Prohibido enamorarse del protagonista.

Llama tonta.

De todas las decisiones impulsivas que he tomado en mi vida, aceptar el trabajo en Villa Carax fue la única que no pude deshacer.

Recuerdo el primer día que oí hablar sobre el puesto. Estaba tomando un café con mi amiga Mari Paz cuando me comentó que su amiga Almudena se había enterado de una oferta de trabajo irrepetible y que al enterarse había pensado en mí.

No me sorprendió, Mari Paz es mi mejor amiga, a ella siempre se lo cuento todo, por lo que sabía que mi situación económica era un desastre.

Siempre he sido una hormiguita ahorradora, pero desde que lo dejé con Mario el alquiler fue devorando mis ahorros. Estoy segura de que suben los precios para que las personas se vean obligadas a compartir casa, seguro que todo es parte de un plan malvado, pero qué le voy a hacer yo.

Mari Paz me comentó los detalles por encima, un poco de lo que Almudena le había contado: que el trabajo era como interna, pero que el sueldo era altísimo.

'Interna', cuando esa palabra salió de sus labios me dio un escalofrío. No sé por qué, pero no me sonaba bien.

Aunque Mari Paz supo embaucarme, como buena vendedora y piscis, supo cómo engatusarme.

'Tía, piénsalo, así ganas pasta, ahorras y luego puedes hacer lo que te dé la gana, o quieres tener que irte a vivir con tus hermanas otra vez?', creo que fueron sus palabras exactas.

Lo cierto es que no quería tener que volver con Cris y Alba, son mis hermanas, las quiero, pero las tres tenemos mucho carácter, y la convivencia no siempre es fácil..., nunca lo ha sido.

Y con mi trabajo... En fin. Estudiar diseño gráfico me pareció una buena idea, pero porque no contaba con que quince años después de graduarme la gente pudiera generar cualquier imagen, logo, o diseño con inteligencia artificial.

Los primeros años me fue bien de freelance, después estuve tres años en una empresa, incluso conseguí un ascenso. Pero dos años después hicieron recorte de plantilla. Y aunque nunca me toca nada, eso sí me tocó a mí.

Cuando volví de mi quedada con Mari Paz la idea ya me rondaba la cabeza. Y siguió rondándome mientras sacaba a pasear a Milo.

No podía dejar de pensar que quizá tenía razón, que un trabajo de interna durante unos meses podía ser una salida temporal, una ayuda.

Me había dado una tarjeta, con un número y un nombre.

6678902210

Amparo Montalbán Blázquez

El papel era de calidad, lo sabía porque había hecho algunos diseños de tarjetas personalizadas.

Al llegar a casa la dejé en la encimera con intención de ignorarla, pero esa noche, mientras salteaba mi cena me sorprendí a mí misma mirándola.

Ya no eran el mismo tipo de dudas. '¿Por qué no llamar? Por preguntar no pierdes nada. Llama tonta, pregunta las condiciones', me repetía mientras cenaba y veía televisión.

Milo me observaba, esperando que me compareciera y le diera a probar la cena, lo tengo muy mal acostumbrado. Es un mimado.

Entonces caí. ¿Y si no dejaban llevar perros? Milo es familia, no pensaba separarme de él.

Le acaricié la cabeza mientras él vigilaba mi plato.

'Llama y pregunta, tonta, igual puedes llevar a Milo contigo, se porta muy bien', insistió la voz en mi cabeza.

Miré la hora en el móvil. Eran más de las diez, demasiado tarde para una llamada. Llamaré mañana, me dije a mí misma.




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