Todos los soñadores estaban a un lado de la pirámide, rodeados de algunos de los seres que ahí habitaban. Faoladh estaba sentado a un lado de Aliza, abrazándola.
―Ya, pequeña. Cambia esa cara ―le decía con su sonrisa paternal―. Las malas experiencias no son una derrota, son enseñanza y fortaleza.
―No me siento muy fuerte el día de hoy ―decía ella, débilmente.
―No sé qué haremos ―comentaba Alicia―. Yo no podría pelear contra Salomón nunca más. No importa su pasado, sigue siendo mi Nicolás.
―Llegó a la casa por la noche ―comentó Germán―. No hubo necesidad de decir palabras, nuestras miradas lo dijeron todo. Él simplemente volvió a salir de la casa, y no regresó.
―La prioridad será proteger a Aliza ―Hansel chasqueó la lengua―. Mi hermana se va a poner furiosa por esto y nos buscaremos muchos problemas legales, pero tenemos que sacar a todos los niños de Vertraum hoy mismo.
―La que se verá en problemas será Helga. ―Pavlov inhaló con fuerza y continuó―. Frey, cruzaremos hacia el oriente de Náay. Sacaremos a todos los niños por el portal Austriaco y los ocultaremos allá. Será mejor que los oscuros no sepan en dónde están.
―No quisiera hacer algo tan drástico―dijo Alicia―. ¿Tienes idea de cómo afectará a sus padres saber que sus hijos desaparecieron?
―Alicia, no tienes idea de lo peligrosos que son mis hermanos. En vidas pasadas se cometieron actos por de más terribles con el fin de acabar con los soñadores. Y ahora están tan desesperados por regresar al poder que tenían, que no se detendrán ante nada.
―¿Y qué hay de la compañía? ―dijo Frey―, sin nuestra ayuda económica no se podría ocultar a los niños.
―No te preocupes, papá ―dijo Germán―, yo me haré cargo el tiempo que sea necesario.
―Pero Nicolás es un oscuro, y si fue capaz de traicionar a Aliza …
―Estaremos bien, querido ―dijo Alicia―, aún en peligro de muerte, Nicolás no permitió que le pasara nada a Aliza. Él no nos traicionará.
―Salomón es muy inestable―intervino Pavlov―, en unas vidas fue justo y generoso, pero en otras fue cruel y despiadado. Sé que para ustedes es su hijo, pero…
―No, aun que has convivido con él por siglos, no lo conoces como yo. No sólo no nos hará daño. ―dijo Alicia―, buscará protegernos. Estoy segura.
―¿Por qué estás tan segura, Alicia? ―preguntó Hansel.
―Porque papá y mamá le enseñaron una cosa que quizá nunca le enseñaron en otras vidas―dijo Germán―, le enseñaron lo que es ser amado.
―Pues si le enseñaron bien a amar, este será el momento de probarlo ―la bruja Brunilda se acercó a ellos sosteniendo una pequeña bola de cristal la cual observaba con gravedad―. Los oscuros han vuelto a abrir el portal. Todos ellos están en Náay y vienen con más fuerza que nunca. Tres de ellos van hacia el castillo de los elfos, pero otros más vienen en busca de la pirámide. ―Todos intercambiaron miradas sombrías.
―Kenneth ―Caleb habló con voz fuerte y decidida―, necesitamos armas, las más poderosas que hayan forjado los elfos. Moira, cierra todos los accesos a su castillo. Si quieren llegar a él, no les quedará de otra que cruzar por la montaña.
El ambiente se tornó tenso. De todos, Pavlov era el único que tenía experiencia militar y, por ende, fue quien comandó la tropa desde un principio. Esperaban en formación circular alrededor de la pirámide, pues no sabían por qué flanco llegarían.
―Una cosa es segura―dijo―, no llegarán por el aire. Salomón ya atacó una primera vez por el cielo, y nosotros nunca repetimos un ataque. Llegarán por otro medio.
―¿Pero por cuál? ―preguntó Hansel.
Pavlov evaluó los alrededores con la mirada. Por varios segundos observó en silencio, dejando a todos a la expectativa. De pronto su rostro se tornó grave.
―¡El río! ―gritó― ¡Todos cubran la laguna bajo la pirámide! ¡Kenneth, una red!
La tropa corrió hacia el cuerpo de agua que había bajo la pirámide. Pavlov dejó caer en el agua una pesada red de metal y la sacó con tres enormes pirañas atrapadas en ella. Las pirañas rápidamente tomaron forma humana. Pero en seguida los vieron transformarse en pequeñas mariposas que salieron volando por entre los huecos mientras que del río saltaban más pirañas. Alan lanzó una estocada con su espada, logrando herir a una piraña en el vientre. Cayó fuera del agua apenas a tiempo para librarse de Cipactli que salía del agua con las fauces abiertas. Las cerró con un fuerte chasquido y cayó de nuevo en el agua.
―¡Maldito mocoso! ―Cleopatra chilló viendo una cortada poco profunda en su vientre.
―Déjamela a mí, Alan ―Caleb se acercó con un gesto de furia hacia la asustada mujer―, yo me encargo de ella.
Alan echó a correr para apoyar a Manuel y Paty que luchaban contra un enorme cocodrilo. Caleb miraba a Cleopatra con desprecio. Ella se olvidó momentáneamente de su brazo y se levantó dignamente, con la cabeza en alto y una sonrisa maliciosa.
―Veo que jamás me perdonarás lo de tu amiguita, pero ¿por qué tanta furia? Tendrías que enfrentar su muerte tarde o temprano, ¿o no?
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Editado: 09.06.2026