Alex, que acababa de llegar, al ver a Kiara corrió para abrazarla.
—Te extrañé demasiado, ¿cómo estás? Te amo mucho. Nunca más hay que volver a separarnos, por favor —dijo Alex mientras la cargaba y la besaba.
—Yo te extrañé mucho más, pero me llamaron para decirme que descansarías dos días. ¿Qué haces aquí? —preguntó Kiara con preocupación.
—Bueno, ya no aguantaba estar sin verlas, así que no me regañes. Otro día más estando lejos no lo soportaría; además, puedo descansar aquí y contigo me recuperaré muy rápido, aunque necesito dormir.
—Exactamente. Así que bájame, por favor. No gastes más fuerzas; bastante tuviste con manejar toda la noche. Vamos a que descanses —respondió Kiara tomándolo de la mano y llevándolo a su habitación.
Kiara lo acostó y lo cubrió con la cobija. Se quedó a su lado hasta que él se durmió y luego llamó a su asistente para informarle que Alex estaba bien.
Dejó a Alex al cuidado de la señora Mar y se fue a la universidad.
Volvió por la noche y encontró a Alex ayudando a las niñas con sus tareas. Las pequeñas corrieron a abrazar a Kiara para contarle que su papá había vuelto, por lo que Kiara se apresuró a tocarle la frente a Alex para comprobar que no tuviera fiebre.
—Estoy bien, perdona por no ir por ti, apenas me desperté —dijo Alex.
—Bueno, por lo menos descansaste y eso es lo importante.
—Así es. Bueno, niñas, ya deben irse a dormir. Recuerden que mañana tienen colegio y ya terminaron la tarea. Así que buenas noches, las amo mucho —exclamó Alex mientras las abrazaba y les daba un beso en la frente.
—Buenas noches, papá. Buenas noches, mamá. Los amamos mucho —respondieron las niñas mientras subían por las escaleras.
Mientras Kiara verificaba que las niñas fueran a sus cuartos, sintió un tirón en el brazo: era Alex, quien la jalaba para sentarla en sus piernas y abrazarla.
—¿Qué se supone que haces? —dijo Kiara intentando levantarse.
—Nada... solo recargo mi energía. Te vi solo por unos minutos durante la mañana y luego te fuiste; te extrañé todo el día.
—Bueno... pero debes seguir descansando para que no te vuelvas a desmayar del cansancio, así que vete a dormir también.
Alex recargó su cabeza sobre el pecho de Kiara y, con voz caprichosa, dijo:
—No quiero. Quedémonos así por un rato más, por favor.
A Kiara le pareció tierno, así que lo abrazó y asintió con la cabeza.
—¿Cuándo terminas la carrera? —preguntó él.
—Dentro de una semana es mi ceremonia de graduación, así que espero verlos ahí —respondió Kiara recargando su cabeza sobre la de Alex.
—Por supuesto que no faltaremos. Por cierto, el fin de semana después de tu graduación tendré la fiesta de la que te hablé para celebrar el final de la gira. Me encantaría llevarte, pero no te va a gustar, porque muy probablemente vaya Patrik y no quiero que te esté molestando.
—No te preocupes, me quedaré con las niñas. Realmente no me gusta ir a fiestas, así que diviértete mucho, te estaré esperando —contestó Kiara dándole un beso.
—Bueno, estaré feliz de volver rápido a casa. Otra cosa: ¿seguirás asistiendo a la universidad o solo irás a la ceremonia de graduación?
—Estaré yendo por algunos exámenes y calificaciones a diferentes horas, por lo que estaré más tiempo en casa. Por ejemplo, mañana me quedaré aquí todo el día.
—Eso me agrada. Mañana saldremos a una cita; les diré a mis padres que cuiden a las niñas después del colegio —respondió Alex.
—De acuerdo, acepto. ¿A dónde iremos, para saber qué ponerme?
—No te preocupes. Mañana te compraré un lindo vestido para que te lo pongas, porque será una sorpresa.
—Yo creo que ya es momento de que nos vayamos a dormir, llevamos una hora así —dijo Kiara intentando zafarse de los brazos de Alex.
—Está bien, pero con una condición: déjame dormir contigo solo por hoy —dijo Alex mirándola fijamente.
Kiara lo pensó varios minutos, pero terminó accediendo. Lo llevó a su cuarto y le acomodó su lugar.
—No intentes nada raro conmigo, sabes bien que me sé defender.
Alex comenzó a reírse:
—Lo sé mejor que nadie, no te preocupes. Solo quiero dormir abrazado a ti, no haré nada más, lo prometo.
Se quedaron dormidos al instante mientras se abrazaban, y así despertaron a la mañana siguiente.
Kiara, como cada mañana, se levantó a preparar a las niñas. Luego de que se fueron, alguien tocó a la puerta y Kiara abrió.
—Hola, señorita Kiara, buenos días. El señor Alex me mandó a traerle este paquete. Espero que le guste, dijo que era para que lo usara hoy —mencionó la asistente de Alex.
—Muchas gracias, que tenga un buen día.
Kiara puso el paquete sobre la mesa y se dispuso a abrirlo: era un vestido corto pero muy hermoso de color vino, su favorito. En la caja también había unas zapatillas y accesorios. Se emocionó y dio un salto de felicidad.
—¿Tanto te gustó?
—Sí, es muy hermoso. Pero... ¿cómo supiste que el color vino es mi favorito?
Alex la abrazó por la cintura:
—Pasé un mes entero con mis hijas y ellas lo mencionaron. Así que, conociendo tu estilo, contraté a un diseñador, le di varias ideas de lo que quería y veo que logró la reacción esperada.
—Gracias, es muy lindo y es completamente mi estilo, estoy tan feliz... Entonces, ¿a dónde iremos? —preguntó Kiara con euforia.
—Iremos a comer y luego pasearemos por un lugar que me encanta; es perfecto porque no hay personas a cierta hora de la tarde.
Ambos comenzaron a arreglarse. Alex terminó primero y estuvo esperando a Kiara unos minutos...
—*Wow*... Te ves hermosa, me dejas sin palabras. Voy a tener que ponerte escoltas para que nadie se te acerque, porque con cualquier cosa que vistas te ves preciosa. Soy afortunado de tener una novia tan linda por dentro y por fuera; seré la envidia de todos en el medio —dijo Alex besándole la mano.
Kiara disfrutaba tanto de aquellos cumplidos que solo podía sonreír y sonrojarse.