Prohibido entrenar el corazón

Capítulo 16

LAUTI

Está oscuro. Pero no es la oscuridad de mi cuarto, esa que tiene olor a suavizante de ropa y el brillo de las estrellitas que papá pegó en el techo para que no tuviera miedo. Esta oscuridad es distinta. Huele a tierra seca, a humedad y a algo viejo, como cuando abres un baúl que estuvo cerrado mil años.

El piso está frío y raspa. Mis rodillas me duelen porque estoy hecho una bolita debajo de algo. Es una cama, pero no es mi cama de sábanas suaves. Es una cama de madera que cruje y arriba se escuchan pasos. Pasos muy fuertes. ¡BUM, BUM, BUM!

Tengo las manos en la boca para que no se escuche mi respiración. El aire entra difícil, como si tuviera piedritas en la garganta. Quiero llorar, pero si lloro, me va a encontrar. Y si me encuentra, todo va a ser peor.

—¡¿Dónde estás, mocoso?! —grita una voz.

No es la voz de papá. Es una voz más ronca, más rota, como si tuviera vidrios adentro. Suena enojada. Muy enojada. Escucho el ruido de algo que se rompe. Una silla, tal vez. O un plato. Siento el polvillo que cae del techo y se me mete en los ojos. Me pican. Me arden.

—¡Sal de ahí! ¡Sé que estás acá! —el grito hace que el piso tiemble.

Estoy llorando, pero sin ruido. Las lágrimas me mojan la cara y se mezclan con la tierra del piso. Estoy asustado. Tengo más miedo que el día del cine. Tengo más miedo que cuando no podía respirar. Aquí no hay médicos, no hay luces blancas, no hay nadie que me dé la mano.

De repente, los pasos se detienen. Justo al lado de la cama.

Veo unos zapatos viejos, sucios, con los cordones desatados. No son los botines de rugby brillantes de papá. Son zapatos de alguien que camina mucho por el barro.

Se agacha.

El colchón de arriba hace un ruido y después…

Veo su cara.

No es papá. Tiene la cara llena de arrugas y los ojos muy chiquitos, como si estuviera siempre mirando el sol. Pero tiene la misma mirada. Esa mirada de cuando papá está muy enojado porque no pasé bien la pelota. Esa mirada que dice que soy una “decepción”. Que no sirvo. Que no está orgulloso de mí.

—Te encontré —dice el hombre.

Me agarra del brazo. Me duele. Me tira hacia afuera con fuerza.

—¡No! ¡Papá! ¡Kaia! —grito con todas mis fuerzas.

Siento que me sacuden.

—¡Lauti! ¡Lauti, despiértate, mi amor! ¡Es un sueño!

Abro los ojos de golpe. Me siento en la cama tan rápido que me mareo. El corazón me va a mil, como si estuviera corriendo una carrera contra los chicos más grandes del club. Estoy transpirado. La sábana está pegada a mi espalda.

Miro para todos lados. Estoy en mi cuarto. Hay sol. Un sol finito que entra por la ventana y hace que el polvillo brille en el aire. No hay tierra. No hay zapatos sucios.

Silvia, mi niñera, está sentada en el borde de mi cama. Tiene cara de preocupada.

—¿Estás bien, Lauti? Estabas gritando —me dice y me pasa la mano por la frente.

—¿Y papá? —es lo primero que pregunto. Mi voz suena como si hubiera tragado arena.

—Tu papá se tuvo que ir muy temprano al club, Lauti. Tienen un entrenamiento muy importante para el partido del domingo. Me pidió que te despertara, que desayunaras bien y que te preparara para ir al entrenamiento.

Me quedo quieto. El recuerdo del sueño todavía me aprieta el pecho. Ese hombre...

—¿Tengo que ir? —pregunto. Me siento débil. Siento que mis pulmones todavía tienen un poquito de ese vapor del hospital adentro.

—Sí, tu papá dice que es un día muy importante. Es tu primer día en el nuevo club —Silvia me sonríe, pero yo no tengo ganas de sonreír.

Me acuerdo de lo que papá me dijo ayer. Que el otro club era un lío. Que la entrenadora Kaia ya no estaba porque hubo problemas de papeles. Me dio mucha tristeza. Kaia no se despidió. Ella me prometió que estaría ahí. ¿Será que ella también se cansó de que yo no fuera bueno? Papá dice que la gente viene y va en la vida, ahora recién puedo empezar a entender cómo funciona eso.

—A la ducha, corazón. Que tenemos una larga jornada hoy—me dice Silvia y le hago caso.

Sí.

Ni que lo diga.

—Bueno, Sil, ya voy—le digo.

Y me levanto, sabiendo que esa larga jornada es una caja llena de sorpresas…



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En el texto hay: deporte, padre-hijo, love sport

Editado: 12.05.2026

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