Por la mañana cuando salí a la cocina a desayunar encontré una carta en la isla de la cocina, fui directa a por ella y la leí.
"Para Clara:
Si estas palabras han llegado hasta vos, significa que Adrián ha vuelto.
No lamentéis mi ausencia. Las despedidas pesan menos cuando uno comprende que ha cumplido aquello para lo que fue llamado.
Confieso que, al conoceros, creí haber encontrado de nuevo a Julieta. Mi corazón, testarudo como todos los corazones enamorados, necesitó un tiempo para comprender que estaba equivocado. No porque vos seáis menos extraordinaria que ella, sino porque sois alguien distinto.
Permitidme daros las gracias.
Gracias por vuestra paciencia con un necio que convirtió cada mirada vuestra en un milagro y cada palabra en una promesa. Gracias por aceptar mis flores mal cortadas, mis paseos inoportunos y mis versos demasiado largos. Me habéis regalado un día que recordaré mientras exista.
Ayer insistí en que el nombre importaba poco.
Me equivocaba.
Importa.
Porque vos sois Clara.
Y es a Clara a quien Adrián espera encontrar cada mañana.
Cuando pronunciasteis su nombre, vi en vuestros ojos algo que ningún poeta es capaz de inventar. No era el brillo de quien sueña con un héroe imposible. Era la paz de quien, por fin, ha encontrado un hogar.
Entonces comprendí que nunca fui vuestro destino.
Fui apenas un puente.
Y no existe puente más dichoso que aquel que ve a dos personas encontrarse gracias a él.
Cuidad bien del hombre que me soñó.
Es mucho más valiente de lo que cree, mucho más bondadoso de lo que deja ver y mucho más digno de ser amado de lo que jamás se atreverá a reconocer.
Y no os preocupéis por él. Aunque jamás os hable de esta carta, sabrá cada una de las palabras que contiene.
Quizá, cuando la vergüenza se lo permita, encuentre el valor para deciros él mismo aquello que yo he descubierto antes.
Siempre vuestro,
Romeo Montesco."
Mientras desayunaba y Milo se comía un trozo de bacón estuve esperando. Pendiente por si los escalones de madera chirriaban, pero no lo hicieron…
Poco después del desayuno llegó la empresa de catering. Estuve atenta mientras descargaban todo, pero esos nervios del principio habían desaparecido. Estaba convencida de que si Adrián salía no pasaría nada. Que esa reclusión suya era más autoimpuesta que necesaria. De hecho, en ese momento ya estaba convencida de que daba igual si Adrián estuviera solo, que no cambiaría nada.
Quizá en el pasado fuera diferente, pero ahora tenía la sensación de que podía controlarse bien él solo.
Después de pintar durante un rato, cuando había acabado mi tercera pintura de la colección 'Máscaras', le envié un mensaje.
"Adrián, podías bajar y pasamos un rato juntos, ¿te apetece?"
Esperé y esperé, pero no le llegaba. Qué hombre… Recuerdo preguntarme para qué tenía el móvil si nunca contestaba…
Pensé en subir, pero entonces recordé el beso, y recordé a Romeo…
No sé exactamente por qué, pero me contuve.
Lo que sí hice fue subir a la habitación estrella, dejé el libro de Hamlet y cogí el de Romeo y Julieta.
Bajé a la cocina, me hice otro café y empecé a leer mientras esperaba que Adrián bajase o leyese mi mensaje.
Pero la espera no sirvió de nada…
Pasado un rato me cansé de leer, dejé el libro junto a la carta que me había escrito y me dije a mí misma que a veces una tiene que ir a buscar las cosas, que no puede esperar que vengan solas.
Pero cuando puse un pie en el primer escalón escuché un estruendo fuera.
Al salir reconocí el ruido…, era el BMW de Mateo…
Era viernes. Ya ni me acordaba de su mensaje. Pensaba que al no responder se le pasaría y me dejaría en paz, pero no fue así…
Mientras me acercaba vi cómo abría la verja y aparcaba su cochazo detrás del mío.
Al bajar me sonrió con esa sonrisa arrogante tan suya y cerró la verja.
—Hola, Clara.
—¿Qué haces aquí…?
—Hemos quedado para cenar, cómo iba a perdérmelo. —siempre tan seguro de sí mismo que me daba coraje—. ¿Y ese vestido negro tan sexy?
—No está aquí. Como tampoco tendrías que estar tú…
—Qué peleona. —sonrió.
Qué capullo… No lo dije en voz alta, pero lo pensé.
—Espero que tengas hambre, como no sé qué te gusta, he traído de todo.
Fue al maletero y sacó dos bolsas enormes llenas.
Pasó por mi lado y me miró de arriba abajo.