KAIA
Miro a Gael mientras duerme a mi lado. La luz de la luna entra por la ventana de la habitación principal, esa que antes me parecía un mausoleo y que ahora es nuestro nido. Su brazo, pesado y cálido, me rodea la cintura. Escucho su respiración tranquila y no puedo evitar sonreír.
Anoche, cuando me confesó que iba a aceptar y amar a Lauti sin importar nada, incluso aceptando ese vínculo tan especial que tiene con Facu, sentí que mi misión estaba cumplida. Había venido a este club para entrenar el equipo de unos nenes, pero terminé reconstruyendo el alma de un hombre que creía que el amor era una moneda de cambio o un mito olvidado en las recónditas paredes de un corazón de piedra.
Paolo tenía razón.
Me involucré de más.
Me involucré hasta el tuétano.
Crucé todas las líneas profesionales, arruiné un parcial de la maestría y me metí en medio de un escándalo de club de élite. Pero al mirar a este hombre, al recordar la risa de Lauti hoy en el barro y al pensar en la familia que estamos formando, sé que fue la mejor decisión de mi vida. Y sé que Paolo está orgulloso de verme sonreír.
Mañana tengo entrenamiento temprano. Lauti irá feliz, Facu estará esperándolo con un libro nuevo y Gael… Gael estará en el alambrado, mirándonos con esos ojos oscuros que ahora solo emiten luz.
He aprendido que no hay biomecánica que explique cómo el amor puede sanar una columna rota. No hay fisiología que describa cómo un beso puede devolverle el aire a unos pulmones cerrados por la angustia.
Me acurruco más cerca de él, sintiendo su calor y me siento afortunada de no haber cedido a sus propios demonios en un primer instante.
Qué suerte que soy una entrenadora tan rebelde.
Porque hoy, en esta casa de San Isidro, el partido terminó. Y por primera vez en la historia, no hubo un ganador y un perdedor.
Hubo tres personas que decidieron que, a partir de ahora, el único reglamento que vale es el que se escribe con abrazos, leyendas de lobizones y la libertad absoluta de ser quienes realmente somos.
Cierro los ojos, feliz.
La gran final ha terminado. Y el trofeo es esta paz que, por fin, lo inunda todo y quiero que sea así siempre. Durante lo que dure nuestra propia eternidad.
¿FIN? Mmmm, lee la nota siguiente (;