Prohibido entrenar el corazón

Capítulo 19

GAEL

Salgo de la oficina con la sangre hirviendo. Camino hacia las duchas, pero no me meto. Me quedo frente al espejo, mirando a ese hombre de ojos rojos y barba de tres días. ¿Este es el éxito? ¿Esta es la "excelencia" que le prometí a mi hijo? Un lugar donde tu valor se mide en cuántos metros puedes empujar a otro tipo y donde tu dolor es una falta de respeto al contrato.

La presión es brutal. Siento el peso de todo el club sobre mis hombros. Los patrocinadores quieren resultados. Los hinchas quieren al ídolo de hierro. La prensa espera cualquier tropiezo para escribir la crónica de mi caída. Y yo, por mi parte, siento la imperiosa necesidad de irme a vivir al campo apartado de todo el mundo y empezar una vida completamente nueva y diferente.

Intento evocar cualquier aspecto que me traiga paz y me acuerdo de Kaia… Por todos los cielos. El recuerdo me asalta como un tacle por la espalda. Me acuerdo de la forma en que me dijo que yo estaba cargando de traumas a Lauti y quisiera que estuviera equivocada, quisiera que todo sea diferente y tener los argumentos para eliminar de mi cabeza cualquier posibilidad.

Aunque…tenía razón.

Lo que ella no entiende, lo que nadie entiende, es que yo también estoy cargado de traumas. Yo soy el producto de este mismo sistema que hoy me está masticando y escupiendo. Mi padre me miraba igual que Benavídez. Mi padre me exigía que fuera un muro, y ahora yo le exijo lo mismo a un nene de ocho años porque es el único lenguaje que conozco.

Bueno, no.

Mi padre veía en mí la salvación de una familia sumergida en la miseria. Yo solo intento que Lauti pueda tener un futuro como yo, gracias al deporte, algo que me salvó en su momento y quiero mostrarle a mi propio hijo el camino correcto.

Yo no soy igual que mi padre.

Por supuesto que no.

Papá siempre fue detestable, de lo peor, papá hizo que un niño de solo cinco años comenzara a ser quien lo saque del pozo a él y a mi familia completa, como él no podía conseguir.

Y lo logró.

A condición de arruinar mi infancia, pero lo logró.

Saco el teléfono del bolso. Hay veinte mensajes de prensa, tres de mi abogado y uno de Silvia, la niñera.

“Buenas tardes, señor Ferraro: Lauti volvió del entrenamiento en el HyG muy callado. No quiso cenar. Mañana sábado tiene entrenamiento temprano. ¿Tiene pensado que yo lo lleve y lo busque, señor? Quería hablarle sobre eso porque no lo puedo retirar, aunque puedo pedirle a mi novio que lo busque y lo regrese a casa hasta que usted llegue.”

Dios…

No puedo ir. Mañana tengo concentración obligatoria en el hotel con el equipo. Mañana tengo que ver videos de jugadas hasta que se me quemen las pestañas. Mañana tengo que ser el Capitán.

Bloqueo el teléfono y lo tiro sobre el banco. Me meto en la ducha fría. El agua me golpea la nuca como agujas de hielo, pero no logra apagar el fuego que tengo adentro. Me siento solo. En la cima de la montaña, pero rodeado de precipicios.

He borrado a Kaia de mi vida, he cambiado a mi hijo de club, he recuperado el "control".

Entonces, ¿por qué siento que soy yo el que no puede respirar?

Apoyo las manos contra los azulejos y bajo la cabeza, dejando que el agua me empape. La imagen de Lauti en el jardín, mirando la pelota como si fuera una condena, vuelve a mi mente. Lo estoy salvando, me digo. Lo estoy haciendo fuerte. Lo estoy protegiendo de la blandura porque esta vida necesita gente fuerte, no hay lugar para ningún atisbo de debilidad, el mundo es una horda de yacarés.

Aprieto los puños y golpeo la pared. El dolor físico me distrae por un segundo, pero el vacío sigue ahí. El domingo tengo que ganar. Tengo que destruir al rival. Tengo que ser el número uno.

Porque si no gano, si no soy el mejor, entonces no sé quién soy. Y lo que es peor... no sé si alguien, incluyendo a mi propio hijo, tendrá alguna razón para quererme.

Salgo de las duchas y me visto rápido. El sábado será un día largo. El domingo, una batalla.

Camino hacia mi auto, cojeando un poco, tratando de ignorar que mañana, mientras Lauti entrene rodeado de extraños en el HyG, yo estaré encerrado en un hotel, alimentando al monstruo de la exigencia que me está comiendo vivo.

Me ausentaré este fin de semana con mi hijo en su nuevo club, pero estoy seguro de que algún día, cuando crezca, él me podrá entender.



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En el texto hay: deporte, padre-hijo, love sport

Editado: 12.05.2026

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