Ahora que los niños volvían a confiar en los Asper, madame Helga estaba de peor humor que nunca. La propuesta del ingeniero Asper sobre abrir una nueva casa de protección a niños con imaginación especial fue retomada y pretendía comenzar con los niños de la casa Vertraum.
En sus intentos por entrar a Náay, Frey había sido quien puso a sí mismo como distractor. Él era quien hacía que Helga saliera todos los fines de semana, invitándola ocasionalmente a comer. La mujer creyó tener una oportunidad de conquistarlo y ya no esperaba a que él la invitara, ella simplemente le buscaba todos los fines de semana y ocupaba mucho tiempo en salones de belleza y tratamientos para que su piel se viera más joven. Alicia tenía que resistir el enojo de ver a esa mujer coquetear descaradamente con su marido con tal de salvar a su hija.
Sin embargo, ahora que Alicia ya no tenía más necesidad de fingir con Helga, se dio el lujo de pedirle, amable pero enérgica, que dejara de acosar a su marido y eso fue el detonante que llevó a Helga a pedir apoyo externo. Fue nada menos que con el jefe de justicia del estado, un hombre recio y malhumorado que no dudó en dar su apoyo cuando madame Helga pintó a los Asper como una familia de déspotas millonarios que creen que pueden delinquir a su antojo sólo por el poder que les da su posición económica.
Con eso, Helga obtuvo una orden que impedía a los Asper llevarse a los niños de Vertraum, al menos hasta que los abogados de ambas partes negociaran los acuerdos.
Ese fin de semana Aliza tuvo su visita mensual a casa. Ella llegó apesadumbrada y cansada de escuchar gritos y regaños causados por la gran cantidad de quejas que tuvo madame Helga para ellos. Algunas con fundamentos, algunas inventadas, pero a cuál más eran exageraciones que hacían vera Aliza como una rebelde sin causa capaz de convertirse en la peor criminal de la historia.
Por fortuna su padre tenía una reunión importante de trabajo ese sábado y su madre tenía nuevamente evento en la clase de ballet de Diana y gracias a eso Aliza se vio libre para visitar a sus viejos amigos y ponerlos al tanto sobre sus aventuras de esas últimas semanas.
En el parque aparte de sus amigos, estaban Nicolás y Silvia aparentemente discutiendo sobre algo del colegio. Aliza no entendía nada sobre el tema que hablaban, pero por el rostro enrojecido de Silvia podía adivinar que los argumentos de Nicolás estaban tan bien fundamentados que ella estaba quedando como una perfecta estúpida. Saludó a su amigo desde lejos y continuó su camino hacia los columpios donde la esperaban Laura y Adrián.
―¿Ahora qué pelean Nicolás y Silvia? ―preguntó Aliza.
―Ya sabes, las necedades de esa loca. Ella dice que eso de los derechos humanos y garantías individuales son una pérdida de tiempo pues los gobiernos no tardarán en darse cuenta de que la libertad hace que la gente se vuelva rebelde.
―Pero Nicolás le demostró que todo lo que ella alega es porque tiene un montón de flojera de memorizar lo que les dejó el profesor de historia ―rio Laura.
―¡Aléjate de mí, salvaje! ―chilló Silvia de repente soltando una bofetada que Nicolás apenas logró evadir.
―¡Pero qué genio! ―reía él mientras Silvia se alejaba a grandes trancos.
―¿Qué le hiciste? ―preguntó Aliza cuando él se acercó a ella.
―Una broma ―Nicolás sacó lo que parecía un inocente juguete de plástico y lo acercó a Adrián―, mira, mete tu dedo aquí.
Adrián obedeció metiendo su dedo índice en un hueco. En seguida Nicolás accionó un botón. Un compartimiento se abrió dejando ver una navaja en miniatura que cayó pesadamente. Un trozo de dedo salió volando hacia el suelo y Adrián dio un respingo alejando su mano de inmediato con su dedo intacto. Nicolás soltó la carcajada mientras recogía un dedo de plástico del suelo.
―¡Hey!, yo quiero uno de esos ―dijo Laura.
―Bueno enanos, tengo tarea pendiente así que los dejo en sus loqueras.
―Nicolás―rio Aliza ― ¿Acaso te peleaste con un gato?
―¿Con un gato?
―Tienes toda la cara rasguñada. ―Aliza señaló algunas cicatrices ya casi sanando en la cara del joven. Nicolás soltó una carcajada.
―Ya sabes que tengo pleito con todo mundo ―dijo Nicolás―, y a veces me meto con la gente equivocada.
Dicho esto, Nicolás se retiró del lugar. Aliza en seguida comenzó a contar a sus dos amigos todo lo que sucedió tanto en Vertraum como en Náay en esos días. Laura y Adrián estaban simplemente entusiasmados con la historia.
―¡Es increíble Aliza! ―exclamó Adrián―. Entonces, ¿lograste hacer una llave para que otros pudieran ingresar a Náay sin tu ayuda?
―Requiere aun así de mucha imaginación. Paty y Ricardo tuvieron la idea de traerles la llave a ustedes para probar. Si la llave se ilumina en un color azul cuando la tocan, quiere decir que tienen suficiente poder como para abrir el portal.
―¿La tienes ahora? ―preguntó Laura.
―Sí, yo…. ¡Oh rayos! La dejé en el bolsillo de mi abrigo ―dijo Aliza ―, pero quizá mañana puedan pasar a visitarme con cualquier pretexto y se las podré mostrar.
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Editado: 09.06.2026