LAUTI
Cuando vuelvo a abrir los ojos, estoy en el asiento de acompañante del auto y papá está a mi lado, a punto de arrancar el coche.
Tiene la cara distinta. No como siempre. No está enojado.
Está…asustado.
—¿Lauti?—dice—. ¡Lautaro, por todos los cielos, despertaste!
“Lauti” es lo primero que pienso. Por primera vez papá me dijo “Lauti” y no “Lautaro”. Recuerdo que también lo dijo antes de que me caiga dormido, esa fue de verdad la primera vez.
Quiero decirle que estoy bien, pero no puedo.
Sigo sin poder respirar bien. Es como si el aire entrara a pedazos por la nariz, como si se cortara adentro de mi cuello.
Como si no alcanzara.
—Vamos a un hospital—dice de golpe.
No sé cuánto tiempo pasa mientras andamos hasta llegar al médico. Quiero decirle que no hace falta, que no quiero médicos, que me van a pinchar, que me da miedo ir al médico, pero no puedo hacer nada.
En cuanto me lleva en brazos, lo atienden muy rápido y nos hacen pasar. Veo luces blancas.
Siento olor raro.
Veo a una mujer.
Otra voz.
Hace preguntas.
—¿Es asmático?
¿Asqué?
—No—responde papá.
—¿Desde cuándo?
—Que no lo es.
—Mmm.
Siento algo frío en la cara; es una máscara. El aire entra distinto. Más fácil. Más profundo. Me duele menos. Respiro. Otra vez. Y otra. Y otra.
Como si el mundo volviera de a poco.
Estoy en una camilla. Papá está al lado.
No se mueve. No habla. Solo me mira. Y eso…eso me da más miedo que cuando grita.
—¿Qué te pasó, Lautaro? —pregunta.
No sé.
De verdad no sé.
Muevo la cabeza.
La doctora entra.
—Fue un episodio asmático —dice.
—Pero él no es asmático —responde papá rápido.
—Puede aparecer —dice ella—. A veces… es de origen psicológico.
Esa palabra… “Psicológico.” No la entiendo.
—¿Qué significa? —pregunta papá.
—Que el cuerpo reacciona a algo que no puede procesar la psique—explica—. Estrés. Ansiedad. Miedo.
Miedo.
La palabra queda en el aire.
Papá no dice nada.
Yo tampoco.
Pero siento algo en el pecho.
No como antes.
Distinto.
Como si algo quisiera salir y no supiera cómo.
En cuanto la doctora nos deja a solas, papá se aleja un poco. Saca el teléfono, lo mira.
Duda. Lo vuelve a mirar.
Aprieta los labios.
Marca a un contacto.
—Orsi—dice cuando atienden—. Necesito que vengas a la dirección que te voy a enviar…
Parece que algo le retrucan. Un momento. ¿Orsi no es la entrenadora Kaia?
—Estamos en el hospital… Es Lautaro.
Miro el techo.
Respiro.
El aire ahora sí entra.
Pero igual…igual siento que algo sigue sin poder salir.
Algo que está ahí.
Atrapado.
Esperando.
Como yo en la cancha.
Como yo en el cine.
Como yo… con él.