Prohibido Enamorarte.

40.- Lunes 16 de septiembre del 2019.

Davide:

    Nunca me había sentido más feliz de despertar y encontrar a una mujer durmiendo a mi lado, se trata de la chica que hace desaparecer mis miedos. Me visto y salgo de su habitación porque sé que no nos pueden ver juntos.

    Son las cuatro y media, me doy prisa porque en nada todos estarán despiertos.

    Entro en la habitación que comparto con Liam, para mi sorpresa él está sentado sobre su cama fumando.

    —¿No puedes dormir? —le pregunto.

    —No.

    —Bueno, ya podrás descansar en el vuelo, son bastantes horas.

    —¿Y tú descansaste?

    —No mucho. —Sonrío tirándome a la cama individual que está desocupada. 

    —Me imagino —se limita a responder.

    —Quiero estar con ella lo máximo que se pueda, vamos a comenzar una relación a distancia y eso puede complicar las cosas.

    —¿Ya tienes todo lo que vas a necesitar listo? —ignora lo que he dicho antes, así es Liam.

    —Ya —respondo. 

    De forma extraña no hay nada más que decir, ni siquiera me ha dicho nada sobre que por fin pasé a las mundiales, es mi mejor amigo y parece que no le importa en lo más mínimo mi triunfo que hasta me pregunto qué hace aquí entonces. 

    A las cinco de la mañana en punto escucho su celular sonar, apaga la alarma y continuamos en silencio hasta que tocan a la puerta, se para a abrir enseguida. Se trata de Adri, ella le sonríe y Liam le 

corresponde, quita su mirada de él y la dirige hacia mí sin borrar su fresca sonrisa. Se ha duchado, viste unos jeans blancos con desgarraduras en las rodillas, una sudadera color negra oficial de la marca de Dylan Steel y unos Vans negros.

    —Hola chicos, en media hora tienen que estar abajo, traigan sus maletas y procuren no olvidar nada, siempre me pasa.

    —Ya bajamos —le responde Liam. Le habla él pero ella me mira a mí antes de dar media vuelta para irse.

    Me levanto para ir a ducharme y estar listo en el tiempo requerido.

    Cuando salgo de la habitación ya no está Liam, su cama está ordenada y ni rastro de su maleta.

    Me preocupo por lo mío, apago la luz de la habitación y bajo cargando mi maleta. 

    Adri como la buena organizadora que es nos divide en cuatro grupos de seis personas, Liam y yo quedamos en el mismo pero ella no, por lo que pasamos media hora de camino al aeropuerto alejados. 

    Nuestro vuelo no es comercial por lo que evitamos todos los procesos de abordaje normal y pasamos directamente a nuestro avión.

    Somos veinticuatro personas civiles y diez guardias veteranos, se han contratado más y han tomado sus puestos de infiltrados hace un par de días, estos son los que estarán a nuestro alcance próximo por cualquier cosa.

    Algunos al subir al avión se quitan sus abrigos dejando a la vista las playeras tipo polo que nos regaló Adri, las cuales tienen bordados los logotipos de varias organizaciones, principalmente el de su fundación, el de las Naciones Unidas y la UNICEF. La playera de mi novia y la de sus amigos más cercanos incluido Rémy también tienen una Cruz Roja estampada en los hombros por sus conocimientos en primeros auxilios, es un grupo que por el simple hecho de portar la cruz se hacen diferenciar, son los expertos en esta labor de ayudar a los demás.

    El avión tiene todos sus asientos como de primera clase y están colocados dos frente a dos, como para convivir entre amigos. 

    Las maletas se ponen todas juntas en una zona especial, quisiera 

poder sentarme al lado de Adri para abrazarla durante todo el vuelo, sé que todavía no le ha dicho a sus amigos que estamos saliendo, lo último que quiero hacer es presionarla y por ello no le comento nada, se los dirá cuando esté lista no cuando yo se lo pida.

    Mi asiento asignado está frente al de Liam, al otro lado del pasillo están tomando lugar Adri al lado de Dylan y su amiga rubia junto a su esposo al frente de ellos. Me abrocho el cinturón, está cerca y puedo verla y ya con eso soy feliz.

    —¿Por qué no te sientas con ella? —me pregunta bajito mi amigo.

    —Por no levantar sospechas, supongo. —Nuestros compañeros de asiento llegan después, los dos se quedan con los asientos de las ventanas y eso está bien porque así quedo más cerca de Adri.

    El vuelo inicia.

    El manejo del inglés de nuestros compañeros es algo malo por lo que después de un rato intentando entablar conversación nos ignoran y hablan entre ellos en español, creo.

    Cuando ha transcurrido la primera hora de vuelo y son las siete y media de la mañana sirven el desayuno, no hay nada de turbulencia, todo está tranquilo. 

    —Te las manda Héctor, no te las entregué antes porque supuse que este era el momento perfecto. —Regreso a ver disimuladamente lo que Dylan le entrega, saca unos paquetes rojos de una bolsa de tela negra y se los da.

    —¡Lo recordó! —la escucho exclamar. 

    —¿Cuándo lo ha olvidado? —le responde Dylan divertido.

    —¿Fue a México?

    —Sí, no iba poder ir a ver a su familia para las fiestas patrias así que fue antes, algo exprés.

    —¿Lola lo acompañó?

    —¿Celosa?

    —No, es solo curiosidad. ¿Te platicó cómo reaccionó su familia al compromiso?

    —No están contentos pero lo aceptan, ¿no has hablado con ellos?

    —No, con ninguno, simples saludos de vez en cuando que no llegan a ningún tema de conversación en específico. 

    —Nos contaron que te visitaron en Italia, Rémy los llevó hacia ti para que hicieran las paces. —Recuerdo nuestra noche en «Flor Carmesí», seguro fue esa vez de la que hablan, es la única ocasión que me contó que unos amigos la visitaron.

    —Sí, lo hicimos, quedamos en buenos términos, amigos como antes de que pasara aquello.

    —Es una estupenda noticia, ya no tenemos que partirnos la cabeza debatiendo a quién de las dos elegimos invitar a nuestras fiestas, a Lola o a ti.




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