LAUTI
Este día se pone demasiado difícil, yo que venía todo feliz con la feria del libro, con la peli que vimos con papá y con contarle todo eso a Facu… No entiendo qué se tienen que meter los otros niños. Benjamín me empuja a propósito en cada ejercicio y me dice "bailarina" o “nenita” al oído, me dan ganas de empujarlo fuerte, pero me da miedo que me reten a mí o que me la devuelva y me vaya peor.
Cuando termina la práctica y vamos a tomar agua, aprovecho para irme lo más lejos posible de Benjamín y sus amigos. Facu se me acerca y me parece que a lo mejor quiere que le siga contando de la peli o de la feria del libro, pero no dice nada de eso.
—Lauti… —dice bajito—. Sobre lo de la película…
—Te termino de contar, Facu.
—No es eso, es que…
—¡Está buenísima! ¿Escuchaste la canción que dice…?
—¡Basta, Lauti!
Me acaba de gritar. O no, me habló fuerte y de una forma super fea, no me gusta eso, ¿pero qué le pasa?
—Lauti—agrega—, no deberíamos hablar de eso acá, no me lo cuentes.
—¿Por qué? —le pregunto, con ganas de llorar—. Si la película es linda. Hasta a mi papá le gustó.
Facu mira para los costados, creo que está asegurándose de que Benjamín no esté cerca o alguno de los otros niños.
—A ver, Lauti. Esto es rugby. A los chicos acá les gusta hacerse los duros, los malos, los machos. Si en tu caso dices que ves musicales o que te gustan los libros de hombres lobos, se van a burlar para siempre de ti. No es que esté mal, a mí también me gustan los videos de música, pero acá… acá es mejor que seamos como una piedra. Si no, como dice tu papá en las entrevistas, “te comen vivo”.
Me quedo mirando mis botines sucios de barro. Me acuerdo de cuando papá me decía, antes de que pasara todo lo del accidente y de que quisiera ver la película conmigo, que "esas cosas eran para nenas". Me acuerdo de que él quería que yo viera películas de jugadores de fútbol dándose patadas y siendo "hombres".
Capaz papá tenía razón.
Capaz que, para que me quieran en el club, para ser un Ferraro de verdad, tengo que guardar mis libros en el fondo del placard y no contarle a nadie que me gusta la canción del Brujito. Capaz la felicidad de ayer con Kaia y los libros es algo que solo se puede tener adentro de casa, con la puerta bien cerrada.
Camino hacia la salida donde Kaia me está esperando con una sonrisa gigante. Ella no sabe lo que pasó. Ella cree que el mundo sigue siendo de colores. Pero mientras me acerco a ella, me guardo el musical y la alegría en un rincón oscuro de mi cabeza.
En el club, tengo que ser una piedra. Porque si soy de colores, Benjamín y su grupo se la van a agarrar conmigo. Y yo no quiero que me vuelva a pasar, ya se la agarraban en el otro club. Siento que el "Reino del Revés" se terminó, y que ahora estoy de vuelta en el reino de los hombres que no cantan. Y eso me pone mucho más triste que cualquier tacle.
No quiero que papá sienta vergüenza de mí.