Prohibido enamorarse del Idiota de al Lado

CAPITULO 6

** ALESSIA

Nunca imaginé que una simple mirada pudiera dejarme tan inquieta. Pero ahí estaba. Sentada frente a una taza de café que ya se había enfriado, incapaz de dejar de pensar en Aleksandr Morel. Su voz seguía resonando en mi cabeza.

—Espero volver a verla pronto, señorita Beaumont.

No había sonado como una cortesía. Había sonado como una advertencia. Y, por alguna extraña razón, sentía que aquella visita no había sido casualidad.

Suspiré mientras me dejaba caer sobre el sofá.

—Estás perdiendo la cabeza, Alessia.

—me repetí en voz baja.

—Es el padre de tu vecino. Nada más.

Intenté convencerme. No funcionó.

Mi teléfono comenzó a vibrar sobre la mesa. Sonreí sin darme cuenta al leer el nombre que aparecía en la pantalla. Nikolai.

—¿Sigues viva?

—escribió Nikolai.

—Lamentablemente sí.

—respondí yo.

—Qué alivio. Pensé que mi padre te había asustado tanto como para mudarte.

—llegó casi de inmediato.

—Todavía lo estoy considerando.

Tres puntos aparecieron en la conversación. Desaparecieron. Volvieron a aparecer. Tardó más de lo normal en responder.

—Si decides mudarte… avísame primero.

Fruncí el ceño.

—¿Para qué?

—Para convencerte de que no lo hagas.

Mi corazón dio un pequeño vuelco. No. Definitivamente no iba a analizar ese mensaje. Porque analizarlo era peligroso. Muy peligroso.

Justo cuando iba a responder, alguien empezó a golpear mi puerta con una fuerza exagerada.

—¡Alessia! ¡Abre de una vez!

Abrí los ojos como platos. Esa voz… No podía ser.

Corrí hasta la entrada y abrí la puerta. Una mujer de cabello castaño claro, lentes de sol sobre la cabeza y una enorme sonrisa se lanzó directamente sobre mí.

—¡Por fin!

Casi perdí el equilibrio.

—¡Isabella!

Ella me abrazó con tanta fuerza que apenas podía respirar.

—¿Piensas invitarme a pasar o quieres que tus vecinos crean que te abandoné durante años?

Reí.

—Pasa antes de que realmente lo crean.

Isabella Rossi era mi mejor amiga desde la universidad. Era un desastre andante. Hablaba demasiado. Reía demasiado. Y tenía el extraño talento de convertir cualquier situación tranquila en un caos absoluto.

Entró al apartamento como si fuera suyo. Dejó su bolso sobre el sofá. Miró a su alrededor. Y después me señaló con el dedo.

—Empieza a hablar.

Parpadeé.

—¿Hablar de qué?

—No te hagas la inocente.

—hizo una pausa dramática.

—Hace tres días que respondes mis mensajes con un “sí”, “no” y “luego te cuento”.

—levantó dos dedos.

—Eso solo significa dos cosas.

—O mataste a alguien…

—…o conociste a un hombre.

No pude evitar reír.

—Estás loca.

—Entonces fue un hombre.

—No dije eso.

—¡Alessia Beaumont!

—exclamó llevándose una mano al pecho.

—¡Fue un hombre!

Negué con la cabeza entre risas.

—Es… mi vecino.

Isabella abrió tanto los ojos que pensé que se le iban a salir.

—¿El vecino guapo del que nunca quisiste hablar por teléfono?

Fruncí el ceño.

—¿Cómo sabes que es guapo?

Ella sonrió con una expresión traviesa.

—Porque si fuera feo ya me habrías enviado una foto para burlarte.

Abrí la boca. La cerré. Y volví a abrirla. Maldita fuera. Tenía razón.

—Cuéntamelo todo.

No dejé pasar ni diez minutos antes de arrepentirme. Porque Isabella ya estaba imaginando una boda, tres hijos y un perro llamado Benito. Y yo apenas podía admitir que Nikolai me caía… un poco bien. O al menos eso seguía intentando creer.

—¡No pongas esa cara!

—exclamó Isabella mientras se acomodaba en mi sofá como si viviera allí desde siempre.

—Esa es exactamente la cara que ponen las mujeres cuando un hombre empieza a gustarles.

La miré con incredulidad.

—¿En qué universidad estudiaste Psicología?

Ella levantó una ceja.

—En ninguna.

—sonrió con orgullo.

—Pero llevo veinticuatro años estudiando a mi mejor amiga.

Eso me dejó sin palabras. Porque tenía razón. Isabella era una de las pocas personas capaces de descubrir que me pasaba algo con solo verme cinco minutos. Y eso era peligroso. Muy peligroso.

—Empieza desde el principio.

—ordenó mientras cruzaba las piernas.

—No quiero resúmenes.

—Quiero todos los detalles.

Respiré profundamente. Y comencé a contarle todo. Desde el primer día que confundimos nuestros apartamentos. Las bromas. Las discusiones. La comida para gatos. Las peleas en el pasillo. El descubrimiento de que Nikolai era heredero de una de las empresas más importantes del país. Su padre. Valentina. Y el compromiso que él jamás había aceptado.

Cuando terminé, Isabella permaneció completamente callada. Algo que solo ocurría cuando realmente estaba sorprendida.

—Bueno…

—dijo finalmente.

—Eso fue muchísimo mejor que la serie que estaba viendo.

Le lancé un cojín. Ella lo atrapó riéndose.

—¡Es verdad!

—sonrió emocionada.

—¿Tu vecino es millonario, tiene un compromiso arreglado, un padre controlador y además vive pared con pared contigo?

—¡Eso vende millones de libros!

No pude evitar reír.

—Mi vida no es un libro.

—Todavía no.

—contestó guiñándome un ojo.

En ese instante sonó el timbre. Las dos giramos hacia la puerta.

—¿Esperas a alguien?

—preguntó Isabella.

Negué con la cabeza.

—No.

Abrí la puerta. Y allí estaba Nikolai. Con dos cajas de pizza en una mano. Y una bolsa de refrescos en la otra. Sonrió apenas me vio.

—Pensé que…

—su voz se detuvo al descubrir que no estaba sola.

—Oh.

—Tenemos visita.

Isabella me apartó con el hombro antes de que pudiera hablar. Sonrió de la forma más encantadora posible y extendió la mano.

—Así que tú eres el famoso vecino.

Nikolai la estrechó, confundido.



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Editado: 24.06.2026

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