Apesadumbrada, Aliza se fue a dormir. Despertó muy temprano al día siguiente y bajó de puntillas. Las niñas caminaban de cerca, asegurándose de que nadie la siguiera. Pasaron a un lado de la recámara donde dormía Herr Schreiber y al escucharlo roncar, sintieron la confianza de salir.
―Entonces habla de todo esto con Caleb ―dijo Abigail―. Explícale lo que escuchaste y arma con él un plan para proteger la entrada. ― Aliza asintió y echó a correr por el bosque.
En Náay, Caleb estaba recostado en el pasto, mirando al cielo mientras Aliza le contaba todo. Cuando ella terminó, se incorporó y volteó a verla con una sonrisa.
―Frey Asper no es un oscuro ―dijo simplemente.
―¿Cómo lo sabes? ―preguntó Aliza.
―Simplemente lo sé. Ahora deja de preocuparte por ellos. Para que estés más tranquila, cada vez que entren al portal, yo estaré de guardia con Wicho para evitar que algún oscuro entre. ¿Te parece?
―Aun así, los chicos y yo acordamos que procuraríamos venir divididos, para que alguno se quede vigilando en la casa ―dijo Aliza ―. Si tú dices que estás seguro de que Frey Asper no es oscuro, quizá tengas razón. Pero no has visto a Alicia Asper o a Herr Schreiber como para saber si lo son o no. Quizá el ingeniero únicamente es cómplice.
―No seas tan suspicaz ―Caleb empujó la frente de Aliza con su dedo índice―. Además, soy el mejor guardián de Náay. Si se cuela un oscuro, ten por seguro que lo echaré a patadas. Pero tienes razón, los oscuros se han acercado mucho últimamente. Ven, iremos con los elfos.
Caleb caminó con Aliza hasta el río, ahí dio dos palmadas y de entre el pasto que se veía al fondo, emergieron dos animales pequeños parecidos a un plesiosauro, con escamas brillantes que con el reflejo del sol reflejaban arcoíris.
―Sube. ―Caleb dio su mano a Aliza para ayudarla a trepar en uno de los anfibios.
Navegaron por encima del río hasta llegar a un prado en donde pastaban cientos de unicornios. De entre la grama, salían escalones traslúcidos que se elevaban hacia una nube. Por encima, se podía ver un bello castillo de cristal. Caleb ayudó a Aliza a bajar del anfibio y caminó con ella por los escalones.
―Qué raro es esto ― Aliza brincaba sintiendo la esponjosa nube a sus pies―, pero me encanta.
El portón de cristal ámbar se abrió y del interior salió una mujer pequeña pero con rostro infantil, de pelo verde, nariz respingada y orejas puntiagudas.
―¡Hola Caleb! ¿Qué te trae por acá?
―Hola, Elba. Vengo a presentarte a Aliza. Aliza, ella es Elba, es una de las elfinas de este castillo.
―¡Oh, oh! ―la elfina comenzó a saltar con emoción―. ¡Al fin la traes con nosotros! ¡Pasa, amiga, pasa!
La elfina tomó de la mano a Aliza y la jaló hacia el interior del castillo. Ahí la presentó con el resto de los elfos quienes estuvieron fascinados de conocerla.
―Mira Aliza, él es Kenneth ―Elba señaló a un elfo de pelo morado―, y es nuestro mejor armero. En este momento está trabajando en un proyecto muy ambicioso que tú inspiraste.
―¿Yo? ― Aliza estaba confundida.
―El arco de la verdad ―Kenneth caminó hacia una vitrina al otro lado del vestíbulo y sacó un trozo de madera burdo―, un arco capaz de lanzar las flechas con tal fuerza que son capaces de penetrar hasta la piel de un dragón. Además, tan certero que convertirá en un gran arquero a quien lo porte.
―Parte del diseño se lo debemos a tu amigo Adrián. Dejó un arco bajo su cama y en un sueño, pudimos copiarlo ―comentó Elba.
―Las brujas me han dado algunas pociones que ayudan a que esta madera sea fuerte y flexible, y mi magia élfica hará que las flechas alcancen distancias enormes. Este arco será definitivamente mi obra maestra del año.
―No seas presumido, Kenneth―Tántalo, un elfo de cabello como fuego bajaba las escaleras llevando consigo una cota de malla en sus manos―. Nuestra arquera será mucho más eficaz si además del arco, usa mi cota. Es dura como el acero, pero tan suave y ligera como la seda.
―Y tu arco no será nada sin el diseño de mis flechas ―reclamó Moira, una elfina de pelo rosa que salía de la cocina.
―Vamos, vamos ―dijo Caleb con tranquilidad―, las armas de todos son fenomenales. He vencido una y mil veces a los oscuros gracias a todos ustedes.
―¿Entonces los elfos son capaces de construir el arma que deseen con su magia? ―preguntó Aliza.
―Con algo de ayuda de las brujas, pero sí ―respondió Tántalo.
―¿Y si yo imagino ser una de ustedes? ¿Creen que lograría construir cosas mágicas? ―Los elfos intercambiaron miradas.
―Ningún niño lo ha intentado. ―Moira frotó su barbilla―. Deberíamos preguntar a Vismaro, él es quien toma las decisiones en este castillo.
―¿Qué decisión quieren que tome? ―Un elfo adulto de pelo blanco y piel tersa bajó por las escaleras.
―Esta niña quiere forjar un arma como nosotros.
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Editado: 09.06.2026