―¡No puedo creerlo, Caleb! ―dijo Aliza con lágrimas en los ojos―, ¿cómo pudiste?
―No, espera Aliza. No entiendes…
―¡Defenderé Náay! ¡Aun de ti! ― Aliza quiso echar a correr hacia el castillo de los elfos, pero don Pablo la detuvo al paso alzándola por la cintura.
―Espera, hija. Primero escucha.
―¿Qué es lo que tenemos que escuchar? ―reclamó Ricardo con rabia―. Y tú ―señaló a Miguel―, maldito traidor, ¿cómo…?
―No, amigo, nadie aquí ha traicionado a nadie. Ellos no son oscuros, son soñadores, como todos nosotros. ―Las palabras de Miguel fueron suficientes para que los niños se quedaran quietos.
―Entonces díganos ―exigió Abigail―, ¿qué demonios pasa? ¿Por qué entraron a Náay a escondidas? ¡Les exigimos la verdad!
―Sé que están convencidos de que somos oscuros ―Frey Asper se acercó a Aliza ―, pero ahora que esta niña nos ha preguntado directamente, entonces podemos hablar.
Frey les indicó que lo mejor era sentarse, ya que la historia que tenía que contar era larga. Sus ojos grises se concentraron en las estrellas del cielo.
Frey Asper había nacido sesenta años atrás en el seno de una familia austriaca, hijo de un respetado coronel. Desde muy pequeño había tenido una gran imaginación, cosa que era un problema aún más grave en su época de niñez. A los doce años conoció a su mejor amigo, Hansel Schreiber. Ambos asistían al mismo colegio y se adaptaron de inmediato, pues ambos eran igualmente hábiles escribiendo cuentos.
En ese entonces también conoció a Helga Schreiber, hermana de Hansel. Ella era una niña dos años mayor que su hermano y que, aunque no tenía ni pizca de imaginación, disfrutaba mucho de los cuentos de su él. Pero Helga y Hansel venían de una familia sumamente adinerada y eso hacía a Helga una niña caprichosa y muy banal. Frey la toleraba por ser la hermana de su mejor amigo, pero nunca la consideró como amiga.
Al poco tiempo, ambos fueron descubiertos escribiendo un cuento. Quien los descubrió fue su profesor de historia. Pero para su sorpresa, ese profesor no les cuestionó sus habilidades, por el contrario, los alentó a continuar. Se enteraron de que ese profesor era uno de los pocos escritores clandestinos que se atrevían a narrar novelas de fantasía en esa época y fue gracias a él, que se convirtieron en los más grandes soñadores de Europa. Por esos días, Frey encontró el camino hacia un portal oculto en una hondonada, una entrada hacia Náay. Él tenía una imaginación tan grande que logró abrir el portal desde su país. Conoció a Caleb y no dudó en dejar entrar a sus mejores amigos: Hansel y el profesor Pavlov Kolenko.
Al mencionar el nombre de Pavlov Kolenko, los niños volvieron sus incrédulos rostros hacia don Pablo.
―¿Usted? ―preguntó Aliza ―, ¿usted es Pavlov Kolenko? ¿El abuelo Pavlov?
―Así es, hija. ―El acento pueblerino del anciano se transformó ligeramente, sonando más bien ruso―. Escritor de más de veinte novelas y unos cincuenta cuentos infantiles.
―¡No lo puedo creer! ―Leonardo sacudió sus manos con nerviosismo―. ¡He leído todos sus cuentos! ¡Yo…! ¡Yo simplemente…!
―Ya habrá tiempo para eso, Leo ―interrumpió Aliza ―, quiero saber qué pasa aquí.
Frey continuó su relato. Durante el tiempo que lograron entrar a Náay, alguien más lo logró pero desde el mismo portal por donde los niños entraban en México. Caleb tenía la capacidad de sentir cuando un niño abría un portal, así que llevó a Hansel y Frey hacia ese otro portal, y entonces conocieron a Alicia, cuando ella tenía doce y Frey quince años. Frey decía que había sido amor a primera vista, simplemente deseaba pasar todo el tiempo posible con ella.
Todo iba bien hasta que Helga, la hermana mayor de Hansel, intentó seducir a Frey. Él no tenía el menor interés en ella y se la pasaba huyendo de su acoso. Llegó un momento en el que el acoso de Helga fue tanto, que Frey tuvo que hablarle de Alicia. Helga estaba devastada. No podía creer que él se fijara en una niña que conoció en un lugar de fantasía. Frey invitó a Alicia a salir de Náay por el portal austriaco para presentarla con Helga. Fue un grave error.
Cuando Hansel y Frey cumplieron los diecisiete años, ambos fueron atrapados por el director de su colegio intentando vender los libros de cuentos de Hansel. En seguida fueron catalogados como delincuentes. Ellos no quisieron delatar a su mentor, pero Kolenko fue ridiculizado por intentar defenderlos. En seguida se enteraron de que la despechada Helga es quien los había delatado.
Frey fue obligado a ingresar al colegio militar y fue alejado de sus amigos por años. Hansel por su parte, tuvo todo el apoyo de sus padres. Pero por desgracia ese apoyo significó la bancarrota para su familia. Se vieron forzados a regresar a Alemania, su país natal, en donde la mala fama de Hansel les persiguió y la familia vivió carencias que jamás había tenido.
Hansel y su padre buscaron trabajos modestos en pueblos pequeños donde nadie los conocía. La madre de Hansel se adaptó a sus nuevas condiciones económicas, pero Helga no. Ella jamás aceptó tener culpa alguna por la bancarrota de sus padres, culpaba a Hansel, a Frey y a Alicia.
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Editado: 09.06.2026