Todos, incluyendo a Caleb pasaron el resto del mes adoptando nuevas medidas de seguridad para el portal desde el mundo real mientras que los Asper realizaban las gestiones necesarias para tomar el control de Vertraum. En cuanto obtuvieron el permiso legal, Clara no dudó en mandar derrumbar Vertraum por completo.
Alicia y Frey revisaban los planos que proponía el arquitecto cuando Caleb llamó a Aliza para hablar con ella en privado.
―Ya pasamos muchos días fuera de Náay, y creo que tanta realidad me está dando urticaria ―le dijo―. ¿Te parece si mañana todos lo pasamos de Náay?
―Sí, a decir verdad, yo también extraño a todos los seres de Náay. Le diré a los chicos que se preparen, mañana nos divertiremos hasta que el sueño nos venza.
Así lo hicieron. Entraron en Náay desde muy temprano y se dedicaron a jugar todo el día en la playa y en la feria del interior. Terminaron por la noche alrededor de una fogata en el prado a un lado de la pirámide, platicando mientras asaban bombones. El primero en caer dormido entre el manto floral fue el pequeño Leo. Aliza lo cubrió tiernamente con una manta y regresó con el resto.
―Estuve hablando con Miguel ―dijo Ricardo―. Ambos entraremos a una secundaria técnica. Queremos dedicarnos a aprender de ingeniería y fabricar juguetes electrónicos.
―Abigail y yo estamos pensando ser maestras ―dijo Vanessa―. Queremos alentar a los niños a soñar desde pequeños.
―Lo que sea a lo que se dediquen ―intervino Caleb―, con ayuda de los Asper estoy seguro de que jamás abandonarán sus sueños. Soñadores del pasado olvidan sus sueños al llegar a la vida adulta. Ahora tengo confianza en que habrá más soñadores adultos que nunca.
Hablando de sus planes a futuro, uno a uno, se durmieron. Aliza y Caleb los cubrieron a todos con mantas y se acurrucaron entre las flores, quedándose dormidos de inmediato.
Al día siguiente, por la mañana, Aliza se despertó al escuchar una voz llamándola por su nombre.
―¿Qué pasa? ―preguntó Caleb desperezándose.
―Alguien me llama en la pirámide.
―¿Es… ―él hizo una pausa para bostezar―… tás segura?
―Sí. Acompáñame.
Ambos chicos caminaron hasta la pirámide. Caleb tomó su látigo y lo lanzó hacia el pozo. Al jalarlo de regreso, en la punta llevaba un pez enorme. Caminó lentamente por el puente y en cuanto la sombra de Cipactli se dibujó en el agua, él lanzó el pescado a lo lejos. El enorme reptil nadó vertiginosamente para atrapar la carnada y Caleb ordenó a Aliza correr hacia la pirámide.
Mientras subían la escalinata, la habitación que contenía la gema se hacía cada vez más brillante. Aliza tuvo que cerrar los ojos cuando ingresó en ella, pero el brillo bajó al momento que se sentía una gran calidez en el lugar. Una puerta se abrió en el cristal y la voz le indicó que debía entrar sola. Caleb la esperó en la entrada.
―Pasaron siglos antes de que pudiera llegar otra persona con la misma entrega, valor e imaginación que Caleb.
Para sorpresa de Aliza, la gema se había vaporizado y de ella se formó el rostro de un hombre de larga barba y cabello trenzados en finas cuerdas y adornado con gemas.
―¿Quién eres? ―preguntó Aliza.
―Soy quien creó este mundo. Este lugar al que conoces como Náay, es mi legado al mundo de los soñadores.
―No sabía que… ¿Por qué Caleb no me habló de ti?
―Él no me recuerda. Es uno de los mayores secretos de Náay. Sólo alguien con un corazón tan puro como para abrir el portal, que haya peleado por Náay, que haya estado dispuesto a dar su vida por este mundo y ayudar a salvarlo usando solamente su imaginación merece permanecer en él.
―¿Entonces Caleb también salvó Náay con su imaginación?
―Al igual que Faoladh. Pero es un secreto que se debe guardar con celo. Si alguien sabe que así puede permanecer en Náay, podría poner en riesgo la seguridad de este mundo por egoísmo, queriendo ser un guardián sin merecerlo. Por eso, poco a poco olvidarás por qué te quedaste aquí para siempre.
―¿Entonces yo seré guardiana?
―Vendrás mañana con él al mediodía y trae a todos tus amigos. Mañana, mi nieta, habrá nombramientos importantes.
―¿Me llamaste nieta? ―exclamó Aliza. El hombre cambió su rostro hasta convertirse en alguien que ella reconoció. Su abuelo paterno, el que le regaló sus primeros cuentos―. ¡Abuelo!
―Sí, soy el padre original de todos los oscuros y yo también tengo el don de regresar a la vida. Y vida tras vida, soy yo quien ayuda a que despierten más soñadores entre mi descendencia. Con el testarudo de mi hijo Modesto me costó trabajo, es capaz de soñar, pero sólo en cosas materiales. En cuanto tú naciste supe de inmediato que eras la elegida y por eso te di esos libros de cuentos.
―¡Gracias abuelo! Prometo ser la mejor guardiana de este lugar. Pero… ―Aliza lo pensó por unos segundos―. ¡No soy la única! Hay alguien más que arriesgó su vida y salvó Náay él solo con su imaginación y valentía.
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Editado: 09.06.2026