Prohibido Enamorarte.

6.- Lunes 8 de julio del 2019.

Adri:

    La alarma suena a las 4:50, mis ojos se abren enseguida acostumbrados a la bendita rutina, padezco el síndrome del jet-lag pero he vivido varios meses en Francia y comparte el mismo horario con Italia, por ello no se me hace pesado quitarme la pereza y levantarme sin rechistar.

    Lo primero que hago todos los días de mi vida desde que tengo uso de razón sin importar en dónde esté es ir al baño, lavarme el rostro para despertar un poco más, ver mis ojos en el reflejo del espejo y repetir con convicción: Prohibido enamorarte. Es mi mantra de protección, realmente no quiero que pase, deseo nunca enamorarme, puede que lo diga, pero no lo siento y eso me facilita marcharme, siempre lo hago.

    Empiezo con mi día, ejercicio, meditación, escuchar los audios de mi clase de árabe, se supone que tiene que ser de 5:40 a 6:00, pero para aprender un idioma tan complejo le pongo veinte minutos más, hasta las 6:20. Llevo ocho meses estudiando este idioma, aún me falta mejorar mucho pero igual he avanzado a pasos de gigante y puedo comunicarme oralmente con mi profesor, aunque en la escritura todavía necesito mucha práctica. No siempre le dedico cuarenta minutos diarios, cuando no entreno tantas horas como lo haré en los próximos días tengo por lo menos dos horas seguidas de clase, soy buena para los idiomas, por fortuna.

    A las seis y media termino de agregar el apio a la licuadora y enseguida hago líquidos todos los ingredientes para obtener mi jugo verde, lo amo, esa es la verdad, me gusta su sabor y su textura. Mi piel, mi cabello y mi energía lo requieren y me agradecen que lo desayune todos los días, claro, siempre y cuando procure tener todos los ingredientes en la nevera. 

    Lavo los trastos y los dejo en el escurridor, después me preparo para mi rutina de cardio de alto impacto y mi sesión de fuerza. 

    Hora y media después salgo de la ducha, me visto con mi ropa de entrenamiento, seco mi cabello y antes de salir paso a la sala de estar por mi bolso de deporte, ya está listo con todo lo que necesito, incluido mi celular y el dinero. La academia está a dos minutos caminando calle abajo, no tengo porqué gastar en nada, sin embargo llevo algo de efectivo por si alguna emergencia. 

    Quito el seguro de la reja del edificio y salgo a la calle, el ruido de la gente me recibe, las pancartas de protestas se alzan en el aire, los auténticos venecianos piden que los monstruos se vayan, es decir, los turistas, y los grandes barcos que son propiedades de compañías gigantes, los cruceros y los tipos de los tours ilegales. 

    Por la orilla de la calle camino y me dirijo a la academia, saco mi celular para checar el mensaje que me ha llegado a la misma vez que empujo las puertas de cristal del estudio, leo el mensaje antes de levantar la vista, es perteneciente de un número desconocido, apuesto a que es de Davide, con una sonrisa respondo a su saludo. Cuando levanto la mirada mis ojos caen en la persona que me observa tan sorprendido como yo. Bloqueo mi celular y camino hacia él.

    —Te respondería por mensaje pero prefiero hacerlo de frente, ¿es casualidad que estemos aquí o me estás siguiendo? —bromeo.

    —Es una coincidencia, ¿qué haces aquí?

    —En quince minutos entreno con mi compañero de baile que me asigne la academia, estaremos en una competencia de baile para dentro de dos meses, así que estoy con una gran responsabilidad encima, ¿y tú, qué haces aquí?

    —La academia también me está asignando compañera para la competencia nacional. Mi pareja según me han dicho es francesa, ¿qué probabilidad hay de que seas tú? 

    —No lo sé, pero sería como una obra del destino que así fuese.

    —Sí, yo también lo creería.

    —Espera, iré a recepción, preguntaré por el nombre de mi compañero, sí eres tú, aceptaré que me invites el dichoso café hoy mismo saliendo de aquí.

    —¿Y si no lo soy? —pregunta a mis espaldas.

    Volteo momentáneamente hacia él.

    —Si no eres tú, no te preocupes, todavía así dejaré que me lleves a por ese café —dicho esto retomo mi camino a recepción.

    La secretaria del área me saluda y posteriormente resuelve mis dudas, al final le pregunto quién es mi compañero, mis labios toman la sonrisa del gato de Alicia en el país de las maravillas cuando me confirma que es Davide Arduzzi.

    —¿Y el coreógrafo ya ha llegado? 

    —Los espera en tres minutos, en el salón C.

    —Gracias. —Me retiro de su escritorio y me acerco a Davide.

    —Me invitarás un café con un buen motivo compañero, tenemos que festejar que estamos juntos para competir contra los demás; realmente espero que seas bueno porque no quiero que me hagas bajar puntaje, tengo que llevar a casa un trofeo, los colecciono para la vejez.

    —Ya sabía que eras mi compañera, no te molestes conmigo, lo supe desde que te vi entrar, es decir, ¿quién más sería nueva, de origen francés y tendría el mismo nombre que tú? —Niego divertida.

    —Te perdono si me acompañas a la Plaza de San Marcos mañana saliendo de aquí, o a cualquier otro lugar concurrido. 

    —Seguro, sería un placer.

    Al principio de la clase con las órdenes ásperas que da el coreógrafo nos toma trabajo adaptarnos, habla tan rápido y fuerte que a veces me confunde y Davide tiene que repetirlo bajito para mí. Cuando el calentamiento termina empezamos con los primeros pasos de la danza que nos pide seguir.

    —No Davide, deténgansen. —Hacemos lo que nos pide, camina hasta estar al frente de él—. Llevas aproximadamente tres segundos de retraso y eso no puede ser posible, presta atención a ti, deja de estar cuidándola, está a tu lado, no se va esfumar ni se la tragará el viento, concéntrate, sé profesional. De nuevo desde el inicio. 

    Como pide vuelvo a mi pose de inicio, con los talones juntos haciendo una línea recta y con los brazos formo un óvalo. La pieza musical comienza a sonar, cuento los segundos en mi mente y comienzo a moverme; hago los primeros pasos establecidos, Davide va en sincronía, tenemos la frente en alto, las piernas bien estiradas y los brazos en el aire, justo donde deben estar. Un poco de arabesque, adagio y allégro, saltos y giros.




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