** ALESSIA
No pude dormir.
Otra vez.
Comenzaba a sospechar que Nikolai Morel estaba reduciendo seriamente mi esperanza de vida, porque una persona normal no descubre de la noche a la mañana que su vecino es millonario, ni que ese mismo vecino acaba de ser comprometido sin su consentimiento.
Aquello parecía el argumento de una novela romántica.
No mi vida.
Sin embargo, ahí estaba yo, dando vueltas en la cama mientras el amanecer comenzaba a iluminar la habitación.
Cuando por fin conseguí cerrar los ojos, un ruido proveniente del pasillo me obligó a incorporarme de golpe.
Fruncí el ceño.
Miré el reloj.
Siete de la mañana
¿Quién hacía tanto escándalo a esa hora?
Todavía medio dormida, me levanté de la cama y caminé hasta la puerta, esperaba encontrar el edificio tan tranquilo como siempre, pero apenas la abrí me quedé inmóvil.
El pasillo estaba lleno de personas, hombres cargando cajas, mujeres revisando documentos, personal de limpieza entrando y saliendo del apartamento 408, e incluso había personas colocando arreglos florales cerca de la puerta.
Parpadeé varias veces.
Quizás seguía dormida.
Porque aquello no podía ser normal.
—¿Qué está pasando aquí?
—pregunté a una mujer que caminaba apresuradamente por el pasillo.
—Preparativos
—respondió sin detenerse.
—¿Preparativos para qué?
—La llegada de la señorita Vasiliev
—y continuó caminando.
Yo permanecí inmóvil.
Señorita Vasiliev.
El nombre quedó dando vueltas en mi cabeza.
Porque después de la conversación de la noche anterior, mi intuición comenzó a conectar demasiadas piezas, y ninguna me gustó.
Justo entonces las puertas del ascensor se abrieron, Nikolai apareció en el pasillo, y por primera vez desde que lo conocía parecía genuinamente molesto.
Su cabello estaba ligeramente desordenado y tenía una expresión tan seria que casi no lo reconocí.
Observó las cajas, observó las flores, observó a las personas entrando a su apartamento, y finalmente cerró los ojos.
—No
—murmuró.
—Buenos días
—dije cruzándome de brazos.
Abrió un ojo.
—No lo son.
—¿Quién es la señorita Vasiliev?
Su mandíbula se tensó inmediatamente, y aquella reacción fue toda la respuesta que necesitaba.
—Oh
—dije lentamente.
—Oh no.
—No pongas esa cara.
—Es tu prometida.
Durante unos segundos ninguno habló, luego Nikolai dejó escapar un largo suspiro.
—Ojalá estuvieras equivocada.
—Eso significa que tengo razón.
—Desafortunadamente.
Mi corazón dio un pequeño salto.
No entendía por qué.
Y tampoco quería analizarlo demasiado.
—Espera
—¿Tu padre realmente la envió?
—S
—¿Hasta aquí?
—Sí
—¿Al edificio?
—Sí
—¿Al apartamento?
—Sí
Abrí mucho los ojos.
—No puedes hablar en serio.
—Créeme
—desearía estar bromeando.
Antes de que pudiera responder, una nueva voz resonó en el pasillo, una voz femenina, segura, elegante, y peligrosamente confiada.
—Nikolai
Ambos giramos al mismo tiempo, y ahí estaba ella.
Alta, hermosa, cabello oscuro perfectamente peinado, vestida con ropa elegante que probablemente costaba más que todo mi armario junto.
Su presencia era imposible de ignorar, y por la forma en que caminaba, parecía una mujer acostumbrada a obtener exactamente lo que quería.
Sus ojos se detuvieron sobre Nikolai, y sonrió.
—Por fin te encuentro.
Nikolai no sonrió.
Ni siquiera un poco.
—Valentina
Así que ese era su nombre, Valentina Vasiliev, la mujer destinada a convertirse en la esposa del heredero Morel.
Por alguna razón que no comprendí, aquella idea me dejó un sabor extraño en la boca, uno muy desagradable, y eso no tenía sentido, absolutamente ninguno.
Porque Nikolai podía casarse con quien quisiera, no era asunto mío, no debería importarme.
Entonces...
¿Por qué sentía aquella incomodidad?
—Veo que no estás feliz de verme
—comentó Valentina acercándose.
—Porque no esperaba verte aquí
—respondió Nikolai.
—Tu padre sí.
—Ese es precisamente el problema.
Valentina suspiró, como si aquella conversación ya la hubiera tenido demasiadas veces, y quizás era así.
Por primera vez la mujer dirigió su atención hacia mí, sus ojos me recorrieron rápidamente, analizando, evaluando, midiendo, y aquello me incomodó más de lo que quería admitir.
—¿Y ella quién es?
—preguntó.
Antes de que pudiera responder, Nikolai habló.
—Mi vecina.
Algo extraño cruzó por los ojos de Valentina, duró apenas un segundo, pero lo vi, y no me gustó, ni un poco, porque parecía celos, y los celos siempre traían problemas.
Sin embargo, ninguno de nosotros imaginaba que aquello era apenas el comienzo, porque la llegada de Valentina Vasiliev estaba a punto de convertir nuestras vidas en un completo desastre.
No me gustó, ni la forma en que me observó, ni la forma en que sonrió después, ni la forma en que automáticamente pareció tomar posesión del espacio a su alrededor.
Valentina Vasiliev tenía esa clase de presencia que obligaba a todos a prestarle atención, y parecía saberlo perfectamente.
—Encantada
—dijo tendiéndome la mano.
Su sonrisa era impecable, demasiado impecable.
—Alessia Beaumont
—respondí.
Ella asintió lentamente, como si estuviera archivando mi nombre en algún lugar de su mente, y por alguna razón aquello me puso nerviosa.
—¿Vecina?
—preguntó Valentina mirando a Nikolai.
—Sí.
—¿Solo vecina?
Nikolai arqueó una ceja.
—¿Qué otra cosa podría ser?
La sonrisa de Valentina no desapareció, pero algo cambió en su mirada, algo pequeño, casi imperceptible.
—Nada
—respondió finalmente.