Prohibido Soñar

El concurso de belleza

Madame Helga aprovechó la petición de los niños para ya no permitir más la intromisión de los Asper en Vertraum. La habían escuchado discutiendo con su hermano sobre las repercusiones legales que esto podía tener, ya que ella había firmado un contrato con el ingeniero Asper. Sin embargo, ella ya no estaba para entender de razones. Herr Schreiber fue echado de Vertraum, situación que alivió un poco su mal humor.

Sin embargo, madame Helga se negó a creerles cuando ellos le dijeron que don Pablo era cómplice de los Asper. La mujer estaba convencida que los niños querían aprovechar la situación para que ella echara a su aliado y espía de la casa.

Por desgracia, el resto de los días se volvieron más grises y tristes de lo normal. Madame Helga no salió como siempre lo hacía en los fines de semana y les fue imposible salir hacia Náay. Lo más que pudieron hacer fue elegir por un juego de piedra-papel-tijeras, quién se escaparía el domingo para poner al tanto a Caleb. La ganadora fue Abigail, quien se fingió con gripa para poder quedarse en el dormitorio mientras los demás niños seguían la rutina de siempre.

Fue hasta el portal rápidamente usando la llave de Aliza para abrir la puerta y dejar el recado con los xocoyoles, y regresó antes de que madame Helga notara su ausencia.

Se dieron cuenta de que, a pesar de todo, las visitas de los Asper hacían su estadía en Vertraum más agradable. En esas semanas que no pudieron escapar de la rutina un solo día, la vida se hizo tediosa. Aliza se preguntaba si Nicolás estaría enterado de que sus padres eran oscuros. Días antes, Faoladh le había hecho saber que los oscuros difícilmente confiaban su verdadera identidad. Eran capaces de no decir nada ni a sus hijos o padres. Incluso hubo ocasiones en que los oscuros se conocían en el mundo real sin saber quiénes eran en realidad, así de desconfiados eran. Y tampoco entendía por qué Nicolás no había hecho por aparecer furtivamente como regularmente lo hacía.

Pasaron así dos largas y tediosas semanas, soportando a madame Helga y a don Pablo que evidentemente, estaba más que molesto de que echaran a sus amigos de Vertraum.

Era una noche de jueves y afuera llovía a cántaros. Los niños dormían profundamente cuando se escuchó un fuerte estruendo.

―¿Qué fue eso? ―preguntó Aliza incorporándose.

―¿Chicas? ―se escuchó la voz de Ricardo al otro lado de la pared―, ¿están bien?

―Sí, ¿qué fue eso?

Todos salieron en ropa de cama hacia los oscuros pasillos. Caminaron sigilosamente buscando la fuente del sonido. Salían al patio central de la casa cuando las luces se encendieron. Cuatro oscuros mantenían amagada a madame Helga en el suelo.

―Vaya, vaya ―Exclamó el emperador Nerón con una sonrisa irónica―, ya despertaron las sabandijas.

―¿Cómo entraron? ―preguntó Manuel.

―Eso no importa―dijo Bonifacio, el pontífice.

―Lo que importa ahora―Cleopatra se acercó a ellos haciendo una reverencia―, es que nos van a tener que abrir el portal a Náay.

―Estás loca ―reclamó Patricia.

―¿Crees que iremos sin pelear? ―chilló Luis.

―Aquí es el mundo real ―Nerón caminó hacia madame Helga―, aquí no pueden usar su asquerosa imaginación para vencernos. Además, les proponemos un trato justo. Esta niña nos abre el portal ―señaló a Aliza ―, y Mary dejará vivir a su querida directora.

Una reina mal encarada sacó una navaja y clavó la punta en el cuello de Madame Helga. La mujer emitió un gemido de terror.

―¡No te atreverías! ―dijo Vanessa, sin aliento.

―No por nada me conocían como Bloody Mary. Sé que esta bruja las ha tratado mal, pero sé que no querrán llevar su muerte en sus conciencias ¿o sí?

Los niños voltearon a ver a Aliza. Con un nudo en la garganta, la niña accedió a guiar a Salomón, Nerón y Bonifacio hacia la cueva. Bloody Mary se quedó a un lado de madame Helga amenazando con su navaja. Aliza estaba por salir de la casa cuando se escuchó una explosión. El patio central estaba invadido por un humo gris y espeso.

―¿Qué sucedió? ―preguntó Nerón

―¡Auxilio! ¡Me han atrapado! ―se escuchó la voz de Bloody Mary.

Aliza corrió hacia el patio y vio a sus amigos correr uno a uno hacia fuera de la casa, tosiendo y tallándose los ojos.

―Pero ¿qué pasó? ―preguntó Aliza.

―¡Vámonos de aquí!

De entre el humo salió nada menos que Miguel, el niño de ahora trece años que había salido de Vertraum un par de meses atrás.

―¡Miguel! ―gritó Mónica―, ¿qué haces aquí?

―Salvar sus traseros. ¡Ahora corran!

Los niños echaron a correr por el bosque. Pronto se dieron cuenta que afuera había refuerzos. Casi todos los oscuros estaban esperando ocultos entre los árboles. Paty dejó salir un grito cuando Yax Kuk Mo salió de entre los matorrales apuntándole con una lanza. La niña echó a correr en sentido contrario perseguida por él. Estaba a punto de atraparla cuando la rama de un pino salió disparada hacia él, tumbando sus lentes de piedra.




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