A quienes lloraron en silencio y aun así eligieron volver a amar.
A quienes cargaron con el peso de sus heridas sin dejar de creer en los nuevos comienzos.
Que estas páginas les recuerden que ninguna tormenta es eterna y que, incluso bajo la lluvia más intensa, el corazón puede volver a florecer.
Porque las promesas más hermosas, a veces, nacen bajo la lluvia.