no traigo a Kiara con nosotros, ustedes no se comportan ni un poquito y no quiero problemas con ella. Llevamos saliendo dos meses y ya sabe de ustedes; está muy feliz de conocerlas, así que se los suplico: compórtense —contestó Alex con preocupación.
Cloe se puso triste y solo contestó:
—Papá, por favor, yo no quiero conocerla. Seguro que nos trata mal, como las otras.
Kiara sintió cómo su corazón se rompía, pues sabía que estaba enamorada de él, y solo pensaba: «Seguramente es una modelo o una cantante muy linda y hermosa. Aunque tal vez sea hueca como todas, con tal de que trate bien a las niñas no hay problema; aunque yo no esté a su lado, trataré de sonreír y estar feliz por él».
Llegaron al restaurante y el valet parking tomó las llaves del auto de Alex para estacionarlo. Las niñas entraron tomadas de las manos de Kiara.
—¡Hola, amor! Al fin llegas... Bueno, acabo de llegar, pero igual ya te extrañaba. ¿Son tus hijas? ¿Qué no eran solo dos? —dijo Sasha (la novia de Alex) con una voz dulce, mientras abrazaba a Alex.
—Sí, solo son dos. Ella es su niñera, Kiara. Sasha, ellas son mis hijas: Lia, de 11 años, y Cloe, de 9. Niñas, ella es mi novia, Sasha —dijo Alex nervioso y preocupado.
—Mucho gusto, señorita Sasha.
—Sí, lo mismo que dijo Kiara. Tengo hambre, ¿cuál es nuestra mesa? —dijo Lia con total despreocupación, mientras le preguntaba al recepcionista.
—Por aquí, por favor. Su mesa es esta, señor Alex —respondió el recepcionista.
Kiara primero sentó a las niñas y luego se dispuso a tomar un lugar mientras Alex corría la silla para que Sasha se sentara. Después de que todos estuvieron sentados, les trajeron el menú.
—Oye, Kiara, está guapo el mesero, ¿verdad? —dijo Lia entre risas, tratando de molestar a su padre.
—Ay, mi corazón, qué cosas dices. Mejor concéntrate en qué vas a comer, ¿sí? —respondió Kiara mientras le sonreía.
—Y ¿cómo les fue en la escuela? No se pongan nerviosas, yo quiero ser algo así como una mamá para ustedes, así que ténganme confianza. Ustedes dos son muy bonitas, igual que su padre —intervino Sasha.
—Sí, somos muy bonitas como nuestra mamá, a pesar de que nos abandonó. Y lamento ser yo quien te lo diga, pero ese lugar que tú quieres, Cloe y yo ya se lo dimos a Kiara y nadie más lo va a ocupar, lo siento —dijo Lia con un tono soberbio y levantando la ceja.
Llegó el mesero a escuchar las órdenes de cada uno. Kiara ordenó al último, mientras el mesero le decía:
—Y para la bella señorita, ¿qué sería?
Kiara se sonrojó y le dijo:
—Gracias, sería un salmón con salsa de eneldo, por favor.
—Por supuesto, en un momento les traigo sus platillos.
Sasha intentaba hablar con las niñas, pero ellas solo comían y la veían; no tenían ni el mínimo interés en escucharla. El ambiente se tornó algo pesado. Por más que Alex intentara amenizar el momento, todos sus esfuerzos eran inútiles. De pronto, escucharon al gerente del restaurante preguntar dónde estaba el cantante que había contratado, pues llegaría tarde por un asunto familiar y los demás clientes se empezaron a molestar porque era un restaurante con música en vivo.
Lia, sonriendo, volteó a ver al gerente y le dijo:
—Disculpe, señor gerente, mi mamá sabe cantar. ¿Por qué no la deja subir a su escenario?
—¿De verdad? —dijo el gerente.
—Sí, ¿verdad, mamá? Ella canta hermoso —respondió Lia mientras veía a Kiara.