—Tu bella esposa me llamó antes de la fiesta y me pidió que le consiguiera un somnífero, así que se lo entregué antes de que tú llegaras. Ella lo vació en una copa distinta a la suya, pero a la muy idiota se le pasó la mano y puso de más, por eso comenzaste a sentir mucho sueño a los pocos minutos.
—¿Eso qué tiene de importante? —dijo Alex.
—Tranquilo, apenas voy a la parte importante. La cosa está en que ella salió detrás de ti cuando empezaste a perder el conocimiento. ¿Quién crees que le ayudó a llevarte a su casa y meterte en su cama? Yo te dejé ahí y ella se encargó de quitarte la ropa. A la mañana siguiente saliste corriendo, y luego ella me llamó para decirme que te quedaste completamente dormido y no pudo hacer nada contigo.
Alex no sabía qué responder; estaba demasiado confundido con lo que acababa de escuchar…
—Entonces… ¿de quién está embarazada?
—Eres un inocente, Alex. Aún no termino mi historia, así que déjame concluir: esa noche no pasó nada entre ustedes, así que Sasha no está embarazada. Todo este tiempo te ha mentido. Yo le he estado consiguiendo vientres falsos cada mes para que tú no sospeches nada —dijo Patrik en tono burlón.
Alex se le fue encima y lo golpeó varias veces hasta que pudieron separarlos de nuevo.
—Así es, Alex: perdiste todo por una mentira. Por eso jamás deja que le toques el vientre o que siquiera la acompañes a sus consultas, porque no está embarazada, solo lo está fingiendo —mencionó Patrik mientras le sangraban el labio y la nariz.
Alex quiso volver a golpearlo, pero Patrik salió corriendo.
—¡Alex, cálmate! —dijo una persona del *staff*.
Alex comenzó a llorar:
—¿Cómo quieres que me calme? Perdí a Kiara, perdí a mis hijas por culpa de unos idiotas... Estaba un poco emocionado por tener otro hijo, aunque fuera con quien no amo.
Alex fue directo a casa y le gritó a Sasha para que bajara.
—Y ahora ¿qué quieres? ¿Por qué me vas a gritar ahora? —dijo Sasha despreocupada.
—Eres una maldita mentirosa. ¿Cómo fuiste capaz de hacer algo tan horrible?
Sasha, desconcertada, respondió:
—¿De qué me hablas?
—Patrik ya me dijo todo lo que pasó esa noche. Tú no estás embarazada, solo estás fingiendo para mantenerme a tu lado. Por culpa de tu estúpida mentira lo perdí todo, así que ahora mismo agarra tus cosas y lárgate —mencionó Alex mientras su rostro se tornaba rojo de coraje.
—Eso es una mentira que él inventó para separarnos, pero yo sí estoy embarazada. Ya hasta me comienza a doler el vientre por el enojo que me estás provocando —respondió Sasha tocándose el abdomen.
—Bueno, si tanto te duele, déjame llamar a una ambulancia —mencionó Alex con frustración.
—No… no es necesario… ya… ya se me está pasando, solo… necesito relajarme —respondió Sasha con voz temblorosa.
Alex la tomó del brazo y la subió a la fuerza al auto, sin decir una sola palabra durante todo el camino. Llegaron al hospital y Alex le dijo a la recepcionista que era una emergencia y que debían ver al doctor rápidamente. La enfermera les hizo unas preguntas y los hizo pasar de inmediato con el médico.
El doctor la subió a la camilla de exploración para revisarla y le pidió a Sasha que se descubriera el vientre, pero ella se negaba. Pasaron unos minutos y Alex le levantó la blusa.
Alex no podía creer lo que estaba viendo: el vientre era falso, de esos que se utilizan para novelas u obras de teatro. Cayó al suelo y comenzó a llorar cubriéndose el rostro.
—¿Cómo pudiste hacerme esto? Lo dejé todo por tu culpa. Dejé de buscar a Kiara por respeto a ti; hace ocho meses que no sé nada de ella. Me quitaste lo que más amaba por tu estúpida mentira —dijo Alex.
—¿Qué querías que hiciera? Me cambiaste por esa don nadie. Ella no es mejor que yo y lo sabes. Yo era feliz a tu lado y tú nunca me quisiste; al verlos ser felices a ustedes dos, yo... ¡no pude soportarlo! —exclamó Sasha.
—¡Eso a mí qué me importa! Jugaste con nuestros sentimientos. Yo realmente confié en ti, me hacía ilusión tener otro hijo, aunque fuera contigo. Eres tan egoísta... pero supongo que eso es lo que nos hace iguales —dijo Alex con una profunda tristeza y decepción.
—Alex, por favor entiéndeme, yo nunca quise que lo nuestro terminara. Ahora estamos casados y podemos empezar de nuevo. Dame una última oportunidad y seamos padres como lo habíamos planeado, ¿qué dices? —mencionó Sasha tratando de persuadirlo.
—Yo no te puedo perdonar, así que lárgate de mi casa ahora mismo. ¿Sabes qué? Mejor quédatela; mis hijas y yo nos iremos ahora mismo. Piensa en ella como un bono por nuestro divorcio; no quiero traer a Kiara a una casa donde tú ya viviste —dijo Alex con crueldad.
Alex llamó a su ama de llaves y a su asistente personal para pedirle que contratara una mudanza y le comprara otra casa en distinta ciudad. Luego llamó a sus padres para contarles todo lo sucedido. Las niñas se alegraron al escuchar que su padre al fin había abierto los ojos, así que volvieron a casa para comenzar a empacar todo.
Sasha solo los veía empacar; se sentó en el sofá a llorar, pero a nadie conmovió con sus lágrimas.
La mudanza duró todo el día sacando las pertenencias, y por fin en la madrugada terminaron de subir todo al camión. Alex subió a las niñas al auto para llevarlas a la nueva casa.
—Más tarde vendrá mi asistente a traerte los papeles del divorcio. Espero que estés preparada para la enorme ola de comentarios malintencionados que se nos vendrá encima por tus acciones —comentó Alex girándose hacia la puerta.
—Alex… yo… realmente… lo siento… Espero que Kiara vuelva a tu lado —dijo Sasha levantándose del sofá.
—Ya no digas más, nunca quiero volver a ver tu cara o escuchar tu voz. Fuiste tan cruel que no puedo perdonarte; Kiara nunca me perdonará y tiene razón en hacerlo, así que… gracias por destrozarnos el corazón —contestó Alex.
Alex manejó varias horas hasta la nueva casa, llevó a sus hijas a dormir y él se quedó en la sala llorando toda la madrugada sin parar; sentía un enorme remordimiento por no haber elegido a Kiara, y los recuerdos de ella se clavaban en su corazón como agujas.