Prohibido Tocar

Capítulo 14: bajo la piel

Perspectiva: Alaric von Kastell

El baño de mi habitación era una cámara de mármol gris y tuberías de cobre pulido. El vapor empezó a llenar el espacio, pero no era el vapor tóxico de Theseo; era agua pura, caliente, filtrada hasta la última molécula. Finalmente un lugar limpio y cálido para tomar un respiro.

Era un silencio extraño. Amelia se había ido y la urgencia de la Unidad de Forja parecía un eco lejano tras las paredes reforzadas. Pero la cadena seguía ahí, un recordatorio metálico de que nuestra privacidad era una ilusión.

—Bueno —dije, evitando mirar a Siliomi mientras me desabrochaba los conectores de la placa pectoral—. Si Amelia tiene razón y vamos a morir en cuarenta minutos, prefiero no hacerlo oliendo a cadáver de amalgama.

Siliomi no respondió de inmediato. Lo sentí dudar, con sus dedos largos rozando el cierre de su capa roñosa. Finalmente, la dejó caer. El sonido tan delicado y suave hizo que lo mirara sobre mi hombro. Él se quito su ropa crema ya oscura por las manchas de barro y basura de Theseo. No había piezas pesadas ni broches que cayeran con fuerza, solo el suave deslizar de tela liviana.

Y por primera vez, vi el daño real.

Bajo la luz blanca del baño, la piel de Siliomi, que debería ser del color de un tostado suave por el sol, estaba surcada por grietas de un gris ceniza, las vetas rúnicas que tenia tatuadas parecian quebradas y oscuras. No eran solo manchas; eran surcos que parecían grabados por un ácido invisible. La contaminación de Theseo y el aire de Thaelian le habían pasado una factura que su orgullo le impidió confesar. Estaba mucho más enfermo de lo que admitía; sus costillas se marcaban con cada respiración sibilante, y el aura de "luz" que Amelia mencionaba se veía hoy como una llama pálida parpadeando en medio de una tormenta de hollín.

—Mírate —susurré, dejando mi armadura en el suelo. El metal golpeó el mármol con un sonido pesado—. Te estás deshaciendo, Sil.

Él levantó la vista, y sus ojos verdes, aunque nublados, mantenían esa chispa de desafío.

—Y tú estás hecho de remiendos, Alaric —replicó, señalando mi pecho, luego mostro una sonrisa leve—. Esto se me pasara cuando vuelva a mi casa y pueda tomar algo de sol. Diría que te preocupes más por ti, pero se nota que es de familia el no tocar pasto.

Solté un suspiro que intento ser una risa. Baje mi vista a mi propio pecho. Sin la placa, mi torso era una exhibición de ingeniería traumática. El núcleo de cuarzo brillaba en el centro, rodeado de cables que se hundían directamente en mis costillas de titanio. El Sufluor todavía manchaba algunos de mis conductos internos con un tono amarillento persistente, como una infección que se negaba a marchar. Mis brazos no eran solo carne; eran una red de nervios sintéticos y pistones que vibraban con un leve zumbido. Debí morir hace tanto tiempo que me vi obligado crecer artificialmente. Aunque me notaba más vivo que de costumbre, la desintoxicación mágica de Siliomi me había dado más tiempo del que esperaba.

Me metí en la bañera sobredimensionada, y el tirón de la cadena obligó a Siliomi a sentarse en el borde, sumergiendo sus piernas heridas en el agua caliente. El calor pareció arrancarle un gemido de alivio que intentó ahogar.

Este diálogo añade una profundidad filosófica necesaria. Siliomi revela que su bondad no es una elección estratégica o lógica, sino una naturaleza intrínseca que los humanos de Thaelian han olvidado. Para él, salvar a Alaric no fue un cálculo de beneficios, sino una respuesta biológica y espiritual.

Aquí tienes la integración de la escena con las acciones y el peso emocional que buscamos:

CAPÍTULO 14: Bajo la Piel (Continuación)

Me metí en la bañera sobredimensionada, y el tirón de la cadena obligó a Siliomi a sentarse en el borde, sumergiendo sus piernas heridas en el agua caliente. El calor pareció arrancarle un gemido de alivio que intentó ahogar, cerrando los ojos mientras sus músculos se relajaban por primera vez en días.

Lo vi a través del vapor del agua; su mirada era tranquila pero mantenía un fondo de desconfianza, sus orejas bajas, pegadas a su cráneo. Me observaba de vez en cuando de reojo, como si temiera que en cualquier momento mi instinto de depredador técnico despertara y lo ahogara allí mismo. Pensé en todo lo que pasamos, en todo lo que le hice pasar. Pensé en cómo lo más fácil para él hubiera sido buscar una piedra afilada en la celda, arrancarme la mano la primera vez que caí inconsciente y huir sin mirar atrás.

Era lo más lógico. Era lo que cualquier manual de supervivencia de Thaelian recomendaría. Era lo que yo hubiera hecho en su lugar. Y sin embargo, él había decidido, una y otra vez, arrastrarme y romperse las uñas para salvarme.

—¿Por qué lo hiciste? —pregunté. Mi voz sonó más vulnerable de lo que pretendía, apagada por el eco de los azulejos.

Siliomi abrió un ojo, mirándome con una ironía cansada.

—¿Meterme contigo? La cadena es de menos de medio metro, no tenía tantas opciones y también apesto a muerto —respondió, intentando desviar el tema con ese humor ácido suyo.

—No, tonto. ¿Por qué decidiste salvarme? —insistí, incorporándome un poco en el agua—. Te caía mal, somos rivales, me consideras como un cadáver que se niega a morir. ¿Por qué sacarme de la celda? ¿Por qué arrastrarme inconsciente? ¿Por qué seguir intentando salvarme incluso cuando tu propio cuerpo empezó a fallar?

Siliomi guardó silencio. Hundió un poco más las piernas en el agua, observando cómo los restos de ceniza de Theseo se desprendían de su piel, flotando como nubes oscuras en la transparencia del baño.

—No lo sé —murmuró finalmente, bajando la vista—. Solo era lo correcto, supongo...

—¿Supones? —solté una risa seca, incrédulo—. Siliomi, has estado días arrastrándome y arriesgando tu pellejo. ¿Solo porque "supones" que está bien? En mi mundo, eso es una locura. Nadie arriesga el núcleo por una suposición.




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